domingo, 11 de julio de 2010

El chaqué, final.

- ¿ Pero donde va? – preguntó Puri.
Le siguieron y vieron como bajaba las escaleras del tercero donde vivían sin contestar a sus llamadas. Ramón intentó seguir a su hijo pero solo llegó a tiempo de verle subir al coche y alejarse calle abajo.

- ¿ Donde va? – interrogó Paquita tras él.

- No sé. Ni siquiera ha vuelto la cara cuando le llamaba – se volvió a su mujer – Vamos a comer. Seguro que ha querido enseñárselo a Beatriz.

- El traje no debe enseñarse antes de la boda.

- Ese es el de la novia mujer. Sobre el traje del novio no creo que exista tradición y seguro que al chico le hace ilusión – puso la mano sobre el hombro de su mujer y la empujó hacia el portal – Vamos a comer que se está enfriando la carne.

Mientras tanto Antonio conducía con la mirada perdida al frente. Condujo hacia la carretera de la costa. Poco después, un desvío y subió por una colina hasta un grupo de chalet residenciales. Aparcó el coche y con seguridad introdujo la mano en la pequeña cancela y descorrió el cerrojo, atravesó el jardín y llamó a la puerta.

Unos segundos después una mujer con aspecto sudamericano abrió la puerta con gesto interrogante ante el desconocido con chaqué que tenía delante.

- ¡ Hola Ursula ¡ - saludó Antonio con voz mecánica y sin esperar respuesta pasó junto a la sorprendida criada que poco después intentó detenerle.

- ¿ Quien es usted y como sabe mi nombre? ¿ Quiere que le anuncie a la familia?.

Antonio no contestó, atravesó el vestíbulo y subió las escaleras ante la desconcertada criada que no sabía que hacer. ¿ Sería algún familiar que había llegado tarde al entierro del señorito Javier? ¿ Y como sabía su nombre?.

Lo mejor, pensó, será informar a la familia que almorzaba en el comedor en ese momento.

No le dio tiempo, horrorizada vio como el desconocido con chaqué bajaba las escaleras con la escopeta de caza del señor, pasaba junto a ella y dirigía sus pasos hacia donde estaban todos los de la casa en ese momento.

Antonio escopeta en mano entró en el comedor haciendo que todos los presentes le mirasen aterrorizados al ver la escopeta con la que apuntaba a la mesa. En la misma, un hombre de unos sesenta años, una mujer de edad similar y un hombre de unos treinta. Y una joven de unos veintitantos bien parecida que corrió a abrazarse a la señora mayor.

Antonio la miró unos segundos con ternura y enfiló el cañón hacia el hombre joven. Le observó unos instantes con odio y sin mediar palabra abrió fuego dos veces alcanzándole en el pecho provocando los gritos de todos. Segundos después un Antonio atónito miraba la escena y escuchaba aturdido los llantos de las dos mujeres. Miró sus manos y lanzó al suelo el arma horrorizado.

Ursula corrió al teléfono con intención de llamar a la policía cuando las sirenas parándose delante de la puerta le indicaron que ésta había llegado. No era posible que la hubiera llamado algún vecino al oír los disparos, solo habían pasado unos instantes.

Abrió la puerta a los policías que entraban en ese momento en el jardín.
Gritando delante de ellos tratando de explicar lo ocurrido les condujo hasta el comedor.

Las dos personas mayores abrazaban a la joven. El cuerpo sin vida de un hombre yacía en extraña postura sobre la mesa con dos disparos de escopeta en el pecho mientras otro hombre joven vestido con un chaqué se preguntaba que había pasado y que hacía él en esa casa.

Al día siguiente los titulares del periódico local en primera página relataban el suceso.

Extraño caso el sucedido ayer a las tres y media de la tarde cuando el joven de veinticinco años que responde a las iniciales A. S irrumpió en el chalet de la familia Salazar, la sirvienta declaró que tras abrirle la puerta, el para ella desconocido la saludó por su nombre y entró subiendo las escaleras de la vivienda. Fue hasta la habitación del dueño de la casa, sacó su escopeta de caza, la cargó y bajó hasta el comedor abriendo fuego sin mediar palabra sobre el sobrino de los dueños. Recordemos que la familia Salazar había sido golpeada por la tragedia unos días antes cuando en un asalto por lo que se creyó una banda de delincuentes asesinaron al hijo de estos de varias cuchilladas sin que, según declararon los testigos, sus padres y su primo - la víctima de ayer- mediase provocación alguna.
La policía llegó segundos después de cometerse el crimen. Se dirigían precisamente a arrestar al primo de Javier Salazar. Habían detenido a la banda de asaltantes cuando intentaban vender parte de los objetos robados en la casa. En la detención confesaron que habían sido contratados por Alberto Salazar, el primo de la víctima, para fingir un robo y dar muerte a su primo. Tras interrogar a la prometida presente en la casa en el momento en que A. S disparó a Alberto Salazar reconoció que el primo de su novio se le había declarado hacia un mes y que le había pedido que suspendiera la boda. Ella le había rechazado pero nunca sospechó que hubiese sido capaz de urdir un plan como ese para acabar con su prometido.
La parte desconcertante de la historia continua siendo la presencia de A. S en esa casa. Tanto los padres de Javier Salazar, la novia y la sirvienta sostienen que nunca le habían visto. A. S al igual que Javier también se disponía a casarse al día siguiente. El homicida de Alberto Salazar sigue manteniendo que no tiene ni idea de cómo llegó a esa casa, que no conocía a ninguna de esa personas y que ni siquiera recuerda haber cogido un arma y mucho menos haber disparado. Su único recuerdo es que estaba en su casa frente al espejo probándose el chaqué y después se vio con el arma en la mano y la arrojó al suelo sin comprender nada.
Esta historia se hace aún más extraña cuando el padre del homicida que responde a las iniciales R. S, empleado del crematorio, se personó en las dependencias policiales al enterarse de los hechos acusándose del crimen diciendo que él robó el chaqué del difunto Javier Salazar antes de ser incinerado, chaqué que llevaba puesto el asesino durante el crimen. Afirma que su hijo es solo una víctima inocente, un instrumento de la venganza del difunto.

Mariant Íberi.

sábado, 10 de julio de 2010

El chaqué, 5ª parte.

Respiró tranquilo. Esa noche no había dormido bien. Había esquivado las reiteraciones sobre el tema de su mujer alegando dolor de cabeza pero las imágenes del cuerpo de ese hombre joven al que habían despojado de su traje no le dejaron dormir en paz.


No le había comentado nada a Paquita. Parecía resignada a lo inevitable porque esa mañana en el desayuno no había vuelto a insistir. Prefería darle una sorpresa aunque en su fuero interno reconocía que prefería oler el traje antes, quizá ese olor fuese resistente y todo lo que habían hecho no había servido para nada.

Ahora conduciendo hacia casa se sentía más tranquilo con el chaqué extendido en el asiento de al lado. No olía a nada y lo habían dejado impecable. Manolo tenía razón. No habían hecho nada malo. El traje iba a quemarse con el muerto y a su hijo y a él iba a hacerle un gran servicio.

Entró en casa llamando a gritos alborozados a su mujer, Paquita secándose las manos apareció por el pasillo.

- ¿ Pero que pasa? ¿ Porque gritas de esa forma?.
Ramón levantó la percha con el traje cubierto por el plástico con una sonrisa. Paquita se llevó las manos a la boca al ver de que se trataba.
- ¿ Pero como? ¿ Has pedido el préstamo?.
- Sabes que eso no es posible. Ha sido una sorpresa de los compañeros de la peña. Seguro que Manolo les ha contado el problema que teníamos y han tenido este detalle. Es un regalo de bodas para el chico.

Paquita introdujo emocionada la mano bajo el plástico y acarició la tela.

- Y es de los buenos. Debería ir a darles las gracias personalmente.
- No es necesario – dijo nervioso – ya sabes que la peña no admite mujeres.
- Estaba bien – añadió ella quitándole la percha de las manos y llevándose el traje hacia la habitación de su hijo – Pero cuenta con unas cuantas tartas caseras. ¡ Dios Mío ¡ Verás la cara que pone Antonio cuando lo vea.

Ramón esperó con ansiedad la llegada de su hijo. La excusa de la peña había colado con ella pero el chico quizá hiciera más preguntas.

Dejó que su mujer le dijera que fuese hacia su dormitorio, que tenía una sorpresa.

Al observar la reacción de su hijo mayor al contemplar el chaqué comprendió que Antonio había fingido que no le importaba llevar el traje que habían comprado. Puso una sonrisa de oreja a oreja y se tragó a pies juntillas la explicación de su madre del regalo de la peña. Ni siquiera comió antes, quiso probárselo enseguida.

Ramón observó que tanto su mujer como su hijo estaban tan emocionados que no cayeron en la cuenta de que el traje no tenía etiquetas de recién comprado. En la tintorería habían hecho un buen trabajo y el traje tenía el tacto de estreno.

Miró con admiración la buena planta de su hijo con el chaqué puesto mientras Paquita le colocaba la corbata. Antonio le sacaba un palmo y el difunto debía tener su misma altura y sus mismas medidas porque el traje le venía como un guante. Perfecto de todo. Además su hijo era más apuesto que el hombre que habían asesinado un día antes de su boda. Decididamente ese traje le iba a ser más útil a su hijo que a él. Iba a ser consumido por las llamas, suspiró aliviado al notar que desaparecía el remordimiento.

Ramón apoyado en el marco de la puerta miraba arrobado a su hijo ante el espejo de su armario y a su mujer dando tironcitos aquí y allá.

Su nieta de tres años con las manos manchadas de caramelo intentó llegar al tío pero la sujetó a tiempo.

Puri con su barriga de cinco meses y la otra pequeña de cuatro en brazos contempló a su hermano desde la puerta.

- Estas impresionante hermano. Vas a dejar a esos finolis boquiabiertos.

