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lunes, 17 de mayo de 2010

Amor errado ( V ) Final.


Al día siguiente.
Sofía acompañada de su prima Enma entró en el jardín mirando a un lado y al otro el ajetreo de policías y sanitarios que arrastraban a una mujer debatiéndose y gritando hacia una ambulancia aparcada en la puerta.
La mujer fijó sus ojos en ella y cesó en los gritos, acusando en su rostro un gesto aterrado.
Intentó decir algo pero el servicio médico la empujó hacia el vehículo sanitario y Sofía sólo pudo ver sus ojos extraviados antes de cerrarse las puertas. Suspiró con indiferencia y se volvió hacia su prima que la miraba con una sonrisa.
Un hombre de unos cincuenta y tantos que en ese momento salía por la puerta principal tendió la mano hacia ella.
                      . – Señora Martos, soy el inspector Rosales. Es un placer conocerla.
Sofía cambió la frialdad de sus ojos por una de desconcierto ante el hombre que le estrechaba la mano.

                      . – ¿ Qué ha ocurrido inspector? ¿ Qué es todo este jaleo?.

                    . – No se como decírselo señora, y más aún después de la experiencia que ha pasado usted tan traumática.

                    . – Por favor inspector.

                    . – Su marido ha aparecido muerto. Cayó desde el balcón que hay sobre el acantilado.
Sofía se llevó las manos a la boca en un gesto compungido mientras su prima a su lado pensaba que nunca imaginó esas dotes de actriz en ella.
Se dejó conducir al interior y aceptó la bebida que le proporcionó el policía para que se tranquilizase mientras escuchaba el relato del funcionario sobre lo que había sucedido esa noche en su casa.
Lamentaba ser portador de tan malas noticias pero al parecer su marido tenía una aventura con su enfermera, la mujer que había visto entrar en la ambulancia. Lo había confirmado el personal de servicio al ser interrogado esa mañana cuando al llegar descubrieron el cadáver y a la mujer histérica.
No tenían muy claros los hechos porque esa mujer no decía más que incoherencias. Hablaba se hechos sobrenaturales, de un hombre con alas que apareció en el balcón y como Miguel se había precipitado al vacío intentando huir de él.
Imaginó que había tomado algún tipo de droga alucinógena o que la noticia de su aparición tras un mes de amnesia que supuso sería el corte de su relación la llevó a matar a su amante y después inventar una historia fantástica con el fin de que la declarasen loca.

                  . – Supongo que debe ser muy triste para usted comprobar que tan sólo un mes de lo que se creyó su muerte su marido tuviese una relación – el inspector se sentó a su lado en el amplio sofá – algunos hombres suelen tener reacciones extrañas ante las tragedias e imagino que perder a una esposa en la luna de miel debe ser difícil de digerir. Siempre hay mujeres dispuestas a consolar y más como en este caso un viudo rico y apuesto. Imagino que cuando usted le comunicó su aparición él citó a la mujer para comunicar la ruptura y se desencadenó esta desgracia. Crea que lo siento mucho.

                . – Gracias inspector – Sofía hizo un esfuerzo por intentar mantener un ánimo alicaído tras las palabras del policía – Esto es terrible. Es como si mi matrimonio hubiese estado maldito. Primero mi accidente cayendo del barco que me hizo perder la memoria y cuando al fin la recupero y puedo regresar a casa con mi esposo encuentro esto.
Esquivó el gesto incrédulo de su prima y posó la mano sobre la del inspector.

              . – No se preocupe por mí, quiero saberlo todo. ¿ Que cuenta esa mujer?  ¿ Que ser alado es ese?.
Escuchó con atención el relato de los hechos del policía.
            . – Ignoro si tiene usted razón inspector sobre si esa mujer está intentando hacerse pasar por loca, no sé de donde ha sacado la fantasía del ser que describe – Sofía hizo un gesto de duda – Si es una defensa creo que es pésima.

                  . – Creo saber donde se ha inspirado para esa tontería – añadió el inspector como aclaración – En la estatua que tiene en el fondo del jardín.
Sofía hizo un gesto de ignorancia comentando a continuación que no tenía idea a que se refería. Ella no recordaba ninguna estatua en el jardín de la casa.
El funcionario se levantó y les indicó a las dos mujeres que le siguiesen hacia el jardín que rodeaba la casa, se internó hacia una zona espesa y señaló una gran estatua de casi dos metros que representaba a un hombre de cabello largo, semidesnudo y con alas que se alzaba en un claro.

