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domingo, 6 de junio de 2010

El hada en el cristal, Final.

Iridia contemplaba con inquietud los rostros de sus hermanas tras exponer la idea que había tenido. La reina avanzó hacia el centro del círculo que formaban a los pies del viejo roble y movió dubitativa la cabeza.

          . – Lo que pides es muy peligroso Iridia. Cuando has vuelto de tu largo sueño has percibido lo distinto que es este mundo. Un hecho así puede provocar la curiosidad de muchos humanos que pueden asociar lo ocurrido a nuestra existencia. Eso podría ponernos en peligro.
          . – Ya estamos en peligro mi reina. Si no se consigue salvar el bosque que queda y recuperar el resto moriremos lentamente refugiadas en otro que seguirá sus mismos pasos. Esta es la oportunidad de hacer algo por su existencia.

La reina fijó sus dorados ojos color caramelo en ella y después recorrió con la mirada las figuras silenciosas de las otras participantes en el consejo.

          . – Aunque quisiéramos hacer lo que pides, necesita de mucha fuerza mágica y apenas recibimos ya de nuestro diezmado bosque.
          . – Tenemos otra fuente – se adelantó hablando con voz apasionada Iridia hasta el centro y se encaró con su reina – La de los miles que acampan velando por los pequeños árboles que plantaron. Son un único corazón latiendo por un ideal común. Una fuerza que abruma vibrando en la misma sintonía. Podemos recurrir a ella. Podemos disponer para nuestra magia de esa vibración. Estáis notando igual que yo la inmensa energía que emana. – Iridia extendió sus manos hacia sus hermanas – En cuanto a lo milagroso y la curiosidad que pueda despertad el hecho en el resto, quizá sea lo que los hombres necesitan en ese mundo descreído en el que viven ahora. Volver a creer en el misterio de lo insondable.

Esperó con ansiedad mientras todos los ojos permanecían fijos en ella hasta que una por una todas fueron afirmando con la cabeza. La reina asintió con un movimiento de la suya.

          . – Así sea Iridia. Vamos a intentarlo.
La luz del alba despertó a Berta, abrió los ojos y antes de moverse contempló sobre su cabeza como se filtraba entre las ramas de los árboles los primeros rayos de sol.

          . - ¿ Ramas de los árboles? – se preguntó extrañada. Se incorporó y salió del saco de dormir. Todos los que se habían despertado ya, incluido el abuelo daban vueltas desconcertados igual que ella mirando alrededor tratando de entender donde estaban.
Se habían dormido en un terreno abierto sembrado de pequeños arbolitos pero ahora se encontraban en un bosque adulto, espeso y exuberante de árboles perfectamente desarrollados que podrían tener muchos años por el grosor de sus troncos.

          . – Abuelo – llamó Berta al ver al anciano venir hacia ella – ¿ Donde estamos?.

          . – Es extraordinario niños – dijo el anciano intentando contener la emoción y abrazando a sus nietos – Las hadas lo han conseguido. Han logrado el milagro que necesitábamos.

Señaló fuera y en efecto, a lo lejos podían distinguir el cerco policial del día anterior. El asombro de ellos no era menor que el suyo al ver un espeso bosque donde el día anterior se encontraba una llanura llena de pequeñas plantas apenas visibles desde lejos.
Creo el suficiente desconcierto entre las autoridades como para detener cualquier acción contra los acampados, tiempo suficiente para que más y más gente después de ver en los medios lo sucedido se acercase al lugar. Las barreras ya no fueron suficientes y la multitud penetró en el bosque abrazándose a los árboles.

Un comunicado de prensa de las máximas autoridades no se hizo esperar mucho diciendo que el proyecto del parque se había abortado y se congraciaban al igual que todos de ese inexplicable milagro que les permitía contar otra vez con el hermoso bosque que les arrebató el fuego.

          . – Pandilla de hipócritas – rezongó el abuelo ya de vuelta en la granja y delante de la televisión escuchando los discursos – Habrá que tener los ojos bien abiertos por si intentan destruirlo otra vez.

          . – Como tu bien dijiste abuelo se ha abierto un camino – dijo Luis apurando la exquisita sopa de la abuela – Si vuelven ya sabemos lo que hacer y además nuestro bosque cuenta con unas vigilantes extraordinarias. Presiento que este no será el ultimo milagro que veremos – afirmó con una sonrisa cómplice a su hermana.