- Vamos, vamos – dijo Paquita empujándolos hacia fuera – Dejemos que se lo quite y le esperamos en la mesa. Dentro de dos horas llega el tren de Luis y hay que ir a buscarle.

Paquita miró unos segundos más a su hijo que seguía mirándose al espejo con satisfacción y cerró la puerta.

La alegría parecía haber vuelto a la casa de Ramón Sánchez mientras esperaban a Antonio sentados a la mesa, todos reían y bromeaban sobre la suerte que habían tenido con el improvisado regalo. Ramón suspiró aliviado al recordar que el marido de su hija era de un equipo contrario. El único que tenía contacto con la peña era él. Nadie tenía porque saber nada.

Paquita dio una voz llamando a su hijo al ver que tardaba más de la cuenta para sentarse a comer y todos sorprendidos le vieron pasar por el pasillo sin decir nada hacia la puerta con el chaqué aún puesto.

Continuará...

viernes, 9 de julio de 2010

El chaqué 4ª parte

- Robarle a un muerto. Mi hijo tiene un buen traje. No necesita el de un difunto. No digas disparates.

Ramón intentó accionar la palanca de nuevo y la mano de Manolo volvió a detenerle.
- Piénsalo Ramón – Manolo se quitó la gorra dejando al descubierto su pelo ralo levemente canoso – Esa familia todos con chaqué y tu hijo entrando en la iglesia con su buen traje pero de lo más corriente. Piensa en las miradas despectivas de sus amistades. Con el buen porte que tiene tu hijo estaría magnífico con ese chaqué – le miró acercando su cara a Ramón y bajando la voz hasta convertirla en un susurro – Traje que está a dos metros de arder en las llamas. ¿ Crees que a este hombre le importa que le quememos con el traje puesto?.

- Pero..pero – balbuceó Ramón.

- Vamos tío – insistió Manolo – es una oportunidad caída del cielo.

Ramón confundido se adelantó varios pasos sin dejar de mirar el ataúd depositado en la cinta. Robarle a un muerto. Pero Paquita tenía razón, los Mena no habían hecho más que humillarles desde que Antonio se comprometió con su hija Beatriz y aparecer en la boda con un traje normal y todos de chaqué era la puntilla. De sobra sabían que se habían hecho cargo de los gastos del traje del novio.

Se pasó la mano por su huesuda barbilla. Cuando volvió a mirar a Manolo le vio afirmando con la cabeza. Solo él y Manolo lo sabrían. Su hijo nunca se enteraría que el traje era de un muerto y lo llevaría solo ese día.

Sin darse cuenta se vio asintiendo. Manolo fue hasta el ataúd y le pidió que le ayudase a bajarle de la cinta hasta el suelo. Allí sería más fácil desnudarle.

Cuando su compañero abrió la tapa, Ramón dio un paso atrás. El chico tendría al igual que su Antonio unos veinticinco años. Sus rasgos regulares no se veían alterados por la muerte y los de la funeraria se habían asegurado que tuviera buen color. Su impresión fue de estar dormido.

-  Ramón. Tienes que superarlo – dijo Manolo agachado junto al muerto y comenzando a desabotonar el chaqué – No puedo hacer esto solo.

Avanzó despacio venciendo la repugnancia que sentía, ayudó a su compañero a levantar el cuerpo para sacarle la chaqueta con las mandíbulas apretadas.

- Huele a formaldehído – dijo entre dientes.

- ¿ Y a que quieres que huela? – rezongó el otro – En la funeraria habrán tratado el cuerpo para tapar los agujeros de las puñaladas. Y no olvides que además le han hecho la autopsia.

- El traje también huele – comentó Ramón conteniendo las nauseas.

- Te da tiempo a llevarlo a la tintorería. Les metes prisa y te lo dejan listo para mañana. Tu chico se puede probar el traje el día antes aunque creo que le quedará bien, si necesitara un arreglo urgente seguro que Paquita puede solucionarlo.

Ramón le miró con pánico.
- ¿ Qué voy a decirle a mi mujer? Ha insistido en lo del préstamo pero sabe que sin el dinero de Antonio no podríamos de ninguna forma. ¿ De donde la voy a decir que he sacado el traje?.

- Le dices que los de la peña de fútbol te lo hemos regalado. Que ha sido nuestro regalo para el chaval. Somos más de sesenta. Lo creerá.

Pensó unos segundos. Este maldito Manolo tenía ideas brillantes. Paquita odiaba el fútbol y jamás se relacionaba con la peña. Podría colar.

Intentó sobreponerse y siguió ayudando a su amigo. Tras sacar la levita negra siguieron con los pantalones grises. Ramón continuaba con los dientes apretados, casi se hizo daño de tanto apretarlos cuando le tocó el turno al chaleco. La cabeza del difunto tocó su cara y Ramón sintió que el estómago se le revolvía cada vez más.

Se puso en pie con la levita, el chaleco y los pantalones en la mano mientras Manolo le quitaba la corbata de seda gris.

- Ayúdame con la camisa – dijo Manolo mirando hacia él.

- No es necesario. Le compramos una camisa estupenda a Antonio. Dejémosle al menos eso.

- No seas tonto Ramón. Es de seda y con un cuello especial para esa corbata.

Lo pensó unos segundos y volvió a inclinarse sobre el cuerpo. Al dejar el torso al descubierto y ver los cortes de la autopsia más los parches donde habían estado las puñaladas que habían acabado con la vida del joven y que la funeraria había rellenado con alguna pasta, Ramón ya no pudo más, inclinó la cabeza y comenzó a vomitar al lado del féretro.

- Que poco cuerpo tienes – expresó Manolo, terminó solo de sacarle la camisa al muerto.

La pasó a su amigo y colocó la tapa. Entre los dos volvieron no sin esfuerzo a subirle a la cinta y Manolo bajó la palanca que levantaba la puerta y ponía en marcha la cinta. El ataúd se perdió entre las llamas. Manolo volvió a subir la palanca.

Ayudó a Ramón a doblar la ropa y la metieron en una bolsa.

- Mientras estos arden acércate a una tintorería y les dices que tiene que estar listo mañana sin falta.

- ¿ No sospecharan de donde procede al oler el traje? – preguntó temeroso.

- Les cuentas que estaba guardado en naftalina, aunque no tienen porque preguntar nada. Acércate a la de las galerías comerciales. Esas son más rápidas.
Por suerte para él, al día siguiente no había programada ninguna incineración, tenía la mañana libre.

Había llevado el traje donde le indicó Manolo. Casi no quiso mirar los ojos a la dependienta temiendo las preguntas por el olor del chaqué pero la chica, muy joven posiblemente no había olido el formaldehído en su vida. Se limitó a recoger el chaqué y ante la insistencia y las prisas de Ramón le dijo que podía recogerlo a primera hora de la mañana.

Era la ventaja de su trabajo. El día anterior habían tenido que sobrepasar las horas reglamentarias, los cuerpos tardaban en quedar reducidos a cenizas pero el día que no había incineraciones podían disponer de horas siempre que quedase al menos uno de ellos por si un familiar cambiaba de idea a última hora y se decidía por la cremación.
Manolo se había quedado en el crematorio, de guardia.

Cuando recogió el chaqué lo primero que hizo fue acercar la nariz al traje, no olía a nada.

Continuará...

jueves, 8 de julio de 2010

El chaqué, 3ª parte.

Los de la funeraria salieron y él accionó la palanca, el féretro fue avanzando lentamente al tiempo que se levantaba la entrada del horno crematorio. Antes de cerrarse ésta las llamas envolvieron la caja.


Rezó para que Manolo no le contase como siempre de quien se trataba. Era una de sus aficiones, explicarte la vida del difunto mientras las llamas le devoraban sin percatarse que esa información innecesaria para él se lo hacía pasar mal.

Él no veía a los muertos y no quería pensar en ellos, prefería hacerse a la idea de que empujaba un cajón no los restos de quien había sido alguien. Manolo sabía su aversión hacia ellos, no sabía como pero siempre averiguaba de quien se trataba, le ponía nombre y apellidos y contaba retazos de su vida y ese cajón que veía entrar en las llamas ya no era solo un cajón, estaba seguro que Manolo lo hacía a propósito. Le divertía fastidiarle. Hacía tiempo que había desistido de pedirle que no le dijera nada. Eso parecía ser más efectivo que discutir con él. Sí Manolo veía que no le importaba ya no era divertido mortificarlo identificando y convirtiendo en personas las cajas de madera que él empujaba hacia el fuego.

El segundo ataúd lo trajo la funeraria media hora después, al igual que el anterior fue depositado en la cinta. Manolo estaba a punto de accionar la palanca cuando un empleado de la funeraria acompañado de un familiar entró en el crematorio y procedió a abrir el féretro. Al parecer la madre quería la medalla que su hijo llevaba al cuello. Ramón no pudo evitar un gesto de fastidio. Tener que ver además su cara era lo que le faltaba esa mañana. Prefirió volver la cabeza mientras estaba el ataúd abierto. Cuando les vio abandonar el crematorio fue directo hacia la palanca, la mano de Manolo le detuvo.

- ¿ Es que no has visto eso amigo?.

- Ver ¿ qué? – preguntó Ramón sin entender.

- Ese es el joven del que hablaban los periódicos hace dos días. Él que mataron de varias puñaladas una banda de asaltantes en el chalet de su casa. Fue la única víctima. El chico se casaba al día siguiente.

- ¿ Y qué me quieres contar con eso?.

- No has mirado ¿ Verdad? – Manolo no pudo evitar una risa mientras movía la cabeza – Te juro que no entiendo tu aversión al tema de los difuntos después de llevar veinte años en este trabajo.

- Manolo te aseguro que hoy no estoy de humor para aguantar tus bromas.

- No tengo intención de burlarme hoy con ese tema Ramón pero han vestido al chico con un chaqué, posiblemente el que iba a llevar el día de la boda y tiene la misma talla de tu Antonio.