              . – Si – afirmó el policía – Supongo que fue esta figura la que inspiró esa fantasía que dice. Si no la ha visto antes imagino que fue su esposo quien la colocó ahí durante su ausencia – se volvió hacia Sofía extendiendo su mano – No creo que pueda convencer al juez con una historia como esa. En fin, no la molesto más. Crea que lamento como ha terminado su matrimonio señora.
El funcionario estrechó las manos de ambas y se alejó, Enma se volvió a su prima que continuaba mirando la estatua tras despedir al policía.

                . – Así que éste es él – dijo mirando la estatua – Reconozco que me pareció una historia alucinante cuando me la contaste hace unos días en Grecia, casi no podía creerla. Claro que era la única explicación a que pudieras salvarte del plan de ese canalla. Lo había planeado bien – Enma levantó la vista para mirar de nuevo la imponente figura de piedra – pero si me cabía alguna duda el final de ese desgraciado y el que tendrá la sinverguenza de su amante me ha confirmado lo sobrenatural de todo esto.
Enma giró en torno a la gran estatua admirando el increíble detalle y perfección que coincidía con la descripción que le había dado Sofía del ser que la había salvado de la muerte cuando Miguel la arrojó del barco.

            . – No consigo entender en qué momento enviaste la estatua aquí – inquirió Enma con curiosidad – Desde que me llamaste de Grecia hace dos semanas diciendo que estabas viva no me he separado de ti.

            . – No he sido yo prima – dijo tranquila Sofía tomando asiento en el pequeño muro que cercaba el jardín bordeando el acantilado – No tenía ni idea de su presencia aunque si me comunicó que tomaría venganza por mi sin más detalles, supongo que ha tomado la decisión de quedarse en este lugar – sonrió con satisfacción – Y a mi me parece bien. Ha hecho una gran elección, este rincón es perfecto. Desde aquí se divisa el mar, siempre fue uno de mis rincones favoritos junto con el balcón del acantilado – no pudo evitar una sonrisa – Es curioso que Miguel cayese precisamente desde allí.

           . – Espero que ese maldito se diera cuenta antes de morir de la mala suerte que ha seguido su plan de quitarte de enmedio – afirmó sonriente Enma.

           . – O la buena suerte que tuve yo cuando él decidió arrojarme al mar precisamente donde se hallaba un santuario sumergido dedicado a Anteros, el vengador del amor no correspondido.



Mariant Íberi.


Amor errado, de “ Cuentos mágicos y sobrenaturales”.

jueves, 13 de mayo de 2010

Amor errado ( IV )

Ella asintió pero antes de llegar al sofá el sonido de otra puerta cerrándose de golpe la hizo volverse sobresaltada hacia el corredor.

Miguel miró hacia la terraza. Las plantas que la adornaban permanecían quietas y nada indicaba viento. No como para esos portazos. Prefirió no compartir su preocupación con su compañera aunque se reafirmó aún más que algo estaba pasando.
Trató que Silvia permaneciera en el salón pero ella con gesto asustado negó con la cabeza.
Salieron al corredor de nuevo, esta vez alumbrado sólo por la luz procedente del salón.
De nuevo los cuatros ventanales volvieron a abrirse de golpe provocando en Silvia un grito y se aferró con fuerza al brazo de Miguel.
             . – ¿ Qué está pasando? – interrogó ella temblorosa.

No supo que contestar. Fue cerrando una a una todas las ventanas y al llegar a la última, de nuevo el portazo en el fondo del pasillo de los dormitorios.
Miguel titubeó unos segundos acuciado por un temor que le encogía el estómago. Calmó la respiración, buscó una linterna de un mueble del hall y seguido de la mujer se internó en el pasillo en dirección a la habitación de Sofía, estaba seguro que había sido allí.
Abrió la puerta con lentitud enfocando a la ventana y en efecto el haz de luz iluminó el baile de las cortinas. Cerró la ventana con rabia y se dirigía a la puerta donde parada esperaba Silvia cuando iluminó con la linterna en la cara de su compañera una expresión de terror. Siguió la dirección de ésta y un escalofrío le recorrió la espalda.
Sobre la cama, hecha un ovillo había una red húmeda sobre la delicada colcha de seda.
Una red sin flotadores y con plomos en uno de los lados.
No podía ser la misma donde él envolvió el cuerpo de Sofía, eso era imposible.
Empujó fuera de la habitación a la mujer que paralizada seguía con la vista fija en la red sobre la cama y cerró a sus espaldas.

