sábado, 24 de abril de 2010

Amor oscuro, ( IV ) Final.



La luna llena impregnaba el lugar de una atmósfera fantasmal, la luz difusa de plenilunio proyectaba las sombras de las tumbas y los nervios a flor de piel de Luisa creía oír crujidos y roces por todas partes.

Necesitaba polvo de hueso de un cadáver y la última fase ceremonial del conjuro debía realizarse en ese lugar. Nunca le gustaron los cementerios y menos de noche.
Podía sentir los latidos de su corazón golpeándola en la cabeza, había saltado el muro en un lugar en que no era demasiado alto y la puerta del osario no fue difícil de abrir, supuso que a nadie le importaba esos muertos. Un par de huesos pequeños de una mano y buscó en el cementerio un lugar apartado. No había visto vigilancia pero era mejor tomar precauciones. Se colocó un rincón buscando en esa posición algo de protección.
El canto repentino de un búho casi la hace gritar por el sobresalto. Intentó calmar la aceleración de sus latidos poniendo la mano en el pecho y aspirando y soltando aire. Volvió a mirar las cruces de las tumbas, nítidas con esa luz, el pensamiento de rezar buscando amparo vino a su mente. Se dijo que era sacrílego por lo que iba hacer. Mejor no llamar la atención de lo divino. Bastante tenía ya con la prueba a que iba a ser sometida.

Machacó los huesos con una piedra y los mezcló con todo lo demás en un recipiente mientras leía las palabras de invocación escritas en la tarjeta sin dejar de mirar en todas direcciones, le fallaba la voz a causa del miedo. Sonaba temblorosa y alta, incluso chillona entre las tumbas de las que parecían surgir formas.
Al mismo tiempo en la trastienda, Némesis delante de un pebetero y con los brazos en alto invocaba con palabras arcaicas hasta que una neblina rojiza inundo la estancia. Sombras negras surgieron de la tienda y huidizas se perdieron en la noche.
Cuando terminó recogió todo y se colgó la mochila dejando fuera solo la tarjeta y la gran rama de vincapervinca. Ya estaba hecho.

Atravesó el cementerio y saltó el muro sin dejar de repetir las palabras de la tarjeta. Fuera fue arrojando trozos de ramas por encima del hombro con las últimas palabras que completaban el ritual.
Sí, ya estaba y podía regresar a casa. Luisa leyó bajo una farola las misma advertencias que la hiciera Némesis de no volver la cabeza oyese lo que oyese hasta cerrar la puerta de casa.
Le temblaban las piernas. Sentía en el estómago como un pellizco. La respiración que inútil había intentado tranquilizar le tenía la boca seca, algo iba a ocurrir para que se insistiera tanto pero sólo tenía que no girar la cabeza y llegar a casa.
Tomó aire y corrió para no perder el último metro. El ruido del tren ahogó lo que se la antojó susurros o era su imaginación. Bajó en su parada, tres manzanas y estaría en casa. Eran más de la una de la madrugada y Luisa hubiera deseado la calle más concurrida. Los susurros pasaron a extraños ruidos, pisadas tras ella y gruñidos que se acercaban. En esa fase no se mencionaba que tuviera que decir palabra alguna pero ella repetía una y otra vez las que pronunciara al salir del cementerio intentado calmar el miedo.

Al fin su calle, larga y solitaria. Los gruñidos y susurros estaban cada vez más cerca, podía oírles pegados a sus oído. Una voz siniestra la llamaba por su nombre. No volver la cabeza, repetía compulsiva. Estaba a poca distancia de su casa, nada la sucedería allí y lo que quiera que fuese que la estaba siguiendo la dejaría en paz una vez cerrada la puerta. Apretó el paso, ya casi estaba, y de pronto a su espalda.

       - Luisa, ¿ Qué haces a estas horas en la calle? Podría pasarte algo. Deja que te acompañe hasta la puerta
La voz adorada de Sergio, aliviada giró la cabeza con una sonrisa en los labios.

Un alarido espeluznante atravesó el silencio de la noche rebotando su onda en los edificios apagados provocando que unas luces se encendiese y varios vecinos se asomasen a las ventanas. Estuvieron un rato tratando de encontrar la procedencia y al no oír nada más poco a poco las luces se fueron apagando y de nuevo el silencio cayó sobre la calle.

Una hora más tarde el vehículo de Sergio aparcaba frente a su casa, Marisa cruzó el chal sobre el pecho para protegerse de la brisa fría que se había levantado. Volvían de la fiesta de unos amigos.

Caminaban hacia casa cuando un cuerpo tapado parcialmente por los contenedores de basura llamó su atención. Sergio se aproximó con lentitud seguido de Marisa.

          - ¿ Está muerta? – preguntó temblorosa al ver a Sergio inclinarse sobre el cuerpo intentado buscar el pulso, éste afirmó con la cabeza – Es una anciana, será mejor llamar a la policía. Pobre, seguro que ha sido un asalto.

          - Seguramente aunque no veo heridas. La habrán golpeado – Sergio levantó el cabello que cubría la cabeza ladeada y dio un respingo de sorpresa – Dios mío, es Luisa. Mi vecina – se alejó del cadáver horrorizado retrocediendo de espaldas hasta situarse junto a Marisa, la abrazó con fuerza – No entiendo porque tiene ese aspecto. Llamemos a la policía.



Beatriz dobló el periódico que leía frente a la tienda al ver aproximarse a Némesis, ésta fijó sus ojos ambarinos a la luz del día en ella con una suave sonrisa y una leve inclinación de cabeza como saludo.

         - Estarás contenta – dijo Beatriz mostrando la fotografía de la portada, en ella se reflejaba el cuerpo y la cara de una mujer aún joven pero con el cabello totalmente blanco y una expresión de terror en sus ojos – No consiguió superar la prueba – Volvió a plegar el diario antes de levantar hacia Némesis una mirada triste – Al menos solo se ha dañado a sí misma.