Ramón hizo un gesto de repugnancia cuando comprendió lo que quería decirle su compañero.

- ¿ No pretenderás que yo...?

- ¿ Y por que no?. Se va a quemar. Este muchacho era de una familia bien. Es un traje de calidad. Resolvería tus problemas.

Le miró incrédulo. Jamás en su vida había entrado en su cabeza robarle a un muerto. Vestir a su Antonio con la ropa de un difunto. Movió la cabeza horrorizado.

Continuará...

domingo, 4 de julio de 2010

El chaqué, 2ª parte.

Había dejado a Paquita rezongando en la cocina. De sobra sabía él las intenciones de la familia Mena. Según todas sus amistades su chico había dado un braquetazo con este matrimonio pero ellos hubiesen preferido a una mujer más modesta. Después del enlace ya se encargaría esa familia de alejar a su hijo cada vez más de ellos. Antonio iba a conseguir una buena posición, el viejo Mena solo tenía esa hija y su hijo sin duda pronto dejaría su trabajo en el banco para hacerse cargo de las tiendas de su suegro.


Ramón se quitó la gorra de trabajo y se rascó la frente con un mueca. Debía alegrarse por su chico aunque su familia política terminara por echarles a un lado. Siempre había tenido cabeza. Terminó contabilidad y pronto encontró un trabajo de puños limpios en una gestoría y más tarde un puesto mejor en el banco.

Desde que terminó el instituto no se mezclaba con la juventud del barrio. Tuvo las ideas claras y sus amistades eran gente de mejor posición que ellos. Así conoció a Beatriz Mena.

A pesar de todo no dejó de vivir en la casa familiar y eso que en los últimos años su modesto piso de barrio obrero se había convertido en una locura, desde que a su hija la dejó embarazada el haragán con quien había terminado casándose con dieciocho años y se les habían metido en casa. De eso hacía cuatro años y Puri iba ya por el tercer embarazo. Lo único que sabía hacer ese inútil, eso y trabajar unos meses en el ladrillo para cobrar el paro y vivir de la sopa boba.

Dijese lo que dijese Paquita no podían pedir un préstamo. Tenía a Luis, su hijo pequeño estudiando en otra ciudad. Un segundo ciclo de formación profesional que podía haber estudiado aquí pero el niño estuvo enganchado a las drogas y tras pasar por desintoxicación, el psicólogo había advertido que lo más efectivo para evitar una recaída era alejarle del ambiente y de las amistades habituales y él y su mujer estuvieron de acuerdo en pagarle la estancia mientras estudiaba en otra ciudad. Parece que estaba dando resultado, el primer verano que vino de vacaciones aún se juntaba con las viejas amistades pero este último ninguno de los antiguos amigos había venido a buscarle. Luis había cambiado mucho. Tenía notas muy buenas y dentro de poco terminaría sus estudios y encontraría un buen trabajo como técnico en electrónica y sus andanzas con las drogas y las viejas amistades eran ya pasado.

La chica con dos niños y el tercero en camino, el vago de su yerno más el dinero que les costaba mantener a Luis hacía imposible pedir un préstamo y dentro de tres días cuando Antonio se marchase de casa desaparecería su aportación económica. Habían tenido que comprar también un traje al marido de la niña y pese a su embarazo también otro vestido nuevo a Puri. No, un préstamo por pequeño que fuese era impensable.

Ambos trabajadores se volvieron al oír la puerta. Los empleados de la primera funeraria acababan de entrar depositando el ataúd en la cinta de entrada de uno de los hornos.

Ramón apretó los dientes con fuerza. Veinte años contemplándolos pero era imposible acostumbrarse.

Continuará....

viernes, 2 de julio de 2010

El chaqué, 1ª parte.

Con paso cansino y cabizbajo empujó la puerta del crematorio y como cada mañana encaminó sus pasos hacia el vestuario. Manolo ya estaba vestido con el mono de trabajo, Ramón saludó a su amigo y compañero con un movimiento de cabeza, abrió su taquilla y con la misma desgana comenzó a desvestirse.


- Paquita continua igual ¿ Verdad amigo?.

Ramón hizo una mueca y asintió. Desde hacia una semana que llegó la noticia, sus futuros consuegros y organizadores de la boda de su única hija con su hijo mayor habían decidido que todos sus invitados acudirían con chaqué, su mujer no dejaba de presionarle para pedir un crédito y comprar uno para su chico.

Habían gastado todos los ahorros en los trajes. El suyo, el de madrina de Paquita y un buen traje para su hijo además de la ropa del resto de la familia.

- Estoy de acuerdo con tu mujer Ramón – dijo Manolo mientras esperaba que se cambiase – Esto ha sido una maniobra más de los Mena para humillaros; como si no explicas que a solo unos días os enteréis que ellos van a ir de chaqué.

- El traje que le compramos a mi Antonio es de los mejores que había en la tienda – contestó Ramón introduciéndose en el mono – Por mucho que me presione mi mujer no podemos pedir un préstamo personal a estas alturas.

- Eso pasa cuando se mezclan clases sociales diferentes. Comparados con nosotros los Mena con sus dos tiendas de electrodomésticos se puede decir que son como la aristocracia de la ciudad ¿ Y tu Antonio no puede pagarse el traje? Como cajero en el banco tiene un buen sueldo.

- El chico ha gastado mucho en amueblar la casa y se ha empeñado en pagar el viaje de novios. No tiene un céntimo más, además el chaval a dicho que el traje que le compramos está bien, que le da lo mismo que sus futuros suegros y su familia acudan con chaqué.

- Pues va a ser un cante. Todos los parientes de la novia de pingüinos y el novio con un traje normal.

Ramón subió la cremallera del mono de trabajo y cerró la taquilla. Siguió a Manolo hasta la sala del horno crematorio.

Llevaba en ese trabajo veinte años, no era como para ir presumiendo como se ganaba la vida pero estaba bien pagado y no era un trabajo para matarse aunque él, heredada la superstición hacia los difuntos de su madre, seguía sintiendo cierta aprensión ante los ataúdes que tenían que empujar al interior del horno y recogiendo después la cenizas para entregarlas a las familias. Por fortuna no tenía que ver los cuerpos, a ellos le llegaban ya los féretros cerrados.

Había mañanas que no tenían nada que hacer, antes más que ahora. La gente se iba inclinando por la incineración. Esa mañana tenían previstas dos, de hecho, hoy tenían que entrar en uso los dos hornos.

Mientras procedían al encendido, Ramón no podía dejar de pensar en la discusión con su mujer antes de salir de casa.

- Un crédito personal Ramón, de esos que te conceden en veinticuatro horas y que solo te piden la última nómina – había vuelto a repetir su mujer mientras le ponía el desayuno – Faltan tres días para la boda, aún tenemos tiempo de comprarle el chaqué a Antonio o convéncele que nos deje alquilar uno.

- Sabes que no es posible y el chico ya ha dicho que su traje está bien, se niega en rotundo a llevar un traje alquilado el día de su boda, dice y con razón que si los Mena o alguna de sus amistades te enterase se convertiría en el hazmerreír de todos.

- Y él pobre que va decir. Sabe la situación económica que tenemos pero no puedo soportar la idea de nuestro hijo apareciendo en la iglesia con un traje corriente y esa familia vestidos de esa forma. Esto lo han hecho a propósito – Paquita se dejó caer en la silla frente a él con una taza de café en las manos – Es una humillación más como la de decirnos que no invitásemos a ninguna amistad, solo a los familiares más cercanos, ó que siendo los padres del novio no estemos en la misma mesa que los recién casados como van a estar los padres de la novia. No pierden ocasión en hacernos de menos.

- ¿ Y qué esperabas? Cuando nuestro Antonio comenzó a salir con Beatriz Mena ya me esperaba algo así. Somos gente modesta Paquita, un trabajador del crematorio y una limpiadora.

- ¿ Y ellos que son?. Dueños de dos tiendas. Tampoco es para tanto.

- Comparado con nosotros son ricos – Ramón se llevó a la boca la magdalena que acababa de mojar en el café, la masticó despacio sin dejar de mirar a su mujer – Recuerda las trabas que pusieron los padres de Beatriz a esta boda. La pagan ellos y la van a celebrar en el club marítimo, un lugar al que ni tú ni yo hemos entrado en la vida.

Continuará...

miércoles, 9 de junio de 2010

Una bella historia.



Juan perdió su empleo a causa de la crisis económica que padecemos. Después de veinte años de servicios, él y varios compañeros fueron despedidos alegando la empresa ajuste de personal, más tarde se enteró que los puestos que habían perdido fueron ocupados por emigrantes de distintas nacionalidades con sueldos más bajos que en sus países habían trabajado en el mismo sector que él.
Hacía cinco años se había embarcado en una de esas hipotecas de por vida, con los tres años de paro y solo el sueldo irregular de algunos meses de su mujer sabía que tarde o temprano terminarían perdiendo la casa al no poder hacer frente a los pagos y acabaría en una de alquiler si es que encontraba algún trabajo al final de la prestación.

Juan amargado y resentido había ido acumulando pensamientos xenófobos al ver su puesto ocupado por emigrantes, algo cada vez más generalizados en una ciudad como Almería donde conviven tantas etnias distintas.
Nada agudiza más el sentimiento racista que la necesidad y la miseria y Juan sabía que a sus 52 años era muy difícil que volviese a contar con un trabajo.

Sentado en la oficina de empleo esperaba junto a otros para tramitar los papeles, junto a él, Gustavo, un hispano americano comentaba que iba a cobrar todo el desempleo y lamentaba que tendría que marchar a su país e intentar poner algún negocio allí.
Juan sintió un ataque de ira y no pudo evitar insultarle, a eso habían venido – le reprochó – a llevarse el dinero, que nunca habían aportado nada al país puesto que todo el dinero ganado salía fuera y que por su causa los trabajadores españoles estaban siendo despedidos para contratar mano de obra más barata además de contar con una protección social que no recibían los nacionales.