Enfocó con la linterna el camino de vuelta al salón con la respiración cada vez más agitada, casi a punto de llegar de nuevo volvieron a abrirse las ventanas del corredor arrancando un grito a la mujer que se pegó a la pared aterrorizada, esta vez no se detuvo a cerrarlas y tirando del brazo de Silvia - tan asustado como ella- la empujó hacia el salón.
Pasó nervioso las manos por el pelo mientras la mujer asía con las dos manos el vaso de licor y daba pequeños sorbos tratando de tranquilizarse.
             .- No sé que está pasando Miguel, ¿ de donde ha salido esa red? ¿ crees que puede ser la que...?
             . – No, claro que no. Aún suponiendo que alguien me hubiese visto arrojar a Sofía del barco y hubiese rescatado el cadáver no tiene lógica que apareciera un mes después de los hechos. Si buscaba dinero no tenía necesidad de esa escena tan melodramática de colocar la red en la cama pero por otro lado es la única explicación – miró de frente a la mujer sentada en el sofá – quizá van a chantajearnos Silvia – añadió deseando que fuese esa la explicación a lo que estaba pasando. Era preferible eso a la idea que había intentado decir Silvia.
               . – Si fuese así se habrían puesto en contacto con nosotros, lo que está ocurriendo no tiene lógica a no ser que sea..
                . – Eso es una estupidez – contestó alterado - ¿ Pretendes decir que una muerta ha vuelto para vengarse?.
                . –Tiene más lógica mi historia que la tuya y explica todo lo que está ocurriendo.

Dio la espalda y se apoyó en el mueble bar tras servirse otro vaso. Ninguna de las dos teorías tenía lógica.
Si alguien le había visto, tuvo que seguirle para averiguar quien era y después volver para sacar el cadáver y rescatar la red. Si era así no tenía sentido este numerito. Bastaba ponerse en contacto.
Volvió a dar otro sorbo, notaba la boca reseca al pensar en la posibilidad apuntada por Silvia. Él no creía en espíritus. No era posible que Sofía hubiese vuelto del más allá para atormentarle.
De espaldas a la mujer, pensó en las ventanas del corredor que se habían abierto a la vez después de cerrarlas. El fallo de las luces. Negó con la cabeza, no podía ser una causa sobrenatural. Se inclinó por la primera teoría aunque sin comprender porque el chantajista se había tomado tantas molestias antes de sus exigencias.
Recordó la posición del barco, allí no había nadie. El yate que habían alquilado estaba equipado con un sofisticado equipo de radar. Hubiera detectado cualquier embarcación por pequeña que fuera y él se aseguró que no hubiese nadie cerca cuando detuvo los motores.
Nadie pudo ver como arrojaba el cuerpo. Confuso apuró el ultimo trago de la copa antes de volverse hacia la mujer que con cara aterrada continuaba encogida en el sofá.

Buscaba en su mente las palabras para tranquilizarla cuando las luces del salón parpadearon un par de veces y la estancia quedó sumida en la oscuridad. Sus músculos se tensaron hasta el dolor. Notaba el sudor empapándole la ropa que no evitaba el temblor provocado por un frío procedente de su interior.
Sólo percibió el gemido de Silvia mientras con sólo la suave luz de la luna que entraba por el ventanal apenas podía distinguirla ovillada en el mismo sitio.
Casi le dolían los dedos de la fuerza con que apretaba el vaso vacío que de no ser un grueso cristal de bohemia posiblemente se habría roto por la presión.
Permanecía con todos los músculos en alerta incapaz de acudir en consuelo de la mujer que gemía asustaba.
Algo iba a suceder, quien o qué había preparado eso - ya no estaba tan seguro que la teoría de Silvia no fuese cierta - mostraría su siguiente carta. Que pretendía con todo esto.
Emitió un sonido indicando a la mujer silencio mientras sus cincos sentidos se concentraban atentos.
Giró la cabeza hacia el balcón abierto, un ligero roce, como el batir de alas, procedía de allí.
Desconcertado por la procedencia – esperaba que fuese en el fondo de la casa de nuevo – caminó con sigilo hacia el ventanal mientras le indicaba a Silvia que permaneciese donde estaba.
Salió a la terraza con paso vacilante mirando a un lado y al otro, buscando entre las numerosas plantas el origen del sonido, se acercó a la baranda y retrocedió aterrado. Una forma humana alada flotaba ante él.
Silvia se llevó las manos a la boca para ahogar un grito al ver desde donde estaba esa forma flotando en el aire frente a Miguel. Hubiese querido gritar ante la presencia de un ser con apariencia de hombre pero con enormes alas que había surgido de la noche.