         . – Así lo creo yo niños, así lo creo y es maravillosa la puerta que se ha abierto.


ESTE CUENTO ESTÁ DEDICADO A MIS HIJOS Y A TODOS LOS NIÑOS QUE SON FE, FUERZA, ESPERANZA Y FUTURO DEL MAÑANA.

NO HAY IMPOSIBLES Y LO QUE CERCA Y PONE LÍMITES SON LA FALTA DE ILUSION Y LA BARRERA DE LA RESIGNACIÓN Y LA DERROTA.
LA MAGIA MÁS PODEROSA QUE EXISTE ESTÁ EN LA VOLUNTAD DEL SER HUMANO.

Mariant Íberi.

sábado, 5 de junio de 2010

El hada en el cristal, (IX)


Cuando al día siguiente las fuerzas policiales – tras ellos venían gran número de máquinas y obreros que debían arrancar los árboles – llegaron a las inmediaciones del bosque con intención de desalojar a los pequeños retenes de guardia, se detuvieron sorprendidos ante el espectáculo que tenían ante ellos.

Miles de personas, en su mayoría niños y adolescentes formaban una cadena cogidos de la mano rodeando el perímetro de la zona repoblada.

La reacción de los medios informativos no tardó demasiado en hacerse eco y más y más gente iba llegando que se unía a la cadena que ya se doblaba en muchos lugares. La autoridad decidió impedir que nadie más pasase de la barrera policial que se instaló mientras se intentaba negociar que saliesen del bosque alegando que estaban en una zona privada. La cadena humana alzó las manos unidas a modo de respuesta acompañada de cánticos.
La noche cayó sobre el monte y los resistentes se formaron en grupos en torno a las lámparas que habían llevado. La alegría y el buen humor era la nota dominante cuando extendieron los sacos de dormir.
Berta vio una pequeña forma luminosa pulular en la oscuridad y pensó que podía ser Iridia, le hizo señales a su hermano y ambos caminaron siguiendo la luz al otro lado de una pequeña loma.

En efecto, la forma del hada se materializó ante ellos.
          . – Vengo a avisaros. He estado espiando en el otro lado y he oído las discusiones entre ellos – en su bello rostro apareció preocupación – Han decidido echar algo desde el cielo mañana y desalojaros cuando estéis inconscientes.

De pronto y sin dar tiempo a contestar la imagen de Iridia desapareció, los niños comprendieron al notar una presencia que se aproximaba. El abuelo surgió de las sombras.
          . – ¿Cuánto tiempo llevabas ahí abuelo? – inquirió Berta preocupada por lo que habría podido ver.
          . – El suficiente – tomó asiento sobre una piedra, los niños apenas distinguían su silueta alumbrados por la escasa luz de la luna – Cuando tenía vuestra edad vi un hada. Durante mucho tiempo me acompañó ese secreto pero con los años mis pensamientos siguieron el curso de la lógica de los demás y mi conocimiento de tan extraordinarios seres se fue perdiendo a medida que maduraba y completaba las etapas de mi vida – el anciano suspiró y sus nietos vieron su sonrisa – Acabo de recuperarlo con lo que acabo de ver.
          . – Se llama Iridia abuelo – la nieta tomó asiento a su lado – Su vida y la de las otras hadas depende de la del bosque. Por salvarlas iniciamos todo esto.
          . – El secreto de su existencia está a salvo conmigo – dijo acariciando la cabeza de su nieta.
          . – Dice que las autoridades mañana planean echar algo desde el aire para dormirnos y desalojarnos después – añadió Luis sentándose al lado de su hermana.
          . – No me extraña. No podían entrar a la fuerza con tantos niños que podían sufrir daños. Esparcir una sustancia que nos duerma y después sacarnos era casi la única forma. – el anciano movió la cabeza con pesadumbre – No pueden dejar que ganemos. Todo esto es determinante y es un punto de inflexión. Si ganamos y dejan el proyecto habremos abierto un camino que seguirán otros, de ahí la importancia de derrotarnos. Para demostrar que contra ellos no se puede ganar. Nuestra derrota hundirá la moral de los que emocionados están siguiendo estos sucesos – el abuelo contempló la figura del hada que volvió a materializarse. Sonrió y continuó hablando – Necesitamos algo inusitado, asombroso, que despierte el entusiasmo de quienes nos apoyan con la empatía pero no con la acción. Tras la barrera se agolpan miles de personas que quieren unirse a nosotros pero necesitamos que sean cientos de miles pero para arrastrarlos hasta aquí y convertirlos en una fuerza imparable se necesita un hecho extraordinario.
          . – Quizá se pueda lograr – intervino Iridia – Ahora debo marcharme para intentarlo. Tengo que hablar con mis hermanas. Se necesita la aprobación del consejo y la colaboración de todas nosotras para la idea que he tenido.