Gustavo escuchó tranquilo toda la disertación de Juan y con calma, al terminar éste, le dijo que hacía diez años que estaba en el que él consideraba ahora su país, contó que dos años después de llegar y gracias al contrato de un buen hombre consiguió la reunificación familiar y para sus hijas que entonces tenían 6 y 4 años, ahora adolescentes, éste era ahora su hogar y estaban en casa desconsoladas negándose a marchar.
Si Juan a sus 52 años no veía futuro, él a sus 48 no lo tenía mejor y un negocio en su país de origen era algo tan inestable que no sabía si merecería la pena puesto que si fracasaba el concepto de pobreza de Hispanoamérica difería mucho del español.

Juan bajó el tono al notar el conciliador de Gustavo y preguntó porque le habían despedido a él si los emigrantes cobraban menos, a lo que Gustavo contestó que el dueño era demasiado viejo ya para enfrentar la crisis y había preferido cerrar, era un buen negocio, añadió.

                 - Intenté convencer a varios de mis compañeros que cobrásemos de una vez el paro y hacernos con él pero no tuvieron valor. Es una pena porque mi familia está destrozada, éste es ahora su hogar y mi hijo de tres años nació aquí.

Juan interrogó sobre el negocio y dio la casualidad que era la misma actividad a la que se había dedicado en sus veinte años de trabajo. Estuvo un rato pensativo y se volvió hacia Gustavo y asegurando conocer a fondo el negocio y su funcionamiento.

                - ¿ Crees que si juntamos tu dinero del paro y el mío podríamos hacernos con él? – preguntó Juan sorprendiendo a Gustavo.
Tras la primera impresión de sorpresa del americano este afirmó con la cabeza y comenzaron a hacer cuentas. Media hora después, frustrados reconocían que no era suficiente.

                - ¿ Y con mi aportación? Tengo que cobrar 5 años de trabajo.

Ambos se volvieron sorprendidos, un tipo pelirrojo les tendía la mano presentándose como Lazlo, era rumano y llevaba 7 en España, cinco con empleo fijo que al igual que los otros acababa de perder. Había escuchado la conversación desde el principio y dijo que era una buena idea.
Tras el desconcierto inicial los dos asintieron y los tres volvieron a hacer cuentas y esta vez, en tres proporciones distintas era posible la operación.

Hace un año, un español, un peruano y un rumano de una discusión xenófoba crearon un negocio conjunto.
Son sus propios jefes sin depender de ayudas gubernamentales y me han contado que les ha ido tan bien que hace unos meses han contratado dos trabajadores, antiguos compañeros de Juan.
Tres hombres superaron prejuicios y miedos, cambiaron el odio por la colaboración y la esperanza. Está claro que por lo bien que les ha ido ese tipo de actitudes son premiadas con la suerte.

Estoy segura que seguirán con ella de su parte.

domingo, 6 de junio de 2010

El hada en el cristal, Final.

Iridia contemplaba con inquietud los rostros de sus hermanas tras exponer la idea que había tenido. La reina avanzó hacia el centro del círculo que formaban a los pies del viejo roble y movió dubitativa la cabeza.

          . – Lo que pides es muy peligroso Iridia. Cuando has vuelto de tu largo sueño has percibido lo distinto que es este mundo. Un hecho así puede provocar la curiosidad de muchos humanos que pueden asociar lo ocurrido a nuestra existencia. Eso podría ponernos en peligro.
          . – Ya estamos en peligro mi reina. Si no se consigue salvar el bosque que queda y recuperar el resto moriremos lentamente refugiadas en otro que seguirá sus mismos pasos. Esta es la oportunidad de hacer algo por su existencia.

La reina fijó sus dorados ojos color caramelo en ella y después recorrió con la mirada las figuras silenciosas de las otras participantes en el consejo.

          . – Aunque quisiéramos hacer lo que pides, necesita de mucha fuerza mágica y apenas recibimos ya de nuestro diezmado bosque.
          . – Tenemos otra fuente – se adelantó hablando con voz apasionada Iridia hasta el centro y se encaró con su reina – La de los miles que acampan velando por los pequeños árboles que plantaron. Son un único corazón latiendo por un ideal común. Una fuerza que abruma vibrando en la misma sintonía. Podemos recurrir a ella. Podemos disponer para nuestra magia de esa vibración. Estáis notando igual que yo la inmensa energía que emana. – Iridia extendió sus manos hacia sus hermanas – En cuanto a lo milagroso y la curiosidad que pueda despertad el hecho en el resto, quizá sea lo que los hombres necesitan en ese mundo descreído en el que viven ahora. Volver a creer en el misterio de lo insondable.

Esperó con ansiedad mientras todos los ojos permanecían fijos en ella hasta que una por una todas fueron afirmando con la cabeza. La reina asintió con un movimiento de la suya.

          . – Así sea Iridia. Vamos a intentarlo.
La luz del alba despertó a Berta, abrió los ojos y antes de moverse contempló sobre su cabeza como se filtraba entre las ramas de los árboles los primeros rayos de sol.

          . - ¿ Ramas de los árboles? – se preguntó extrañada. Se incorporó y salió del saco de dormir. Todos los que se habían despertado ya, incluido el abuelo daban vueltas desconcertados igual que ella mirando alrededor tratando de entender donde estaban.
Se habían dormido en un terreno abierto sembrado de pequeños arbolitos pero ahora se encontraban en un bosque adulto, espeso y exuberante de árboles perfectamente desarrollados que podrían tener muchos años por el grosor de sus troncos.

          . – Abuelo – llamó Berta al ver al anciano venir hacia ella – ¿ Donde estamos?.

          . – Es extraordinario niños – dijo el anciano intentando contener la emoción y abrazando a sus nietos – Las hadas lo han conseguido. Han logrado el milagro que necesitábamos.

Señaló fuera y en efecto, a lo lejos podían distinguir el cerco policial del día anterior. El asombro de ellos no era menor que el suyo al ver un espeso bosque donde el día anterior se encontraba una llanura llena de pequeñas plantas apenas visibles desde lejos.
Creo el suficiente desconcierto entre las autoridades como para detener cualquier acción contra los acampados, tiempo suficiente para que más y más gente después de ver en los medios lo sucedido se acercase al lugar. Las barreras ya no fueron suficientes y la multitud penetró en el bosque abrazándose a los árboles.

Un comunicado de prensa de las máximas autoridades no se hizo esperar mucho diciendo que el proyecto del parque se había abortado y se congraciaban al igual que todos de ese inexplicable milagro que les permitía contar otra vez con el hermoso bosque que les arrebató el fuego.

          . – Pandilla de hipócritas – rezongó el abuelo ya de vuelta en la granja y delante de la televisión escuchando los discursos – Habrá que tener los ojos bien abiertos por si intentan destruirlo otra vez.

          . – Como tu bien dijiste abuelo se ha abierto un camino – dijo Luis apurando la exquisita sopa de la abuela – Si vuelven ya sabemos lo que hacer y además nuestro bosque cuenta con unas vigilantes extraordinarias. Presiento que este no será el ultimo milagro que veremos – afirmó con una sonrisa cómplice a su hermana.

         . – Así lo creo yo niños, así lo creo y es maravillosa la puerta que se ha abierto.


ESTE CUENTO ESTÁ DEDICADO A MIS HIJOS Y A TODOS LOS NIÑOS QUE SON FE, FUERZA, ESPERANZA Y FUTURO DEL MAÑANA.

NO HAY IMPOSIBLES Y LO QUE CERCA Y PONE LÍMITES SON LA FALTA DE ILUSION Y LA BARRERA DE LA RESIGNACIÓN Y LA DERROTA.
LA MAGIA MÁS PODEROSA QUE EXISTE ESTÁ EN LA VOLUNTAD DEL SER HUMANO.

Mariant Íberi.

sábado, 5 de junio de 2010

El hada en el cristal, (IX)


Cuando al día siguiente las fuerzas policiales – tras ellos venían gran número de máquinas y obreros que debían arrancar los árboles – llegaron a las inmediaciones del bosque con intención de desalojar a los pequeños retenes de guardia, se detuvieron sorprendidos ante el espectáculo que tenían ante ellos.

Miles de personas, en su mayoría niños y adolescentes formaban una cadena cogidos de la mano rodeando el perímetro de la zona repoblada.

La reacción de los medios informativos no tardó demasiado en hacerse eco y más y más gente iba llegando que se unía a la cadena que ya se doblaba en muchos lugares. La autoridad decidió impedir que nadie más pasase de la barrera policial que se instaló mientras se intentaba negociar que saliesen del bosque alegando que estaban en una zona privada. La cadena humana alzó las manos unidas a modo de respuesta acompañada de cánticos.
La noche cayó sobre el monte y los resistentes se formaron en grupos en torno a las lámparas que habían llevado. La alegría y el buen humor era la nota dominante cuando extendieron los sacos de dormir.
Berta vio una pequeña forma luminosa pulular en la oscuridad y pensó que podía ser Iridia, le hizo señales a su hermano y ambos caminaron siguiendo la luz al otro lado de una pequeña loma.

En efecto, la forma del hada se materializó ante ellos.
          . – Vengo a avisaros. He estado espiando en el otro lado y he oído las discusiones entre ellos – en su bello rostro apareció preocupación – Han decidido echar algo desde el cielo mañana y desalojaros cuando estéis inconscientes.