No fue capaz de reaccionar paralizada por el miedo cuando vio a Miguel retroceder ante la forma que una vez posado en la terraza avanzaba hacia él. Acorralado por la baranda le vio precipitarse al vacío sin poder mover un solo músculo. Aterrorizada no podía apartar los ojos de ese ser extraño que ahora parado en mitad de la terraza la miraba fijamente con sus brillantes ojos y plegaba sus alas de colores irisados a la luz de la luna.

Negaba con la cabeza una y otra vez cuando le vio ir hacia ella, incapaz de gritar, su atenazada garganta solo podía gemir temiendo el mismo destino de su amante.

Continuará...

lunes, 10 de mayo de 2010

Amor errado ( III )

Un mes después.


Miguel volvió a llenar la copa de Silvia y se la acercó hasta el sofá donde estaba ella reclinada. Tomó asiento a su lado y le pasó el vaso.
                  – ¿ Me pregunto cuando vas a redecorar la casa – dijo ésta señalando el cuadro de Sofía que presidía el salón.

                . – No hay prisa, no olvides que soy un afligido viudo que aún espera que encuentren el cuerpo de su mujer. Hay que guardar las apariencias y más con ese sabueso que es su prima Enma – explicó Miguel.

                . – ¿ Acaso influiría algo que cambies la decoración? – insistió ella saboreando su copa – ¿ Es que van a venir a inspeccionar la casa?.

               . – Enma sigue armando bastante ruido Silvia y aún queda mucho papeleo hasta que tome posesión de la herencia de mi difunta. No quiero que su prima tenga ningún argumento frente a las autoridades.

              . – Espero que sea pronto – dijo levantándose y caminando hacia la terraza. Se apoyó en la barandilla esperando a Miguel que la siguió – Estoy cansada de estar encerrada en esta casa.

Él levantó la cabeza hacia la luna llena y la fijó después en su reflejo en las tranquilas aguas, aspiró el aire con sabor a sal con fruición. Paseó la vista por el privilegiado paraje donde estaba situada la casa. Bajo ellos, en ese balcón suspendido sobre el acantilado, unas suaves olas morían contra las rocas en una noche plácida sin viento. Dejó vagar los recuerdos. Fue precisamente esa casa la que llamó su atención en unas vacaciones con Silvia dos años antes mientras daban un paseo en lancha por la costa.

Le informaron quien era la dueña y las circunstancias que la rodeaban en una fiesta a la que acudió días después y ella estaba presente. Fue suficiente esa noche para conocer la psicología de Sofía, siempre fue bueno catalogando mujeres. Fue fácil percibir la vulnerabilidad de esa rica heredera sin familia salvo una prima inseparable que siempre fue su mayor escollo. Tuvo la certeza desde que la conoció, que Enma, más aguda y desconfiada que la prima, adivinó sus intenciones. Sólo supuso más esfuerzo. Sofía era previsible para él.

Convenció a Silvia y entre los dos elaboraron el plan que había culminado hacia un mes. Ahora esa preciosa mansión en la isla de Mallorca era suya junto a varias casas más y la inmensa fortuna de su esposa.

                . – Es necesario la prudencia Silvia – contestó él – Ahora sólo quedan trámites pero conviene no llamar la atención. Si se supiese que estoy con alguien después de tan poco tiempo de la desaparición de mi mujer apoyaría la acusaciones que va vertiendo Enma por ahí. Serían dilaciones para entrar en posesión de mi herencia.

              . – Nuestra herencia – puntualizó Silvia – No lo olvides.

              . – Claro que no – respondió Miguel acariciando la larga melena rubia de la mujer – Planeamos esto juntos.

             . – No puedo creer que todo ha terminado. Reconozco que hubo muchos momentos que dudé que saliese bien.