La hechicera respondió con un gesto que no alteró su sonrisa.

        - Era estúpida – afirmó Némesis sin emoción alguna – Las advertencias fueron reiteradas.

        - ¿Cuándo tendrás suficiente? – la increpó con rabia Beatriz - ¿ Cuántas vidas?

        - ¿ Acaso soy yo quien les llama? Son ellos los que vienen a mi. Yo no soy el mal Beatriz, el mal está en sus corazones. Vienen como viniste tu en su momento.

Una ráfaga de dolor cruzó los ojos de Beatriz al traer a la memoria aquel día tan maldito por ella en esos años.

        - Si no hubiese encontrado ese anuncio, si tu no hubieses aparecido mi historia seria una más de desamor y Pedro continuaría con su vida. Eres tan culpable de su muerte como yo – volvió a abrir el periódico y a mostrar la fotografía de Luisa – Y esta muerte también pesa sobre ti, como pesan las de todos los que no superaron la prueba y la desgracia de los inocentes de los que sí lo lograron – añadió con pesadumbre – Sin tu presencia toda esta muerte, toda esta maldad se habría evitado.

        - La maldad siempre estará ahí Beatriz – Némesis dulcificó el gesto en una leve sonrisa – Siempre saldrá al paso del hombre. Es una elección voluntaria. Yo soy la casualidad, la tentación que se presenta. Siempre informo y advierto las consecuencias. Soy leña, ellos el fuego que la prende.

Beatriz miró durante largos segundos a la hechicera que seguía en su muda observación.

Pasó, en un gesto de desaliento la mano por la frente.

      - No sé que hago aquí. De nada valen mis advertencias.

      - Eso no es cierto. Has conseguido que unos pocos abandonaran la idea. No ha sido un esfuerzo inútil.

      - Unos pocos – Beatriz hizo una mueca de angustia – frente a los muchos que en estos cinco años desoyeron y murieron sin superar la prueba o los que superándola ahora lloran esa decisión amargamente.
Némesis avanzó hasta Beatriz y posó la mano en su hombro.

      - Tu calvario ha terminado Beatriz. Ya no tendrás que venir a seguir advirtiendo a nadie más. El castigo que te impusiste como expiación ha hallado gracia y perdón. Encontrarás paz.

      - ¿ Dejarás tus hechizos? – levantó esperanzada la cabeza.

Némesis negó con la suya sin dejar de sonreír.

      - Entonces ¿ Porque me dices que ya no tendré que venir?. Que tendré paz. No puedo encontrar esa paz de la que hablas sabiendo que no hay nadie aquí que intente convencerles que no lo hagan.

      - Otra persona ocupará tu lugar como antes que tu la ocupó otra. Siempre ha sido así desde hace cientos de años.

      - ¿ Cientos de años? – inquirió extrañada Beatriz.

      - Bueno – Némesis por primera vez sonrió afectuosa – En realidad se pierde en la memoria del tiempo.

Beatriz fijó sus ojos en los ambarinos y tuvo la sensación que la atravesaba un halo de conocimiento que la dejó muda largos instantes como si el tiempo se hubiese detenido.

      - Némesis era la diosa que castigaba a los culpables que no eran alcanzados por la justicia humana como los ingratos, los orgullosos o los egoístas – añadió Beatriz con voz queda sin poder apartar sus ojos de la mirada de la hechicera.

      - También se dice que una persona puede convertirse en la Némesis de otra para traerle desgracia o destruirle – continuó ésta – Cualquiera de las dos es posible.

      - ¿ Quien eres tu realmente? – preguntó Beatriz arrugando la frente.

      - Alguien que como tu cumple una misión. Tu eres afortunada Beatriz, la tuya ha terminado – dejó escapar un leve suspiro – La mía dura demasiado.

Un gesto dolorido atravesó la expresión de Beatriz.

      - ¿ Misión? Sólo para tentar. ¿ Y los inocentes? ¿ No importan que sus vidas queden a merced de este juego diabólico?

      - Cada persona tiene un destino y muchas buenas personas caen víctimas de la desgracia.

      - ¿ Porque? – inquirió furiosa Beatriz acercándose aún más a Némesis, hasta que sus caras quedaron a un palmo de distancia – ¿Quien decide esos destinos?.

       - No necesitas ir en tu conocimiento más allá – Némesis contemplaba su ira impávida – Acepta la oportunidad que tu sincero arrepentimiento y tu sacrificio de estos años te brinda y marcha en paz.

       - Mi único objetivo en estos cinco años era venir aquí – Beatriz cambió la expresión a una mueca dolorida y abrió las manos con impotencia – No tengo ningún otro.

       - Lo encontrarás – Némesis giró la cabeza hacia un hombre que en ese momento empujaba la puerta de la tienda. Volvió la vista de nuevo a Beatriz – Tengo un cliente. Vete a casa. Aprovecha la ocasión que has conseguido y sigue los designios de tu corazón. Él te guiará bien.

La vio alejarse y entrar por la puerta trasera de la tienda. Durante unos minutos se sintió perdida y asustada, en ese momento una mujer dobló la esquina y se sentó en el banco que ella ocupara tanta veces frente a la tienda.
Beatriz respiró hondo sin dejar de mirarla y vio en su expresión la suya cinco años antes. Se preguntó si detrás de la desesperación que mostraba su rostro se escondía como en su historia la muerte del hombre que amaba.

Se acercó a la papelera y arrojó el periódico. La tarde caía y un viento fresco agitó los árboles de la avenida. Beatriz cruzó su abrigo, volvió de nuevo la vista a la mujer un momento. Alguien ocupaba su lugar, alguien como ella comenzaba a expiar su culpa.