De pronto y sin dar tiempo a contestar la imagen de Iridia desapareció, los niños comprendieron al notar una presencia que se aproximaba. El abuelo surgió de las sombras.
          . – ¿Cuánto tiempo llevabas ahí abuelo? – inquirió Berta preocupada por lo que habría podido ver.
          . – El suficiente – tomó asiento sobre una piedra, los niños apenas distinguían su silueta alumbrados por la escasa luz de la luna – Cuando tenía vuestra edad vi un hada. Durante mucho tiempo me acompañó ese secreto pero con los años mis pensamientos siguieron el curso de la lógica de los demás y mi conocimiento de tan extraordinarios seres se fue perdiendo a medida que maduraba y completaba las etapas de mi vida – el anciano suspiró y sus nietos vieron su sonrisa – Acabo de recuperarlo con lo que acabo de ver.
          . – Se llama Iridia abuelo – la nieta tomó asiento a su lado – Su vida y la de las otras hadas depende de la del bosque. Por salvarlas iniciamos todo esto.
          . – El secreto de su existencia está a salvo conmigo – dijo acariciando la cabeza de su nieta.
          . – Dice que las autoridades mañana planean echar algo desde el aire para dormirnos y desalojarnos después – añadió Luis sentándose al lado de su hermana.
          . – No me extraña. No podían entrar a la fuerza con tantos niños que podían sufrir daños. Esparcir una sustancia que nos duerma y después sacarnos era casi la única forma. – el anciano movió la cabeza con pesadumbre – No pueden dejar que ganemos. Todo esto es determinante y es un punto de inflexión. Si ganamos y dejan el proyecto habremos abierto un camino que seguirán otros, de ahí la importancia de derrotarnos. Para demostrar que contra ellos no se puede ganar. Nuestra derrota hundirá la moral de los que emocionados están siguiendo estos sucesos – el abuelo contempló la figura del hada que volvió a materializarse. Sonrió y continuó hablando – Necesitamos algo inusitado, asombroso, que despierte el entusiasmo de quienes nos apoyan con la empatía pero no con la acción. Tras la barrera se agolpan miles de personas que quieren unirse a nosotros pero necesitamos que sean cientos de miles pero para arrastrarlos hasta aquí y convertirlos en una fuerza imparable se necesita un hecho extraordinario.
          . – Quizá se pueda lograr – intervino Iridia – Ahora debo marcharme para intentarlo. Tengo que hablar con mis hermanas. Se necesita la aprobación del consejo y la colaboración de todas nosotras para la idea que he tenido.

Hizo un gesto de saludo al anciano y a los niños antes de desaparecer de nuevo.
          .- Hermosa criatura, en verdad – fueron sus palabras antes de levantarse y en compañía de sus nietos caminar hacia el grupo – Espero que logre lo que busca por nuestro bien y por el suyo porque es la ultima esperanza.



Continuará....

viernes, 4 de junio de 2010

El hada en el cristal, (VIII)

Al atardecer del día siguiente con un cielo púrpura y en tonos violetas del ocaso un grupo de hadas con sus hermosos rostros pensativos – entre las que se encontraba Iridia – contemplaba en una fuente mágica en el corazón del escaso bosque la extraña actividad que se estaba desarrollando en las inmediaciones de la zona quemada.

En efecto, varios camiones habían aparcado y desde todas partes comenzaban a llegar niños de todas las edades que se reunían en grupos en torno a un adulto según las instrucciones que habían recibido.
Paula, la profesora había contactado con la asociación ecologista y sus miembros dirigían ahora a los convocados repartiendo hojas con las ordenes de actuación.

Berta y Luis se unieron al grupo designado, escucharon las normas de quien les mandaba sobre donde y como plantar el árbol que habían recogido de uno los camiones.
El monte fue dividido en sectores y los grupos comenzaron a dispersarse siguiendo la luz de la linterna de sus guías.
La actividad fue frenética. El entusiasmo y la alegría por lo que estaban haciendo de niños y jóvenes era tal que no notaban el cansancio. Unos alumbraban mientras otros plantaban. Las primeras luces del alba fueron recibidas con gritos y aplausos de la multitud al ver completada su obra.

Las hadas que desde su privilegiado mirador habían observado todo se miraron sonrientes ante las muestras de alegría que contemplaban en silencio. Sin decir nada vieron como poco a poco se alejaban los niños camino de casa mientras sólo los adultos instalaban tiendas de campaña para descansar.
Los ecologistas habían decidido quedarse haciendo guardia a la espera de la reacción cuando la noticia llegase a las autoridades.

No se hizo esperar, fue la organización y Paula quienes avisaron a los periódicos sobre el hecho y esa mañana los titulares en primera página mostraba la increíble hazaña de un grupo de niños que en una sola noche había realizado algo que la pasividad de sus padres no había conseguido en años.

Reunidos en la gruta con Iridia, Berta y Luis relataban excitados la magnitud de la noticia y como no dejaban de hablar de ellos en todas las televisiones de numerosos países.

El hada les miraba benévola pero triste. No escapó a Luis su expresión.
          . – ¿ Que ocurre Iridia? No te veo feliz – se acercó y cogió su mano – No debes preocuparte. El impacto de todo esto ha sido tan sonoro que no creo que se atrevan a arrancar los árboles. Cada vez más gente se adhiere al proyecto apoyando a través de la red – sonrió con satisfacción – Hemos conseguido algo grande y creo que hemos asustado a esa multinacional.
Iridia acarició la cabeza de ambos si mudar su expresión anterior.
          . – Mi magia me permite ver el futuro más inmediato. Esa gente ya se está preparando para arrasar toda la zona plantada. Vuestra ley y grandes fuerzas le acompañaran para que no podáis evitarlo.

Berta apretó los puños con rabia.

          . – Somos una fuerza. Hemos logrado algo inmenso que excedía todas mis previsiones. No nos vamos a rendir. Además hay gente montando guardia en todos los flancos del bosque repoblado.
          . – Otras fuerzas muy poderosas ya están preparándose para caer sobre los guardianes – la mirada del hada reflejaba ahora una profunda tristeza – Ha sido un hermoso gesto que me ha devuelto la fe en vosotros. Cuando me sacasteis de mi encierro todo vuestro mundo fue captado por mi ánimo y aunque de donde venía siempre hubo injusticia y dolor nunca en las magnitudes que he percibido. Me abrumó por su número y por extremos que roza.
          . – Esos mismos extremos nos favorece Iridia – exclamó el niño – Hoy disponemos de la capacidad de comunicarnos al mismo tiempo y contamos con iniciativa. Si lo que dices es cierto no tenemos tiempo que perder. Hay que dar la voz de alarma y estudiar el modo de hacer frente a esta nueva batalla. La guerra aún no ha terminado.

Un poco más tarde los mensajes a través de los teléfonos amenazaba con colapsarse. Los correos iban y venían a través de la red informática. En el dormitorio de Luis, los dos niños con gesto angustiado preguntaban por ideas para hacer frente a la amenaza.
          . – Sólo hay una forma – dijo sobresaltándoles tras ellos la voz del abuelo – Hay que acudir al monte. Tenéis que convocar a niños y adultos y formar una barrera humana. No se atreverán a atravesarla.

Se miraron y afirmaron al mismo tiempo. Luis se volvió al monitor y comenzó a escribir en mensajes la nueva idea.

          . – Voy a decirle a la abuela que prepare comida en abundancia – dijo el anciano – El tiempo que tendremos que estar allí puede ser muy largo.
          . – ¿ Nos vas a acompañar abuelo?.
          . – No me perdería lo que va a suceder por nada del mundo. Me habéis devuelto la alegría con todo esto – una amplia sonrisa  iluminó su rostro lleno de arrugas – Los adultos a veces nos cegamos tanto en la preocupación que no dejamos lugar a la iniciativa. Menos mal que vuestra mente aún sin contaminar por la resignación ha sido más lúcida. Tu abuela se quedará para dar de comer a los animales pero yo estaré con vosotros hasta el final. Estoy orgulloso de los dos y vuestros padres lo estarían más aún.


Continuará...

jueves, 3 de junio de 2010

El hada en el cristal, (VII)

Berta contó su idea a su hermano con la impresión, dado el carácter siempre escéptico, que le pondría pegas pero el efecto fue el contrario, el muchacho acogió el tema con entusiasmo apostando de lleno por él; hasta el punto que esa noche no se fue a la cama hasta enviar un montón de correos a sus amistades de la red social convocándoles para un tema de vital importancia.

              . – Con eso ya nos garantizamos un buen número de participantes porque todos mis amigos a su vez han convocado a otros.
               . – No quiero que te precipites Luis – alegó Berta intentando calmar un poco la excitación de su hermano – Antes tenemos que hablar con la profesora y ver si nos va a dar su apoyo. Sin un adulto para mover asuntos no llegaríamos muy lejos.
             .- Saldrá bien Berta. Tiene que salir. Tenemos que salvar a Iridia y a sus hermanas cueste lo que cueste.
             . – De acuerdo Luis. Pero ahora descansa. Mañana tenemos muchas cosas que hacer.

La emoción de los dos niños era tal que saltaron de la cama esa mañana antes de que sonase el despertador.

En el colegio se dedicaron a una actividad febril hablando con todas a las amistades a las que pidieron que a su vez hablasen con todos los conocidos.

Habían expuesto sus ideas con tal fervor que a la convocatoria a  espaldas del gimnasio esa mañana acudió más de medio colegio y la profesora a la que habían dejado una nota citándola en el mismo lugar.

Berta sobre una tarima se convirtió en oradora improvisada explicando su idea.
Convocar al mayor número posible de personas y en una sola noche intentar repoblar de pequeños árboles todo el bosque quemado. Cada participante pagaría su árbol o más si disponía de dinero y mirando a Paula, la profesora le dijo que necesitaban un adulto para efectuar la compra en los distintos viveros.

La profesora escuchaba desconcertada pero ante los aplausos y los vítores de los niños dijo que era una locura. Una locura maravillosa que no se perdería por nada. Podían contar con ella. Soltó aire emocionada reconociendo que lo más seguro es que les arrancasen los árboles para seguir con el proyecto pero el acto merecía ese esfuerzo y era algo que daría que hablar. Se comprometió a ponerse en contacto con la asociación ecologista a la que pertenecía para invitarles a unirse.