            . – Estaba todo previsto Silvia, todo menos ese efecto extraño del narcótico. Fue desagradable la mirada fija de ella durante todo el tiempo. Tuve que hablarle para librarme de la inquietud que me provocaban esos ojos – suspiró alejando esos pensamientos volviendo a disfrutar del paisaje y se volvió hacia Silvia – No hay nada tan manejable como una mujer enamorada y Sofía se coló por mi desde el principio. Fue como conducirla de la mano – pasó la suya por la cintura de la mujer y la atrajo hacia él – ya no serás la mujer de un simple médico. Ahora todo esto nos pertenece.

Iba a besarla cuando un ruido procedente del fondo de la casa les hizo volver la cabeza a los dos.
No tenía servicio de noche. Era suficiente la servidumbre durante el día. Arrugó la frente preocupado. Era una casa golosa para los ladrones pese al buen sistema de alarma.

              . – Ha sonado como un portazo ¿ No? – dijo Silvia preocupada.
Miguel atravesó el salón y salió al amplio corredor seguido de ella. Las cuatro ventanas del mismo se abrieron de golpe sobresaltándoles. Miraron como se movían las suaves cortinas.

             . – No hace viento – susurró asustada la mujer a su espalda.
             . – Estarían mal cerradas y ha debido levantarse una brisa que las ha abierto. No pasa nada. Eso explica también el golpe que hemos oído.
Otro portazo sonó lejano en el fondo de la casa.
            . – Quédate ahí – indicó Miguel – Iré a ver que hay mal cerrado.

Fue cerrando las ventanas a medida que avanzaba por el corredor. Llegó al hall de la casa extrañado por ese repentino viento que no había notado en la terraza momentos antes. Oyó un crujido proveniente de la zona de dormitorios. Intentó encender las luces pero no funcionaban. Volvió la cabeza, a su espalda las luces del hall seguían encendidas.
           . – Se habrán fundido las bombillas – pensó antes de tersarse con el sonido de otra puerta. Era el dormitorio de Sofía.
No había entrado en él desde que volviera, incluso le pidió a Silvia que no volviese a hacerlo cuando la vio con un vestido de la mujer que arrojó del barco. No sabría explicar porque, quizá algún cargo de conciencia o que ver a Silvia con las pertenencias personales de la muerta le molestaba pero lo cierto es que no se había acercado a esa habitación desde que volvió.
Abrió la puerta e intentó encender la luz del dormitorio, tampoco funcionaba y se dijo que una fase del conmutador general estaría fallando.
Las cortinas se movían suavemente. La ventana estaba abierta.
La mujer de la limpieza fue la explicación que encontró. Era raro porque él había dicho que no había que limpiar allí pero estaba claro que el servicio hacia lo que le daba la gana. Observó durante unos instantes la habitación a oscuras iluminada solo por la luz de la luna que se filtraba a través de los finos cortinajes. Cerró la ventana.
Llegó al hall y cuando recorría el corredor que conducía al salón los apliques se encendieron y apagaron varias veces hasta que quedar apagados definitivamente.
              . – Tiene que haber un fallo eléctrico – dijo al entrar en el salón y reunirse con la mujer – En los dormitorios no se encienden y acaban de apagarse los del corredor.
              . – Funcionaban bien – argumentó Silvia con gesto preocupado – Miguel he salido ahora a la terraza y continua la misma noche. No hace viento.
             . – Son rachas – intentó tranquilizar sin demasiada convicción. La verdad es que todo era demasiado extraño – Toma asiento, te serviré otra copa.

Continuará....

viernes, 7 de mayo de 2010

Amor errado ( II )

Miguel se acercó con algo grande en las manos, las escasas luces del barco y el poco campo de visión de su posición no permitía distinguir que era. Estaba extendiéndolo a su lado. Instantes después se inclinó sobre ella, empujó su cuerpo rodándolo y pudo ver de que se trataba.

Una red, con plomos en uno de los bordes. La fue envolviendo enganchando los plomos en los huecos de la red para fijarlos.

                 . – Tienes que quedar bien sujeta – dijo sin interrumpir lo que estaba haciendo – Espero que tarden meses o quizá no te encuentren nunca pero si lo hacen pensaran que quisiste nadar y quedaste enredada en una red perdida por los pescadores – dijo en un intento por calmar el desconcierto que sentía por el extraño comportamiento del hipnótico. Esos ojos abiertos le ponían nervioso.

Ahora, mientras él manipulaba la red donde la estaba envolviendo se preguntaba como no se dio cuenta de la frialdad de sus ojos azules que tan cálidos le parecieron siempre. Enma siempre dijo que tenía mirada de hielo.