Se alejó calle abajo sintiendo una tranquilidad ya olvidada. Quizá encontrara paz después de todo.



Mariant Íberi.

Amor oscuro es uno de los cuentos
del grupo de mis Cuentos mágicos y sobrenaturales.

viernes, 23 de abril de 2010

Amor oscuro, ( III )



      - ¿ Porque dice eso? – respondió con gesto huraño.

      - Ya he dicho que debo informarte antes de continuar de las consecuencias. Vas a subyugar una voluntad alterando el destino de al menos dos personas, el hombre que amas y el de la mujer que ama él.

      - ¿ Puede conseguirme al hombre que amo? – insistió enfadada.

      - Puedo – afirmó rotunda Némesis.

      - Es lo único que quiero saber.

      - Bien – la hechicera inclinó su cuerpo hacia una mesita auxiliar y cogió una pequeña cartulina que pasó a Luisa – En esa tarjeta tienes escrito todo lo que debes hacer. Tenemos tres noches para que puedas llevar a cabo el conjuro. Si dudas ya no será posible hacerlo hasta el mes que viene – ladeó la cabeza mirándola fijamente – quizá deberías esperar ese plazo para estar segura Luisa.

      - No...no – titubeo mientras leía las extrañas instrucciones escritas – Lo haré esta misma noche, cuanto antes.

      - Tu misma, pero déjame darte otra advertencia aún más importante. Cuando hayas llevado a cabo todo lo que dice ahí habrás despertado energías oscuras encargadas de cumplir tu petición. Te pondrán a prueba. Esto exige un precio y comprobar hasta que punto eres capaz de controlar tus miedos por lo que deseas es el suyo, no estarás a salvo hasta atravesar el umbral de tu casa y cerrado la puerta – alargó su mano y asió la de Luisa sobre la mesa, ésta sintió un escalofrío con el contacto – Recuerda, no vuelvas la cabeza oigas lo que oigas a tu espalda hasta llegar a casa.

      - Esta...esta bien, así lo haré.

Su frente se arrugó con preocupación releyendo las instrucciones.

      - Los elementos que menciona aquí....
      - La mayoría puedes encontrarlos en la tienda – interrumpió la mujer.
      - No son esos los que me preocupan, parecen fáciles de conseguir. Son dos de ellos – Luisa tomó aire y fijó la vista en Némesis – El último me aterra pero sé que podré hacerlo pero...¿ Cómo consigo un poco de sangre de Sergio?.

      - Eres tu quien tiene que ingeniárselas querida, dispones de tres días para conseguirlo. Esa es tu parte – reclinó su cuerpo observándola con gesto grave – La mía la realizo desde aquí. Hasta que finalices todo el conjuro podrás dar marcha atrás. Una vez completado y estés de camino a casa será irreversible.
      - No sé como lo haré pero lo conseguiré – se incorporó con seguridad y caminó hacia la puerta, antes de llegar se volvió hacia la hechicera – No pienso cambiar de idea.
      - Muy bien – dijo con voz calmada Némesis – pero recuerda la advertencia, no debes volver la cabeza por nada hasta llegar a casa y cerrar la puerta.

En la tienda la chica menuda le facilitó los ingredientes de la lista.

Fuera caminó hacia la parada del metro cuando una mujer delgada y de más o menos su edad, ojos claros y tez pálida le salió al paso.
      - Has ido a ver a Némesis ¿ Verdad?
      - ¿ Qué quiere? – inquirió desconcertada Luisa.
      - Advertirte. Evitar que cometas un disparate que no sólo arruinará tu vida.
      - Déjeme en paz, no sé quien es usted – respondió Luisa enfadada intentando seguir su camino.
      - Yo soy tu hace cinco años, me llamo Beatriz y como tú pensé que Némesis y su conjuro eran la solución a un problema igual que el tuyo.
      - No sé de que me habla. Sólo he entrado en la tienda a comprar algunas cosas y no conozco a ninguna Némesis.
      - Escúchame – insistió Beatriz aferrando con fuerza su muñeca – Hace cinco años yo estaba loca por un hombre que no me correspondía y cometí la misma locura que tú estas dispuesta a realizar pero déjame decirte que no servirá de nada. Conseguí a Pedro, el conjuro le ligó a mí, pensé que aunque no me amase al principio mi amor conseguiría despertad el mismo sentimiento en él – acercó su cara a la de Luisa – ¿ A que has pensado lo mismo? Pues olvídalo, Pedro fue consciente de que no podía alejarse de mi y terminó despreciándome. Fue más duro eso que no tenerle e intenté que Némesis deshiciera el mal que había hecho, ya era tarde para eso. Un día al volver del trabajo encontré a Pedro muerto – Beatriz apretó aún con más fuerza la muñeca de Luisa – Se había ahorcado para escapar de mi. Desde entonces vengo aquí tres días al mes, los mismos que pasa consulta Némesis e intento evitar que alguna otra ilusa cometa la misma estupidez.

Luisa se deshizo con rabia de la mano de Beatriz.
      - Siento tu desgracia pero yo sí conseguiré que él me ame. Hasta ahora no ha tenido la oportunidad de conocer como soy realmente, cuando lo haga me amará.
      - Esas son las mismas ilusiones vanas que yo tenía amiga, no sabes cuan equivocada estás. Te odiará por haber truncado su libertad y no podrás soportar su desprecio.
      - No, tu estas equivocada Beatriz. Lamento tu triste historia pero la mía será diferente – se alejó de ella camino de la boca del metro.
     - Por favor. Piénsalo – le gritó Beatriz pero Luisa caminaba deprisa y no volvió la cabeza. Su figura se perdió escaleras abajo.