Mas tarde en la sala de ordenadores un grupo liderado por Luis concretaba el asunto a través de correos con la gente de la red.
Cuando volvían a casa Luis contaba eufórico que la idea había gustado tanto que los que se iban uniendo crecía en progresión geométrica. Berta preocupada le recordó la necesidad de discreción, si las autoridades o la multinacional sospechaba algo todo el plan se iría al traste.

En la gruta llamaron a Iridia y unos segundos después se materializó ante ellos. Casi sin aliento explicaron su plan ante un hada en total desconcierto que escuchaba sin entender nada de la mayoría de cosas que estaba oyendo.

                . – No te preocupes – dijo Luis displicente – Lo importante es que pasado mañana un grupo enorme, inmenso de niños y algunos adultos tomaremos el monte y al amanecer pretendemos que esté cubierto de nueva y pequeña vida. Nuestra esperanza es que ante los hechos consumados de un bosque repoblado se una la opinión pública e impida que el proyecto del parque salga adelante.
Iridia acarició con dulzura la cabeza del niño.

               . – ¿ Y si le gente no secunda la idea?.
               . – Eso no es una posibilidad en estos momentos Iridia, yo sólo tengo esperanza de que saldrá bien.
               . – Vuestra fe es admirable – dijo sonriendo – Esta bien, el fracaso no es una opción. Iré a contar a mis hermanas las buenas nuevas.
Ya de vuelta a casa y ante el ordenador el niño y con una libreta de notas Berta pulían detalles antes de marcharse a dormir.

Continuará...

martes, 1 de junio de 2010

El hada en el cristal, (VI)

             
                    . – ¿ Que quieres decir? – se extrañó Berta ante la expresión triste de Iridia al decir esas palabras.

                    . – Que ya no queda tiempo. He captado el dolor de las pocas que quedan de mi especie, el grito de muerte del bosque que era nuestra fuerza y nuestra alma. Me habéis liberado para terminar mi existencia con ellas pero os doy las gracias de nuevo. Hubiera sido horrible salir de esa prisión siendo la ultima y morir sola. Lo que más lamento es no tener suficiente poder para cumplir tu hermoso deseo pero nuestra magia procede de la vida del bosque pero está muy herido. Nosotras moriremos con él.
Luis extendió su mano y la colocó sobre la del hada con una mirada triste.

                       . – Yo no quiero que mueras. Dí que podemos hacer para evitarlo.
Iridia cubrió la mano del niño con la suya mientras le devolvía una mirada dulce.
                      . –No creo que podáis hacer nada. Pertenecíamos a este bosque pero en el  que queda están refugiadas mis hermanas y capto su canto de agonía. Una gran amenaza se cierne sobre nosotras.
                       . – Lo sabemos – exclamó Berta – Es la misma que tiene la granja de mis abuelos. Quieren destruir el poco bosque que queda para construir un parque de atracciones. Si lográramos evitarlo podríais seguir viviendo tus hermanas y tú.
                     . – No es suficiente Berta. Necesitamos toda la superficie que se ha perdido aunque si nos dieran tiempo con la  magia que nos queda podemos hacer nacer la vida de nuevo.
                     . – Ese tiempo no existe – dijo con tristeza Luis – la multinacional visitó anoche la granja amenazando al abuelo. Todo está perdido.

Las sombras de la tarde que avanzaba comenzaron a inundar la gruta y Berta se puso en pie.
                     . – Se nos ocurrirá algo Iridia. Aún no sé que pero no nos vamos a rendir con facilidad. Ahora tenemos que marcharnos pero volveremos mañana a la misma hora. ¿ Estarás aquí?.
                    . – Aquí estaré cuando me llaméis mientras iré a reunirme con las mías.

El camino de vuelta lo hicieron los dos hermanos en silencio con cada uno sumido en su pensamientos. Poco antes de llegar a la granja Berta se detuvo en seco.

                  . – Se me ha ocurrido una idea disparatada Luis pero quizá salga bien.
                  . – ¿ De que se trata?.
                  . – Vamos a pedir ayuda a nuestros compañeros de colegio y podemos usar también los que tenemos en la red y además hablar con la profe de naturales, necesitaremos un adulto para lo que se me ha ocurrido. Pertenece a una organización ecologista y ama el medio ambiente. Está en contra de este proyecto. Ya has visto los carteles que elaboró como protesta.

                 . – ¿Les vamos a hablar de Iridia? – inquirió sorprendido.
                 . – Claro que no – negó rotunda – o nos tomarían por locos o podíamos poner en peligro al hada.
               . – Está bien. Cuéntame de que se trata.

Continuará...

lunes, 31 de mayo de 2010

El hada en el cristal, ( V)

   
          . – Gracias –dijo con voz aterciopelada que tranquilizó el ánimo del niño – por liberarme.

          . –¿ Estabas prisionera? – se adelantó Berta estudiándola con más detalle y tendiendo su mano – Me llamo Berta y este es mi hermano Luis – ¿ Eres un hada?.
Ella afirmó con la cabeza mientras miraba extrañada la mano que se tendía hacia ella. Berta entendiendo su desconcierto asió la mano del hada y la apretó.
          . – Es una forma de saludo. Un modo de darte la bienvenida.

Sonrió ante las explicaciones y alargó su nívea mano hacia el niño que aún la observaba incrédulo y con desconfianza. Dudó unos instantes y renuente extendió la suya que el ser alado apretó imitando el movimiento de Berta.

          . – Has dicho que te hemos liberado – intervino Luis - ¿Quién te aprisionó en ese cristal?
          . – Mis hermanas. El consejo de las hadas como castigo.
          . – Pues ¿Qué hiciste para un castigo tan duro? ¿Y cuanto tiempo hace de eso?.
          . – Muchos cientos de años – musitó como abstraída y se le entristeció la mirada – Demasiados para mi especie por lo que voy captando.
          . – ¿Qué crimen cometiste para algo tan severo? – insistió Luis – Y yo creí que las hadas eran seres diminutos pero tu eres enorme.
          . – Podemos adoptar el tamaño que queramos. Y respondiendo a tu pregunta sí, cometí una falta muy grave que merecía ese castigo.
          . – ¿ Cual? – saltó Berta.
El hada caminó hacia una gran piedra y tomó asiento. A los dos niños se les antojó que flotaba al caminar por la suavidad de sus movimientos.

         . – Me llamo Iridia y mi misión era la de ayudar a cumplirse los deseos de la gente que había sido puesta bajo nuestra protección – comenzó a contar mientras los dos críos se acercaban y tomaban asiento en el suelo mirándola fascinados mientras hablaba – La misión que me fue asignada fue la de ayudar a cumplirse el deseo de una doncella que había pedido el amor de un caballero de una lejana ciudad a la suya. Le había conocido en un torneo y su corazón quedó prendado de él. Yo tenía que llegar hasta el caballero y ayudarle a sortear todos los peligros que iban surgiendo en su camino para conseguir a la dama. Todo fue bien o así lo creí. Le ayudé en todos los obstáculos que se nos presentaron y le llevé a presencia de la doncella pero cuando se supone debía pedir su mano, el caballero pidió disculpas y dijo que no era posible celebrar esa boda porque se había enamorado de mi y ya no quería a la doncella.
          . – ¿ Y tu que culpa tenías de eso? – inquirió con extrañeza Luis.
          . – Mucha. Mi deber era estar cuando él estuviese en apuros y desaparecer una vez se habían solucionado pero la charla con el caballero era muy grata para mi y se quejaba que el camino era largo y mi compañía aliviaba las horas de soledad – Iridia suspiró con tristeza – Cuando fui juzgada por el consejo dijeron que yo había sido la culpable por mi veleidoso comportamiento. Mi forma de actuar fue la causante del sentimiento que se despertó en él por las excesivas horas que le acompañé.

          . – ¿ Y tu que sentías por el caballero? – preguntó Berta ¿ Le amabas?
          . – No es un sentimiento para las hadas. Lo que llamáis amor no podemos sentirlo. Pero era muy agradable su compañía y conversación. No pensé que seguir mis deseos tuviese tan graves consecuencias.
          . – De acuerdo que fastidiaste el plan de la doncella pero no creo que la falta sea tan grave como para encerrarte en ese cristal por siglos.
          . – La doncella se quedó sin marido y era el predestinado, él se quedó sin la esposa con la que pudo ser feliz y sin mi porque no era posible – el hada hizo un gesto de pesadumbre – El castigo era justo. Se me encerró en ese cristal hasta que alguien pidiese de corazón un deseo – fijó una mirada dulce en Berta – Es lo que has hecho tu hace un momento. Supongo que mis hermanas jamás pensaron que el castigo sería tan largo ni que el mundo hubiese cambiado tanto cuando fuese liberada.

Continuará...

sábado, 29 de mayo de 2010

El hada en el cristal, ( IV)


Al día siguiente, las horas de colegio se les hizo eternas. Ambos niños no podían dejar de pensar en el descubrimiento que habían hecho y estaban deseosos de poder volver a la gruta.

Ayudaron a la abuela tras el almuerzo a recogerlo todo y al abuelo a ordeñar las vacas. Salieron a la carrera en dirección a los restos de bosque apenas terminaron todo.
Los dos hermanos acariciaban el cristal sin dejar de observar la forma humanoide.

             . – Si fuese un hada podríamos pedir un deseo – exclamó de pronto Berta.
             . – No da la impresión de estar en condiciones de otorgar deseos hermanita – respondió Luis que pese a ser dos años menor siempre se decía más realista que su hermana – Y aún suponiendo que fuese un hada ¿ Cómo ha llegado al interior de ese cristal? ¿ Porque está ahí?.

             . – No sé Luis, quizá es una forma de hibernación. Da la impresión de estar dormida. ¿ Crees que podríamos romper el cristal y liberarla?.
El chico se encogió de hombros y ambos intentaron sin éxito romper la roca trasparente golpeando con piedras. Nada, ni una muesca saltó del cristal.