                   . – No sé si puedes oírme. No entiendo que ha pasado y sé si estas consciente – sentía necesidad de oír su voz. Distraer la mente para apartarla de la fijeza de esa mirada – Aunque encontrasen rastros del medicamento es una excusa perfecta. Estuvimos bebiendo, me dormí tras la cena y cuando desperté te busqué por todo el barco – adoptó un tono compungido histriónico mientras explicaba – Intenté localizarte durante horas hasta que comprendí que o bien decidiste nadar o caíste por la borda atontada por la pastilla para dormir que te habías tomado. Las ultimas noches estabas nerviosa y te costaba conciliar el sueño, seguro que provocado por tu nuevo estado – pensó que se estaba dejando llevar por la verborrea debido a los nervios. Era absurdo porque pese a esos ojos abiertos, lo más seguro es que no se enterase de nada. Las pupilas no parecían reactivas. Respiró más tranquilo ante esa idea – Te buscarán por supuesto en la posición que teníamos antes, a bastante distancia de aquí. Mal sitio, zona de corrientes que sin duda te arrastraron lejos del barco – volvió a fijar los ojos en los suyos y sonrió satisfecho – Espero que no estés percibiendo todo esto.

Tampoco notó cuando le conoció esa sonrisa desagradable que le restaba atractivo. Nunca se dio cuenta. Nadie consigue disimular durante todo el tiempo pero no captó nada. Ella no, se dijo luchando contra las lágrimas que pugnaban por salir. Estaba demasiado ciega. Hubiese hecho cualquier cosa por el hombre que de esta forma tan fría la miraba ahora. No había tenido paciencia ni para esperar unos meses, iba a matarla durante su luna de miel.

Intentó gritar otra vez. Inútil de nuevo.

           . – Te aseguro que no era mi intención que vieses como me deshago de tu cuerpo – se detuvo de nuevo observando sus ojos fijos en él – no comprendo esta reacción ni sé si puedes ver – se aseguró que la red estaba bien sujeta antes de incorporarse – Es un buen plan y el hecho de que desaparezcas durante la luna de miel es perfecto. Tan obvio que alejará sospechas.



Fue arrastrándola hasta el borde tirando de las cuerdas.

             . – Si te encuentran y es difícil será porque tus restos se han soltado de la red con los movimientos del agua. Tu desconsolado viudo te dará un entierro digno no te preocupes y mientras te vas hundiendo piensa en mis años de gran vida junto a la mujer que quiero de verdad – se inclinó y la cogió del mentón acercando aún más la cara a la suya – ¿ Sabes? En realidad mereces este destino. No se puede ser una rica heredera sin apenas familia y ser tan crédula. Eras una tentación.

Tuvo el último gesto cínico al besar sus labios antes de empujar el bulto que formaba su cuerpo envuelto en la red.

Cayó al agua, supuso que estaba helada pero no sentía nada, salvo escozor en los ojos.

No quería respirar, tragaría agua y este era el único gesto de supervivencia que le quedaba mientras la oscuridad la iba envolviendo.

Mientras se hundía veía las luces del barco sobre ella. Vio que se quedaba quieta. Debía haber llegado al fondo y se dijo que no merecía la pena luchar por mantener la respiración. Tampoco podría hacerlo mucho más, ya notaba que le explotaban los pulmones. Unos minutos como mucho y todo habría terminado.

La débil luz del barco comenzó a alejarse. Miguel se marchaba dejándola a la muerte que no tardaría en llegar, ahora en una absoluta oscuridad.

¿ Y ese resplandor? Se preguntó al quedar de costado al agitarse las aguas, posiblemente provocado por los motores de la embarcación. Frente a ella se acercaba algo luminoso, el halo de luz iridiscente iluminó unas ruinas sumergidas. La luz se agrandaba a medida que se acercaba.

Sentía que entraba aire en sus pulmones, que respiraba pero eso no era posible. Se preguntó si había pasado ya al otro lado

¿Sería esa la famosa luz del túnel?. Pero ella no veía un túnel, era una forma luminosa que iluminaba todo alrededor y seguía en el agua, podía distinguir el fondo marino y los peces pasando ante sus ojos.
La forma luminosa era ahora humana, una forma de hombre. El más hermoso que viera nunca con larga melena rubia. Semidesnudo, una tela cubría uno de sus hombros y las caderas.
Si hubiese podido lanzar una exclamación lo hubiese hecho ante la presencia de ese ser, al contemplar el par de alas de colores que salía de su espalda. Alas de mariposa. ¿ Sería un ángel?.
No podía ser otra cosa alguien tan bello, entonces ya estaba muerta y no era tan malo. No sentía dolor salvo el del corazón por el acto de su marido, algo de frío pero soportable en pleno mes de junio.
Si estaba muerta hubiera agradecido que con la vida se fuese la memoria, dolía como algo físico.