Nerviosa repasaba las instrucciones de la tarjeta una y otra vez, las tenía memorizadas de tanto releerlas.
Había anochecido y seguía sin saber como iba a conseguir la sangre que necesitaba de Sergio. Caminó hacia la ventana pensativa y en ese momento la pareja y el perro salían de la casa, Sergio depositó la basura en el contenedor y pasó un brazo por los hombros de Marisa y juntos se alejaron siguiendo al perro.
Luisa no pudo evitar una sonrisa triunfal, el destino conspiraba a su favor. Al depositar la bolsa en el contenedor había visto un vendaje en la mano de Sergio. Quizá se había cortado y tenía que haber sido en casa, porque esa mañana cuando ella le vio volver del trabajo no tenía el vendaje ¿ Habría restos en la bolsa de basura?.
Buscó su bolsa y con ella se acercó al contenedor, por fortuna para ella estaba casi lleno y la bolsa roja de Sergio era la única de ese color. Asió ésta y caminó con rapidez a casa. Debió cortarse en la cocina porque encontró varios papeles de ésta llenos de sangre apenas la abrió.
Respiró con fuerza, ya tenía todos los elementos, miró la hora. Eran las diez y media, debía estar lista para el último paso, a las doce debía tener todo el ritual preparado en el destino indicado. La aterraba pero ya estaba cerca. Costaba creer que todo esto fuera posible, si Beatriz no la hubiese abordado al salir de la tienda quizá estaría dudando pero esa mujer había hecho todo el conjuro con éxito. Había conseguido el hombre que amaba. Se llevó la mano al corazón que latía con fuerza. A ella no la pasaría lo mismo. Sergio aprendería a quererla con el tiempo. Su amor por él era demasiado fuerte para que no fuera así, solo necesitaban pasar tiempo juntos. No, su historia no tendría un final tan trágico como la de Beatriz.
Había dejado todos los elementos de la lista sobre la mesa de la cocina incluidos los papeles con la sangre de Sergio, los colocó con cuidado en una mochila y abandonó la casa.



Continuará...

lunes, 19 de abril de 2010

Amor oscuro, ( II )



Una charlatana, pensó. Una sacadinero que aprovechaba la desesperación para llenar sus bolsillos.
Durante todo el día intentó alejar el anuncio de su mente. Pese a sus argumentos surgió una duda, ¿ Y si fuera posible? En intentarlo solo perdería dinero.
Miró la dirección, la visitaría al día siguiente.

Dudó frente al escaparate de la tienda esotérica varias veces caminando hacia la esquina y volviendo. Un cartel anunciaba que Némesis solo pasaba consulta tres días al mes, hoy era el primero de esos días.
Preguntaría la tarifa, si era abusiva marcharía a casa.
Empujó la puerta haciendo sonar una campanilla y una chica de aspecto anoréxico y enormes ojos negros salió de la trastienda. Los honorarios le parecieron bajos para lo imaginado en ese tipo de cosas y preguntó si Némesis podría recibirla. La chica afirmó con la cabeza y le indicó la puerta por donde había salido.
Apretó con fuerza el bolso con las manos cuando atravesó el umbral. La habitación en penumbra la recibió con un dulzón olor a incienso, tonos rojos en las paredes, luces indirectas y algunas velas. Tras una mesa una mujer de profundos ojos castaños fijos en los suyos que indicó con un gesto lánguido de la mano la silla vacía.
Luisa tragó saliva frente a la mujer de pelo negro y piel ebúrnea que continuaba observándola sin mover un solo músculo de su cara. Había algo irreal en ella que la inquietaba.
      - Vengo por el anuncio – dijo al fin incómoda por la observación de la que estaba siendo objeto.
      - Lo sé – y la voz le pareció lejana y penetrante como venida de las profundidades del tiempo – Sé lo que quieres pero antes debo informarte de las consecuencias de cumplir tus deseos.

Luisa asintió con la cabeza. No le extrañaba que se dedicase a una actividad como ésta, había algo misterioso y reverente en la mujer sentada frente a ella, algo que intimidaba y producía miedo o era su propio temor el que estaba entre ambas.
      - El paso que quieres dar no se encuentra entre las mancias blancas Luisa.
      - ¿ Como sabe mi nombre? – se sorprendió más asustada aún.
      - Sé muchas cosas y tu debes conocer las que te afectan en la decisión que vas a tomar – la mujer levantó la barbilla provocando que la luz indirecta arrancase reflejos azulados en su pelo, su expresión continuaba estática. – El deseo que quieres está en la magia oscura, supone violentar la voluntad de otro y el precio a pagar es alto.
      - ¿ No son los honorarios que ha indicado la chica de la tienda?

El comentario provocó una leve sonrisa en Némesis que inclinó hacia delante su cuerpo dejando sus perfectas manos sobre la mesa.
      - No hablamos de cuantía económica, esa como ya te han dicho es irrelevante. Atravesar el umbral de la magia negra no tiene vuelta atrás y no siempre lo conseguido coincide con lo deseado. Por eso debo informarte.
      - ¿ Puede conseguir que Sergio me ame?.
      - No.

La rotunda respuesta la dejó descolocada unos instantes.
     - Pero.. – titubeo confusa – El anuncio decía que...
     - El anuncio dice – la interrumpió Némesis – que puedo conseguir que el hombre que amas sea tuyo, conseguir que le poseas no es lo mismo que él te ame. Eso no puedo conseguirlo. Ninguna magia puede.

Pasaron instantes eternos en los que la mirada de Némesis no se apartó de la pensativa de Luisa, quien trataba de calibrar las palabras oídas. Suspiró quedamente antes de hablar.
     - ¿ Me está diciendo que puede conseguir que Sergio sea mío sin que me ame?
     - Es lo que ofrezco.
     - De acuerdo, adelante.
     - ¿Sabes que se dice de las magias? – y ante el gesto negativo de Luisa – que recibirás ciento por uno todo aquello que desees a los demás, sea bueno o malo.

Continuará....