              . – Esto tiene que ser algo mágico – dijo agotada la niña – No olvidemos que es un hada.
              . – Eso es lo que tu crees Berta. Podría ser una extraterrestre.
              . – No digas tonterías Luis. Es un hada.
El chico se encogió de hombros y fue a sentarse en una roca. Berta siguió acariciando el cristal.
              . – Si eres un hada y puedes conceder deseos – dijo de pronto Berta – Te pido que mis abuelos no pierdan la granja, por favor.

Luis movió la cabeza negando incrédulo al oír la petición de su hermana pero la giró intrigado hacia el cristal al ver a la niña retroceder asustada. Fue incorporándose poco a poco. El interior se había enturbiado con una espacie de humo y ya no se distinguía ninguna forma. Los dos cayeron al suelo gritando cuando pareció explotar. Un denso humo azul lo envolvía todo cuando volvieron a levantarse. Se abrazaron asustados al ver emerger de la bruma azulada una forma femenina que avanzaba hacia ellos.

Luis tragaba saliva mientras intentaba pensar que hacer si esa figura que se acercaba era hostil. Berta sin embargo, fue soltándose de su hermano y esperó con interés que la forma humana se acercase a ellos.

Dio un paso atrás cuando desplegó las alas. Eran inmensas casi del tamaño del cuerpo y Berta pensó que media tanto como el abuelo, más de un metro setenta. Tenía una cara resplandeciente, rostro anguloso y nacarado, ojos de un marrón dorado y un larguísima melena del mismo tono de los ojos que ahora les miraba con curiosidad. Luis tenía razón, el vestido parecía de época, en tonos dorados y brocados adornados de pedrería. Las alas multicolores estaban llenas de transparencias iridiscentes.

Continuará...

viernes, 28 de mayo de 2010

El hada en el cristal, (III)


Luis y Berta la examinaban de arriba abajo.
                     . – ¿ Crees que es de verdad? – preguntó Luis.
                     . – Claro que es de verdad, ¿ Quien iba a tener interés en colocar un muñeco dentro de un cristal como ese? Además estaba incrustada en la pared de la cueva. A saber el tiempo que lleva ahí. Puede tener miles de años.

                    . – No creo que tantos – señaló el niño – Observa su vestido. En el colegio nos han puesto un documental de la época medieval y se parece bastante.

                    . – Tiene el cabello muy largo, ayúdame a quitar las piedras que aún hay detrás Luis. Parece que tiene algo en la espalda.
El chico siguió las indicaciones de la hermana y la siguiente media hora estuvieron sacando el resto de las piedras que les permitía ver la figura desde todos los ángulos.
                  . – Son alas Luis – gritó asombrada Berta – Lo que sale de su espalda y asoma bajo el pelo son alas de colores. Tienen transparencias.
                    . – Eso no puede ser – exclamó el niño arrugando la frente con incredulidad sin dejar de mirar la figura – No existen seres así.
                   . – A no ser un hada.
                   . – Las hadas no existen Berta.
                   . – Pues este ser tiene que ser un hada – afirmó con seguridad – No puede ser otra cosa.

Ambos notaron la bajada en la intensidad de la luz y levantaron la vista hacia el hueco del techo de la gruta.
                 . – Está anocheciendo, ya se ha ocultado el sol Luis. Será mejor que regresemos a casa. Mañana volveremos.

El niño asintió y caminaron juntos hacia la salida de la cueva.
Estaban llegando a la granja cuando vieron a un par de hombres con trajes y corbata en la puerta hablando con el abuelo.

                 . – Puede hacer lo que quiera – decía uno de ellos al anciano – pero yo le recomendaría aceptar la oferta. La indemnización cuando le expropien será menor de esa suma. No lo dude.
El abuelo despidió con malos modos a los dos tipos y éstos subieron a su coche y se perdieron por el camino.
Los dos preguntaron que querían pero solo recibieron un gruñido del anciano que le instó a entrar en casa y ayudar a poner la mesa. Le vieron alejarse y entrar en el corral del ganado.

La cena fue silenciosa y los dos hermanos espiaron la conversación de los abuelos después de dar las buenas noches y fingir que se iban a dormir.
La misma que escucharan días atrás. La multinacional presionaba para obligarle a vender y en esta ocasión dejaba claro que terminarían expropiándole.

Continuará....

¡¡¡Gracias por los dos premios!!!

Gracias a Patokata de Temas que importan y mas.. por el premio Dardo y blog de oro a este blog y a Leny de Cuenta Conmigo por el mismo premio a mi blog Escribe Mariant..

Como es costumbre tengo que regalarlo a 15 blogs que considere merecedores de él, y mis elegidos son:

   Rosa de    Revista LiterariaRosaArte    http://rosaperezrepullo.blogspot.com/ 
  Lidia de      Precisamente de lo que no se habla  http://deloquenosehabla.blogspot.com

Ornella de Ladridos humanoshttp://ladridoshumanos.blogspot.com  Pamela Jane por La semilla que brota de mi corazón, http://pamelapoemas.blogspot.com
  Fabiana de  Gotas blancas,
http://gotasblancas.blogspot.com/
jefhcardoso http://jefhcardoso.blogspot.com
Santiago de Entre letras y luces vagabundas http://entreletrasylucesvagabundas.blogspot.com
Asaysa de Poesía de Asaysa Heras
http://asaysa.blogspot.com/

 Gustavo de El abrelatas del universo http://elabrelatasdeluniverso.blogspot.com/
  July de AQUI NUNCA LLEGARAS TARDE...
http://aquinuncallegarastarde.blogspot.com/
Maria Teresa de Ni un puntito somos en el universo
http://niunpuntitosomoseneluniverso.blogspot.com
Davinia de El lugar de Davinia
http://ellugardedavinia.blogspot.com/
Mónica de El poder de la naturaleza
http://cocinasolares.blogspot.com
Alexa por Hadas y mas..

http://miamorenelaire.blogspot.com/
Geraldine por En el estilo de Geraldine
http://enelestilodegeraldine.blogspot.com/

Espero que todos los designados se sientan tan emocionados como yo me he sentido al recibir dos premios llevando tan poco tiempo por aquí.
Informo por si se han encontrado tan despistada como yo que al recibir el premio hay que además de colocarlo en el blog, insertar un enlace de la persona que lo ha entregado. Ha sido un honor designar estos ganadores.

lunes, 24 de mayo de 2010

El hada en el cristal, (II)

Un ruido alertó al niño que se puso en tensión espiando la dirección, sin duda era Berta. En efecto, su hermana apareció tras una curva del terreno, pasó a su lado sin percatarse de su presencia y encaminó sus pasos hacia la pared de la cima del montículo cubierta por una alta vegetación. Con asombro Luis vio como apartaba estos y desaparecía.


Espero unos segundos y salió del escondite. Repitió la maniobra de su hermana. Había una cavidad angosta en la roca de no más de un metro de diámetro. Asomó la cabeza con desconfianza, el interior aparecía oscuro pero podía escuchar los pasos de su hermana internándose en la gruta. Se agachó y entró con precaución y casi pierde el equilibrio con la ligera pendiente descendente y las piedras en la entrada. Sospechó que esa entrada se había producido por un derrumbamiento, él había jugado muchas veces por ese lugar y a pesar de estar medio oculto por la vegetación se habría dado cuenta de la existencia de esa cueva. Avanzó despacio, ya no oía las pisadas de su hermana. Unos pasos más allá el suelo se estabilizaba y Luis vio delante una luz que fue iluminando el camino a medida que se acercaba. La gruta también se ensanchaba, el techo era ahora más alto. Levantó la cabeza y comprobó que en muchos sitios colgaban estalactitas. El ruido de piedras lanzadas le apartó de la contemplación del lugar y aligeró el paso en dirección al sonido. Al doblar un recodo la cueva lucia en todo su esplendor, con un espacio de más de 60 o 70 metros cuadrados de forma irregular. La luz entraba a través de un hueco en el techo de varios metros. Desvió la mirada hacia la figura de su hermana que ocupada en escarbar y retirar piedras en un rincón aún no se había percatado de su presencia.
                  . – Berta ¿ Qué haces? – preguntó provocando un sobresalto en la niña que se volvió asustad
                  . – ¿ Cómo has llegado hasta aquí? – dijo a su vez mientras se limpiaba las manos de tierra.
                  . – Te he seguido. Preguntaba de donde venías y no decías nada ¿ Qué haces? ¿ Que es eso?.

Luis fue acercándose despacio, a espaldas de su hermana, medio incrustado en la pared distinguía algo que parecía un inmenso cristal de roca de casi dos metros con colores en su interior.
                  . – Esta bien – dijo Berta – ya que estas aquí podrás echarme una mano pero promete que no contarás a nadie nada de esto.
                  . – Te lo prometo – añadió el crío tratando de acercarse – pero ¿ Que es?.
                  . – No lo sé muy bien, por eso quiero sacarlo de ahí. Creo que lo ha dejado al descubierto un desprendimiento, igual que la entrada de esta cueva. Antes no estaba. Es como un cristal de roca pero creo que hay una figura humana en el interior.
                 . – ¿ Qué dices? ¿ En serio?.

Luis trató de ver el interior limpiando el cristal con la manga pero Berta tiró de él hacia atrás.
                 . – Deja eso ahora. Habrá tiempo. Tenemos que terminar de dejar al descubierto todo el cristal, aún está medio incrustado en la piedra. Cuando esté libre lo veremos mejor.

Luis siguió las indicaciones de su hermana y durante un rato estuvo retirando piedras hasta que hizo un alto y dijo que se le había ocurrido una idea. Trepó sobre el montículo y usando una piedra plana la introdujo en una rendija de la pared sobre el cristal y con otra la golpeó con fuerza varias veces.