El ser extraño se acercó aún más, vio más que sintió que la liberaba de la red, la elevaba en sus brazos y ascendía con ella, durante los siguientes instantes sólo veía el color de la piel de esta rara criatura y su larga melena flotando en las aguas, porque pese a la oscuridad reinante, en torno a él estaba inundado de luz como si la proyectara él mismo.

No, no se estaba tan mal muerta después de todo.

Continuará....

jueves, 6 de mayo de 2010

Amor errado ( I )

Sus ojos asustados miraban los movimientos de Miguel intentando comprender. Quería gritar pero ningún sonido salía de su garganta, podía percibir sin dificultad el crujir del barco mecido por las aguas. Su marido iba de un lado para otro mientras su mente dentro de su paralizado cuerpo trataba de asimilar los últimos acontecimientos.


Un rato antes, no sabría decir el tiempo era una feliz recién casada de luna de miel en un barco alquilado y navegando por las islas griegas. Luna llena y una romántica velada culminada con champán y brindis sobre cubierta.
Habían tomado una cena fría comprada en el puerto de una de las islas antes de zarpar. El beso de su recién esposo fue lo último que recordaba. Notó que le fallaban las piernas, que Miguel la sostenía y la depositaba en el suelo. No entendía su expresión ni la forma en que la miraba. Intentó hablar pero fue inútil.

Estaba tendida en cubierta, paralizada, con la espléndida luna allá arriba sobre ella.
Miguel la miraba extrañado, observó sus pupilas moviendo sus manos varias veces sobre sus ojos, tomó el pulso pero algo en sus movimientos no era normal. Algo le había ocurrido pero la cara de su marido parecía más desconcertada que preocupada. Lo lógico era un estado de alarma porque algo le había pasado. Trascurridos unos instantes y concluida la inspección de su estado, su marido sólo realizó un gesto de extrañeza y comenzó a moverse por el barco.
La reacción de Miguel no era la adecuada. Era médico.
No entendía porque no seguía atendiéndola y la dejaba allí. No comprendía su calma ni ese gesto.
Intentó seguir con la mirada sus movimientos pero no podía mover los ojos, sólo mantenerlos fijos en ese cielo estrellado sobre su cabeza.

Oyó el sonido de los motores, Miguel tenía que estar en la cabina, quizá ponía rumbo a puerto para pedir ayuda. Intentó aferrarse a ese pensamiento el tiempo que duró la breve ruta.

Los motores se detuvieron, Miguel llegó hasta ella y paró a su lado con un gesto inexpresivo, cuando la miró la verdad que no quería aceptar encontró eco en su aturdido cerebro. No iba a pedir ayuda. La situación en la que se encontraba había sido provocada por él. Dudó en los pensamientos que venían a su mente. Una última esperanza de equivocarse.

Miguel volvió a inclinarse sobre ella tratando de entender porque el hipnótico que le había puesto en la comida había provocado este raro efecto de mantenerle los ojos abiertos. De nuevo volvió a comprobar las constantes. Todo iba como estaba previsto excepto la apertura de los párpados.
Sus ojos intentaban ahora mostrar todo el terror y el desconcierto que sentía. Y no había duda, él era el causante del estado en que se encontraba.

Enma tenía razón, siempre la tuvo con respecto a él. Desde el principio dijo que se acercaba a ella por su fortuna. Nunca quiso creerla y cuando fijaron la fecha de la boda fue Miguel quien insistió en un acuerdo prematrimonial. Para él era la forma de demostrarle que estaba con ella por amor y no por su dinero.

La prueba de amor de ella fue justo lo contrario. Insistió en casarse en gananciales, con eso demostraba que el hombre que había elegido para compartir el resto de su vida y del que estaba perdidamente enamorada gozaba de todo su amor y confianza.

Había sido embaucada, ahora lo comprendía. Una estrategia para evitar sospechas y eso que su prima Enma también la avisó sobre eso.

Continuará...

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