Mariant Íberi.

viernes, 16 de abril de 2010

Amor oscuro, ( I )

La tragedia sobreviene a veces imprevista como el ladrón que acecha pero otras es llamada como si pusiéramos una luz en la ventana para atraerla.
Luisa intentaba controlar la amargura que la corroía mientras veía a la hermosa mujer despedirse de Sergio con un beso antes de entrar en su coche.
Dejó caer la cortina sin molestarse en enjuagar la lágrima, que solitaria resbalaba por su mejilla.
Caminó sin rumbo por la casa hasta sentarse en el borde de su cama desolada, cobijo de sus sueños imposibles. ¿ Cuánto tiempo ya? Más de tres años, desde que Sergio compró la casa frente a la suya.
No supo como comenzó ese sentimiento. Le veía desde la ventana, siempre se levantaba con tiempo. Le gustaba desayunar con calma antes de marchar a su trabajo. Sergio sacaba temprano al perro paseándolo por la calle. Ella le contemplaba.
A veces coincidía en el supermercado cercano al barrio y comenzaron a saludarse.
Así surgió la atracción, solo de ella. Sergio, atractivo y mundano pese a tener su misma edad, treinta y siete entonces, siempre frecuentaba mujeres más jóvenes y hermosas que ella.
Luisa desvió la vista hacia el espejo. Nunca fue bella. En su juventud, quizá era bonita. Belleza corriente, como su posición y su trabajo. La lozanía hacia ya tiempo que se había marchitado, como sus sueños de amores frustrados.
Sergio se coló dentro sin darse cuenta. Nunca fue amante de los perros pero compró uno para coincidir en los encuentros.
Un cuarto de hora en la mañana y al atardecer que disfrutaba con deleite. Su amor y su pasión fueron creciendo y con ellos su sufrimiento. Sergio no pasó de la amabilidad de un vecino y Luisa veía como entraban y salían mujeres de su vida.
Eran breves y en esa brevedad encontró consuelo.
Las relaciones de él nunca pasaban de un par de meses, hasta que llegó Marisa.
Esperó verla desaparecer como las otras pero pasaban los meses. Seis ya. Había visto introducir muebles nuevos y en las salidas mañaneras de los canes, donde seguían coincidiendo, Luisa preguntó inocente si estaba cambiando el mobiliario. Apenas consiguió mantener el gesto cuando le comunicó que Marisa y él iban a vivir juntos. Creía haber encontrado a la mujer de su vida.
Su existencia se tornó gris, intentó olvidar, alejar de su mente ese amor sin fundamento. Rebelde a todo intento la imagen adorada volvía día tras día repetida.
Se asumió condenada a ese amor, a ver a la pareja pasear al perro entrelazadas las manos, alejándola de lo único que permitía verle de cerca, hablar con él. Llenar su corazón y su mente de la breve cercanía que en esos años sostuvo sus sueños y su vida.
Intentó un crucero con una compañera de oficina, un barco de solteros.
Le llegaron proposiciones, se dejó llevar en un par de encuentros.
Era la cara de Sergio la que veía en cada uno de ellos, era su voz, sus ademanes, su media sonrisa. Siempre era él, en todos los que se acercaban. Rezó para que terminara el crucero. Prefería el dolor de verle enfrente, sufrir su felicidad con Marisa espiando sus salidas.
Esa tristeza fue palpable en el trabajo. Afectó su actividad laboral, ahora indiferente, hasta que el médico diagnosticó una baja por depresión que la enclaustró en casa.
Regaló el perro. Sacarlo ya no tenía sentido. Sus salidas eran sólo a la compra y a por el periódico, hábito de toda la vida que aún persistía.
Y fue ahí donde descubrió el anuncio.

     Némesis hará tus sueños realidad, esos que crees imposibles
     Ven a verme y conseguiré que ese amor sea tuyo
     Resultados garantizados. Si quieres que esté contigo, no dudes.  
     ¿ Quieres lograrlo? Yo puedo.                                  
     Ven y compruébalo. Tendrás el amor que sueñas.


Continuará...

Mariant Iberi.

martes, 13 de abril de 2010

Eros, cuento 2ª parte final.

No se había equivocado, Alicia malhumorada le señaló el reloj con un gesto apenas traspasó la puerta del apartamento.

            - Falta una hora Marta y he tenido que encargarme sola de todo – se quejó ésta.

Echó un vistazo, efectivamente, los aperitivos, entremeses, botellas y vasos estaban ya colocados en distintos lugares del salón.
Marta explicó a su amiga las razones de su tardanza, primero lo sucedido en el ascensor con Julián y el incidente posterior con la mujer sin omitir el regalo y la extraña recomendación. Buscó en su bolso y extrajo la pequeña figura para mostrársela.

              - Es precioso – exclamó Alicia examinándolo con cuidado – Es un trabajo minucioso y delicado Marta y hasta las alas da la impresión que son de oro.

              - ¿ Verdad? No sé como una mujer con ese aspecto podía tener algo así.

              - ¿Vas a hacer caso de su recomendación  y lo colocarás en tu dormitorio? – preguntó con sorna.

              - Si pudiese llevar a Julián hasta mi dormitorio te aseguro que sería señal de que no necesito los servicios del dios del amor – respondió riendo.

En ese momento captó su atención un gran ramo de rosas rojas sobre la mesita cercana a la terraza.

               - ¿ Y eso? – inquirió Marta señalando el jarrón.

               - Un regalo de tu eterno enamorado, por tu cumpleaños. Por supuesto he tenido que invitarle a la fiesta.

              - Por un momento he creído que serían de Julián – comentó decepcionada.

              - ¿ Donde coloco esto? – Alicia levantó el pequeño cupido cambiando de tema.

              - No sé. En aquel estante. Es una hermosa figura. La pondremos en un lugar que se luzca.