Berta ahogó un grito al ver caer a su hermano con la avalancha de piedras que provocó un pequeño desprendimiento. Luis se levantó al tiempo que se sacudía diciendo que se encontraba bien, levantó la vista y señaló con asombro hacia la pared. El cristal había quedado totalmente al descubierto y en efecto una figura humana de mujer se perfilaba a través del cristal ahora que la luz entraba desde varios puntos.

Continuará....

viernes, 21 de mayo de 2010

El hada en el cristal, ( I)



Luis buscó acomodo entre los matorrales que le ocultaban a la vista, Berta no tardaría en aparecer. Era en ese punto donde su hermana se perdía. Desde hacía una semana Berta, antes tan reacia a dejar sin terminar la tarea del colegio salía de casa en dirección a los restos de bosque que quedaba tras el devastador incendio sucedido tres años antes. Los abuelos con quienes convivían tras la muerte de sus padres, unos meses antes del incendio, sospechaban que fue provocado y el hecho de no haber sido repoblado les reafirmó. Eso unido a la presión que estaban recibiendo sus abuelos y varios granjeros más para vender las tierras a una multinacional que había adquirido los terrenos quemados para construir un parque de atracciones, terminaron de confirmar las sospechas.

La presión era tremenda a los tres granjeros que aún resistían, entre ellas su granja. Luis recordó la conversación que Berta y él espiaron de sus abuelos, la abuela argumentaban que era mejor aceptar la oferta y marchar a la ciudad. Las tres granjas quedaban aisladas en mitad de lo que sería aparcamientos y centro comercial del proyecto. Era imposible intentar resistir y tarde o temprano la multinacional conseguiría una orden de expropiación en nombre del interés general que suponía el número de empleos que se iban a crear. Un beneficio para la cercana ciudad que se recortaba en el horizonte.

Berta estaba extraña desde que escucharon la conversación de los dos ancianos, a Luis no le sorprendía. Su hermana de trece años y él buscaron consuelo a la perdida de sus padres en la vida de la granja, antes de eso los dos eran niños de ciudad y la propiedad de los abuelos era solo visitas de fines de semana pero el día a día en ese lugar, la colaboración en los trabajos y la relación con la vida del campo y los animales fue lo mejor que les pudo ocurrir tras la tragedia.

Berta le había comentado tras escuchar esa conversación que la abuela siempre había dicho que el abuelo lejos de sus tierras no sobreviviría. Eso fue dos días antes de que su hermana mayor comenzase a ausentarse y volviese dos o tres horas después sin decirle nada cuando él preguntaba.

Decidió seguirla pero siempre desaparecía en el punto que observaba ahora medio oculto por un arbusto. Esta vez averiguaría que se traía Berta entre manos. Luis miró a su izquierda, podía divisar sin dificultad la línea que marcaba hasta donde llegó el incendio, casi milagrosamente, como si la naturaleza quisiese hacer una compensación por la perdida de vida, el lado donde él se encontraba había redundado su esplendor a pesar de encontrarse en un altozano de roca caliza poblado solo por algunos árboles diseminados que en estos últimos años habían sido abrigados por un exuberante sotobosque.

Continuará...

lunes, 17 de mayo de 2010

Amor errado ( V ) Final.


Al día siguiente.
Sofía acompañada de su prima Enma entró en el jardín mirando a un lado y al otro el ajetreo de policías y sanitarios que arrastraban a una mujer debatiéndose y gritando hacia una ambulancia aparcada en la puerta.
La mujer fijó sus ojos en ella y cesó en los gritos, acusando en su rostro un gesto aterrado.
Intentó decir algo pero el servicio médico la empujó hacia el vehículo sanitario y Sofía sólo pudo ver sus ojos extraviados antes de cerrarse las puertas. Suspiró con indiferencia y se volvió hacia su prima que la miraba con una sonrisa.
Un hombre de unos cincuenta y tantos que en ese momento salía por la puerta principal tendió la mano hacia ella.
                      . – Señora Martos, soy el inspector Rosales. Es un placer conocerla.
Sofía cambió la frialdad de sus ojos por una de desconcierto ante el hombre que le estrechaba la mano.

                      . – ¿ Qué ha ocurrido inspector? ¿ Qué es todo este jaleo?.

                    . – No se como decírselo señora, y más aún después de la experiencia que ha pasado usted tan traumática.

                    . – Por favor inspector.

                    . – Su marido ha aparecido muerto. Cayó desde el balcón que hay sobre el acantilado.
Sofía se llevó las manos a la boca en un gesto compungido mientras su prima a su lado pensaba que nunca imaginó esas dotes de actriz en ella.
Se dejó conducir al interior y aceptó la bebida que le proporcionó el policía para que se tranquilizase mientras escuchaba el relato del funcionario sobre lo que había sucedido esa noche en su casa.
Lamentaba ser portador de tan malas noticias pero al parecer su marido tenía una aventura con su enfermera, la mujer que había visto entrar en la ambulancia. Lo había confirmado el personal de servicio al ser interrogado esa mañana cuando al llegar descubrieron el cadáver y a la mujer histérica.
No tenían muy claros los hechos porque esa mujer no decía más que incoherencias. Hablaba se hechos sobrenaturales, de un hombre con alas que apareció en el balcón y como Miguel se había precipitado al vacío intentando huir de él.
Imaginó que había tomado algún tipo de droga alucinógena o que la noticia de su aparición tras un mes de amnesia que supuso sería el corte de su relación la llevó a matar a su amante y después inventar una historia fantástica con el fin de que la declarasen loca.

                  . – Supongo que debe ser muy triste para usted comprobar que tan sólo un mes de lo que se creyó su muerte su marido tuviese una relación – el inspector se sentó a su lado en el amplio sofá – algunos hombres suelen tener reacciones extrañas ante las tragedias e imagino que perder a una esposa en la luna de miel debe ser difícil de digerir. Siempre hay mujeres dispuestas a consolar y más como en este caso un viudo rico y apuesto. Imagino que cuando usted le comunicó su aparición él citó a la mujer para comunicar la ruptura y se desencadenó esta desgracia. Crea que lo siento mucho.

                . – Gracias inspector – Sofía hizo un esfuerzo por intentar mantener un ánimo alicaído tras las palabras del policía – Esto es terrible. Es como si mi matrimonio hubiese estado maldito. Primero mi accidente cayendo del barco que me hizo perder la memoria y cuando al fin la recupero y puedo regresar a casa con mi esposo encuentro esto.
Esquivó el gesto incrédulo de su prima y posó la mano sobre la del inspector.

              . – No se preocupe por mí, quiero saberlo todo. ¿ Que cuenta esa mujer?  ¿ Que ser alado es ese?.
Escuchó con atención el relato de los hechos del policía.
            . – Ignoro si tiene usted razón inspector sobre si esa mujer está intentando hacerse pasar por loca, no sé de donde ha sacado la fantasía del ser que describe – Sofía hizo un gesto de duda – Si es una defensa creo que es pésima.

                  . – Creo saber donde se ha inspirado para esa tontería – añadió el inspector como aclaración – En la estatua que tiene en el fondo del jardín.
Sofía hizo un gesto de ignorancia comentando a continuación que no tenía idea a que se refería. Ella no recordaba ninguna estatua en el jardín de la casa.
El funcionario se levantó y les indicó a las dos mujeres que le siguiesen hacia el jardín que rodeaba la casa, se internó hacia una zona espesa y señaló una gran estatua de casi dos metros que representaba a un hombre de cabello largo, semidesnudo y con alas que se alzaba en un claro.

              . – Si – afirmó el policía – Supongo que fue esta figura la que inspiró esa fantasía que dice. Si no la ha visto antes imagino que fue su esposo quien la colocó ahí durante su ausencia – se volvió hacia Sofía extendiendo su mano – No creo que pueda convencer al juez con una historia como esa. En fin, no la molesto más. Crea que lamento como ha terminado su matrimonio señora.
El funcionario estrechó las manos de ambas y se alejó, Enma se volvió a su prima que continuaba mirando la estatua tras despedir al policía.

                . – Así que éste es él – dijo mirando la estatua – Reconozco que me pareció una historia alucinante cuando me la contaste hace unos días en Grecia, casi no podía creerla. Claro que era la única explicación a que pudieras salvarte del plan de ese canalla. Lo había planeado bien – Enma levantó la vista para mirar de nuevo la imponente figura de piedra – pero si me cabía alguna duda el final de ese desgraciado y el que tendrá la sinverguenza de su amante me ha confirmado lo sobrenatural de todo esto.
Enma giró en torno a la gran estatua admirando el increíble detalle y perfección que coincidía con la descripción que le había dado Sofía del ser que la había salvado de la muerte cuando Miguel la arrojó del barco.

            . – No consigo entender en qué momento enviaste la estatua aquí – inquirió Enma con curiosidad – Desde que me llamaste de Grecia hace dos semanas diciendo que estabas viva no me he separado de ti.

            . – No he sido yo prima – dijo tranquila Sofía tomando asiento en el pequeño muro que cercaba el jardín bordeando el acantilado – No tenía ni idea de su presencia aunque si me comunicó que tomaría venganza por mi sin más detalles, supongo que ha tomado la decisión de quedarse en este lugar – sonrió con satisfacción – Y a mi me parece bien. Ha hecho una gran elección, este rincón es perfecto. Desde aquí se divisa el mar, siempre fue uno de mis rincones favoritos junto con el balcón del acantilado – no pudo evitar una sonrisa – Es curioso que Miguel cayese precisamente desde allí.

           . – Espero que ese maldito se diera cuenta antes de morir de la mala suerte que ha seguido su plan de quitarte de enmedio – afirmó sonriente Enma.

           . – O la buena suerte que tuve yo cuando él decidió arrojarme al mar precisamente donde se hallaba un santuario sumergido dedicado a Anteros, el vengador del amor no correspondido.



Mariant Íberi.


Amor errado, de “ Cuentos mágicos y sobrenaturales”.

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