Marta se acercó al gran ramo de rosas y pasó con suavidad sus manos por los pétalos rojos. Alicia se refería a su vecino de enfrente, Gonzalo. Desde que se mudó hacia más de seis meses no había dejado de hacerle insinuaciones. No era mal chico. Había terminado Derecho y  estaba preparando oposiciones a abogado del estado. Era alto pero flacucho y con gafas, nunca fue su tipo. Bueno, se dijo resignada, no pensaba invitarle a la fiesta pero después del ramo hubiera quedado feo no hacerlo. Esperaba que no la atosigase más de la cuenta. No sería una fiesta con demasiada gente. Amigos de ambas y algunos amigos de amigos, unos diez o doce con Gonzalo.

Llevaban una hora de fiesta, casi había tenido el tiempo justo de pasar por la ducha y arreglarse. Su vecino Gonzalo fue de los primeros en llegar y por ahora se estaba portando bien, salvo el beso de felicitación de su treinta cumpleaños en la entrada y una breve charla se estaba entreteniendo con las amistades que iban llegando.
Poco después estaban todos y se repartían en varios grupos charlando animadamente, sonó el timbre de la puerta y Alicia, más cerca, se acercó a abrir, se quedó entrañada ante la presencia de Julián. Le conocía porque Marta se lo presentó en un encuentro casual en un restaurante donde él tenía una cena de negocios, tras un titubeo le franqueó la entrada. Al otro lado del salón, Marta le miró sorprendida y fue a su encuentro.

            - Creí que dijiste que no ibas a venir – le interpeló como saludo.

            - He cambiado de idea – respondió dándole un beso en la mejilla – Lo siento pero no he tenido tiempo de comprarte un regalo.

            - No te preocupes. ¿ Te ha fallado tu cita? – preguntó irónica.

            - No, hemos tomado esa copa pero parece que Maira tiene miras más altas que un simple ejecutivo. Le ha echado el ojo al jefe. No ha dejado de hablar de él y sabe que está divorciado.

             - Lo siento de verás. Si te apetece tomar algo allí tienes el bar.

Julián asintió y se dirigió a la esquina del salón donde estaban las botellas, Alicia se acercó a Marta.

             - Que suerte ¿ No? He oído la conversación.

            - Sí, supongo – contestó con desgana – Le ha fallado el plan.

            - Y a ti qué, ahora tienes vía libre.

Alicia no pudo oír la contestación de su amiga, el aludido se aproximaba con la copa en la mano.

Dos horas después la fiesta estaba en su apogeo, después de la música marchosa se había pasado a las baladas para dar un respiro, Alicia asistió sorprendida al rechazo de Marta a una petición de Julián, sorpresa que llegó al colmo al verla caminar hacia Gonzalo y sacarle a bailar.

Cuatro lentas después volvió  la música disco, Marta no había dejado de bailar con el vecino ni una pieza. Alicia la siguió picada por la curiosidad cuando la vio caminar hacia el aseo.

              - ¿ Es una estrategia para poner nervioso a Julián ó una venganza por haber sido la segunda opción? – inquirió Alicia mientras Marta se retocaba el maquillaje.

          - Ni una cosa ni la otra, acabo de darme cuenta de lo atractivo que es Gonzalo. Es raro pero en estos seis meses no me había fijado en los ojos tan bonitos que tiene, además es divertido y romántico.

Salió dejando a Alicia boquiabierta, a ella los ojos de Gonzalo le parecían un castaño de lo más corriente.
Desde ese momento se dedicó a observar a su amiga y compañera de piso, el pobre Julián intentó en varias ocasiones acercarse pero Marta no demostraba el menor interés en el hombre del que llevaba hablando dos meses, desde que le confesó que se había enamorado de él.

Cuando en la terraza contempló el apasionado beso de Marta y Gonzalo, los ojos de Alicia se giraron hacia la pequeña figura colocada en la librería. Se acercó a ella y la tomó en sus manos.

             - Vaya, vaya. Pues sí que es cierto que eres caprichoso. No te has equivocado, Gonzalo es un buen tío – le dijo al cupido mientras caminaba hacia su dormitorio con la figura – pero yo tengo planes y no te preocupes, porque a mí, sí me servirás bien.

Marian Iberi.

sábado, 10 de abril de 2010

Eros, cuento 1ª parte



Todos los carriles de la autovía estaban abarrotados, cuatro interminables hileras de vehículos. Acelerones, frenazos y pitidos para sólo avanzar unos metros.
Marta odiaba esta situación, por las mañanas procuraba llegar con media hora de antelación al trabajo para salir y evitar las coincidencias en la hora punta.
Volvió a meter primera exasperada no pasó de la segunda para detenerse cincuenta metros más allá.

Hoy había salido más tarde solo para hacerse la encontradiza en el ascensor con Julián y tener una excusa para invitarle a su fiesta de cumpleaños que pensaba celebrar en su apartamento; si el atasco lo permitía pensó fastidiada mirando el reloj. Apoyó el codo en el marco de la ventanilla y la frente sobre la mano. No había merecido la pena perder esa preciosa media hora para encontrase ahora así, Julián, uno de los ejecutivos de la empresa en la que trabajaba y por el que bebía los vientos no tenía ojos más que para la nueva secretaria del jefe, como todos los hombres de la oficina desde hacía dos semanas que Maira, alta, tipazo, pelo rubio oscuro, ojazos y sonrisa de anuncio hizo su aparición. El elenco masculino incluido el jefe se dedicaba a babear por las esquinas tras ella.

Antes de su llegada había conseguido captar la atención de Julián. No habían quedado para salir pero notaba que ella le atraía. Pasaba a buscarla para desayunar y la había invitado a algún que otro almuerzo en la cafetería cercana a la oficina. Habría jurado que si Maira no hubiese aparecido estaba a punto de pedirle una cita pero Julián era uno de los pocos solteros y por su posición y atractivo quizá el único con posibilidades ante semejante pieza y él lo sabía.
Las dos últimas semanas la había ignorado.
Hoy había decidido agotar el último cartucho, se quedó más tarde para coincidir con él en la salida. Todo inútil, él amablemente declinó la invitación a su fiesta, había conseguido después de mucho perseguirla una cita para tomar una copa con Maira. Mientras le hablaba se repasaba en el espejo del ascensor, hasta tuvo la desfachatez de preguntar si la corbata que había elegido le iba bien con la camisa.
Se llamó idiota, los últimos meses soñando con ese hombre y ahora en la autovía atrapada por culpa de un intento que no había conducido a nada mientras Alicia, amiga y compañera de piso se estaría desesperando con todos los preparativos de la fiesta programada para dos horas después.

Vio una salida unos metros más allá, no era la suya y la iba a obligar a callejear bastante pero si seguía el ritmo de la caravana se le echaba el tiempo encima.
Cuando volvió a moverse, puso el intermitente y se desvió saliendo a una barriada de las afueras. No conocía el lugar pero solo tendría que intentar seguir las calles hacia el norte, buscar un camino que la condujese al centro de la ciudad.

Un par de manzanas recorridas le indicó que era un lugar poco recomendable, edificios de más de treinta años, de los de protección oficial, tendederos en las ventanas, calles sucias y tipos de aspecto dudoso en algunas esquinas. Pisó el acelerador intentando encontrar una calle que la sacara de allí. Delante de un solar aminoró la marcha, tres chicos de unos veinte años parecían acosar a una vagabunda que se le antojó gitana. Detuvo el coche, en efecto, uno de ellos derribó en ese momento a la mujer intentando patearla, los otros dos le incitaban sin dejar de reír. La pobre mujer intentaba alejarlos increpándoles sin éxito.
Gritó desde el vehículo que la dejarán en paz y solo recibió improperios y amenazas de los jóvenes. Indignada bajó del coche y caminó decidida hacia el grupo. Al llegar a su altura repitió la orden, el más agresivo vino hacia ella con intenciones inequívocas. Lo esperaba, en segundos dio con sus huesos en el suelo tras una llave de Marta que le golpeó con el pie en el estómago dejándole aullando de dolor; los otros dos, en principio desconcertados hicieron un amago de acudir en ayuda de su amigo pero el gesto en actitud de ataque que implicaba conocimiento de artes marciales de Marta les disuadió; ayudaron al otro a levantarse del suelo donde aún continuaba retorciéndose y sin dejar de insultarla se alejaron calle abajo.

            - ¿ Se encuentra bien? – preguntó ayudando a la mujer a incorporarse, ésta contestó afirmativamente en español con acento extranjero, le pareció rumano.

Vista de cerca no era tan mayor como le había parecido en principio. Las greñas de su pelo largo mal recogido en un moño ahora deshecho le había dado esa impresión.
            - Gracias, has sido muy amable, no todo el mundo tiene el gesto que acabas de hacer – respondió ella sacudiéndose el polvo y se inclinó a recoger objetos esparcidos por el suelo, Marta la ayudó a introducirlos en una gran bolsa.
            - No he hecho nada, además soy cinturón negro. Le aseguro que pese al rechazo que esos gamberros me provocan nunca me hubiese atrevido a salir del coche si no supiese defenderme y llamar a la policía no la habría librado de un mal rato.
            - Entonces ha sido una doble suerte para mí – contestó la mujer sonriendo.

Al mirarla de frente, Marta le calculó unos cincuenta y tantos y pese a sus vestimentas, su tez era clara y limpia. Poseía unos ojos grandes y expresivos de un gris verdoso y su expresión una dignidad que no coincidían con su apariencia. Pensó para sí que era extraño, la cara y la forma de mirar no concordaban con una vagabunda. Quizá las circunstancias la habían conducido a esta situación. Se encogió de hombros recordando la fiesta.
           - ¿ Quiere que la acerque a un lugar más seguro? Tengo prisa y los gamberros podrían volver.

La mujer le devolvió una sonrisa amable.
            - Gracias pero no vivo lejos. Llegaré bien.
            - En ese caso me marcho.
            - Espera – la mujer la hizo volverse – Quiero darte algo para agradecer lo que has hecho.
            - No tiene que darme nada, ya le he dicho que detesto a ese tipo de gente que goza haciendo daño para divertirse.
            - Ha sido una buena acción y es justo recompensarte por ello – buscó en su bolsa y sacó algo envuelto en papel de seda blanco, extendió la mano y Marta indecisa lo tomó en las suyas.

No le interesaba nada de lo que la mujer pudiera darle pero tampoco quería ofenderla rechazándolo. Quitó el papel de seda y descubrió una pequeña figura que representaba a un cupido. Estaba primorosamente trabajada en lo que parecía porcelana y tuvo la impresión de que era valiosa. Ignoraba de donde la había sacado una mujer con ese aspecto y en la situación en que se encontraba, quizá era una de las pocas cosas que le quedaba de mejores tiempos.
          - Esto parece de valor – volvió a tender la figura hacia la mujer – No puedo aceptarla.
          - Por favor, te ruego que la aceptes. Me sentiré honrada si lo haces.
          - Esta bien – Marta volvió a envolver la figura e hizo ademán de marcharse.
          - Espera – la detuvo de nuevo la extraña mujer – Esa figura representa al dios Eros, poderoso y temido en el Olimpo. Disparaba sus flechas tanto a dioses como a hombres. Nunca podías fiarte de él debido a sus caprichos cuando le hacías una petición, si le dabas oportunidad actuaba por su cuenta, pero si sabes manejarle te servirá bien.

Marta miró a la mujer que había ayudado desconcertada, respondió con una sonrisa de circunstancias.
         - Colócala en una habitación donde solo estés tu y la persona que quieres atraer – continuó la mujer – Nunca entre un grupo, si le dejas, será él quien haga la elección.

Para Marta estaba claro que estaba mal de la cabeza pero se le hacia tarde y Alicia estaría desesperándose ante su tardanza. Puso fin a la conversación diciéndola que lo tendría en cuenta, agradeció el regalo y caminó hacia su coche para alejarse después calle abajo.

Continuará...

Mariant Iberi.

sábado, 3 de abril de 2010

Dolor ( Karma)

Dolor, acerado y latente
punzante y candente
de la ilusión yaciente
que nunca tendrá un presente.



Estremecimiento del alma
por lo anhelado negado
por pétalos deshojados
por sentimientos frustrados
de amores desairados.



Candores envilecidos
ternuras rechazadas
caricias no aceptadas
sonrisas humilladas.



Soledades silenciadas
en medio de tanta gente
deseos dolientes
esperanzas vanas.
Flor nacida en la desgracia
que carga culpas extrañas
a cadena perpetua condenada
por expiación de la memoria pasada
que un designio superior
ha permitido que nazca
para sólo conocer
¡ Dolor!.


Iluso.

- ¿ Porque me llamas ilusa Marta? Te he explicado ya los inconvenientes de aceptar ese contrato de formación en EE.UU.

Berta no entendía porque su hermana mayor se había enfadado tanto cuando comentó que iba a rechazar la oferta que había recibido.
         - Porque estoy cansada de oirte decir desde que terminaste la carrera de empresariales que si tuvieras la oportunidad de formarte en América sería un gran salto para conseguir un buen puesto en el futuro. Que es la ilusión de tu vida - Marta la miró con severidad - Ahora ha surgido la oportunidad y no haces más que poner pegas.

         - He conseguido aquí un empleo y el sueldo que me pagará esa empresa americana es una miseria, apenas me dará para mantenerme allí.

        - El empleo que has conseguido aquí es de prácticas y además temporal, sabes que nuestros padres te enviarán dinero y aunque no fuera así, quizá no tengas para muchas legrías pero será suficiente para vivir. Lo importante Berta sería la oportunidad de aprender y poder añadir a tu currículum ese tiempo. A tu vuelta seguro que encontrarías otro trabajo mejor. No te comportes como hizo Ramón Leiva.

     - ¡¡Hombre Ramón !!- sonrió Berta - Siempre me he preguntado que pasó entre tú y él, mis recuerdos son que érais muy amigos.

       - Sí. Sí que lo éramos. Ramón tenía un título de Gestión de empresas, sin embargo desempeñaba un discreto puesto en la gestoría de su tío. Cuando nos reuníamos la pandilla él siempre decía que tenía mala suerte. Siempre le quitaban el puesto otros menos capacitados que él. Hablaba sin cesar de las grandes ideas que tenía respecto a la gestión, enumeraba sin parar los planes una y otra ves. Alegaba que un día llegaría su momento, ese en el que lograría demostrar a todos su valía. Solo necesitaba una oportunidad para demostrarlo - Marta tomó asiento con cansancio bajo la atenta mirada de su hermana - El destino quiso que fuese yo la que le ofreciese esa oportunidad.
Un día, en mi empresa dimitió el gestor que teníamos, lo había fichado una multinacional y se largó por las buenas. Oí una conversación entre el director y el jefe de personal, hablaban de la necesidad de encontrar lo antes posible a una persona para ocupar ese puesto. Pensé en Ramón e intervine, defendí su causa repitiendo todo de lo que había alardeado con el mismo fervor que si fuese para mí. Conseguí una entrevista no sin pocos esfuerzos,  a las diez de la mañana del día siguiente con ambos. Estaba eufórica. Todo lo que les había contado de Ramón a mis jefes había causado muy buena impresión, él solo tendría que repetir lo que siempre decía delante de nostros y el puesto sería suyo. Al fín podría demostrar de lo era capaz. Le llamé y le conté lo sucedido. Se mostró entusiasmado y me aseguró que a las diez estaría en el despacho. A la mañana siguente a las diez miraba nerviosa el reloj. Ramón estaría ahora trabajándose el puesto tan ansiado pero a las diez y media el jefe de personal apareció ante mi mesa comunicándome que mi amigo no se había presentado. Intenté llamarle pero no cogía el teléfono. Tenía que haber pasado algo, él no habría desaprovechado una oportunidad como esa. Acudí a la puerta de la gestoría a la hora del cierre y le ví salir, me acerqué y le pregunté que le había pasado. Dijo que había soñado tanto con un puesto como ese que sentía miedo de no estar a la altura, de que se vinieran abajo todos sus sueños y que no podría soportarlo. No quería defraudar. Le llamé cobarde e iluso y desde entonces no quise volver a verle. De eso hace diez años y Ramón continúa trabajado en el mismo puesto insignificante en la gestoría de su tío - Marta suspiró antes de encararse de nuevo con su hermana pequeña - Berta, trázate unas metas y ve a por ellas sin dudar o resígnate a un puesto más mediocre y conformate con eso pero no molestes a los demás con ilusiones absurdas que nunca estarás dispuesta a alcanzar. Un puesto mediocre no es malo Berta, hay muchos puestos en la sociedad y deben ser ocupados. Se puede ser feliz con ello. Lo malo es cuando te pasas la vida soñando con cosas sin intención de realizarlas y peor aún cuando como en mi caso, se pueden implicar amigos para que hagan realidad esos sueños. Si quieres el arco iris camina hacia donde sale, no te limites a contemplarlo.
        - Ramón era un fantasma Marta y un desagradecido - añadió Berta - Y tienes razón, creo que aceptaré ese contrato. Era miedo lo que tenía pero tu historia me ha dado el empujón que necesitaba. A por el arco iris de mis sueños hermana. Yo no soy una ilusa.




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