Hizo un gesto de saludo al anciano y a los niños antes de desaparecer de nuevo.
          .- Hermosa criatura, en verdad – fueron sus palabras antes de levantarse y en compañía de sus nietos caminar hacia el grupo – Espero que logre lo que busca por nuestro bien y por el suyo porque es la ultima esperanza.



Continuará....

viernes, 4 de junio de 2010

El hada en el cristal, (VIII)

Al atardecer del día siguiente con un cielo púrpura y en tonos violetas del ocaso un grupo de hadas con sus hermosos rostros pensativos – entre las que se encontraba Iridia – contemplaba en una fuente mágica en el corazón del escaso bosque la extraña actividad que se estaba desarrollando en las inmediaciones de la zona quemada.

En efecto, varios camiones habían aparcado y desde todas partes comenzaban a llegar niños de todas las edades que se reunían en grupos en torno a un adulto según las instrucciones que habían recibido.
Paula, la profesora había contactado con la asociación ecologista y sus miembros dirigían ahora a los convocados repartiendo hojas con las ordenes de actuación.

Berta y Luis se unieron al grupo designado, escucharon las normas de quien les mandaba sobre donde y como plantar el árbol que habían recogido de uno los camiones.
El monte fue dividido en sectores y los grupos comenzaron a dispersarse siguiendo la luz de la linterna de sus guías.
La actividad fue frenética. El entusiasmo y la alegría por lo que estaban haciendo de niños y jóvenes era tal que no notaban el cansancio. Unos alumbraban mientras otros plantaban. Las primeras luces del alba fueron recibidas con gritos y aplausos de la multitud al ver completada su obra.

Las hadas que desde su privilegiado mirador habían observado todo se miraron sonrientes ante las muestras de alegría que contemplaban en silencio. Sin decir nada vieron como poco a poco se alejaban los niños camino de casa mientras sólo los adultos instalaban tiendas de campaña para descansar.
Los ecologistas habían decidido quedarse haciendo guardia a la espera de la reacción cuando la noticia llegase a las autoridades.

No se hizo esperar, fue la organización y Paula quienes avisaron a los periódicos sobre el hecho y esa mañana los titulares en primera página mostraba la increíble hazaña de un grupo de niños que en una sola noche había realizado algo que la pasividad de sus padres no había conseguido en años.

Reunidos en la gruta con Iridia, Berta y Luis relataban excitados la magnitud de la noticia y como no dejaban de hablar de ellos en todas las televisiones de numerosos países.

El hada les miraba benévola pero triste. No escapó a Luis su expresión.
          . – ¿ Que ocurre Iridia? No te veo feliz – se acercó y cogió su mano – No debes preocuparte. El impacto de todo esto ha sido tan sonoro que no creo que se atrevan a arrancar los árboles. Cada vez más gente se adhiere al proyecto apoyando a través de la red – sonrió con satisfacción – Hemos conseguido algo grande y creo que hemos asustado a esa multinacional.
Iridia acarició la cabeza de ambos si mudar su expresión anterior.
          . – Mi magia me permite ver el futuro más inmediato. Esa gente ya se está preparando para arrasar toda la zona plantada. Vuestra ley y grandes fuerzas le acompañaran para que no podáis evitarlo.

Berta apretó los puños con rabia.

          . – Somos una fuerza. Hemos logrado algo inmenso que excedía todas mis previsiones. No nos vamos a rendir. Además hay gente montando guardia en todos los flancos del bosque repoblado.
          . – Otras fuerzas muy poderosas ya están preparándose para caer sobre los guardianes – la mirada del hada reflejaba ahora una profunda tristeza – Ha sido un hermoso gesto que me ha devuelto la fe en vosotros. Cuando me sacasteis de mi encierro todo vuestro mundo fue captado por mi ánimo y aunque de donde venía siempre hubo injusticia y dolor nunca en las magnitudes que he percibido. Me abrumó por su número y por extremos que roza.
          . – Esos mismos extremos nos favorece Iridia – exclamó el niño – Hoy disponemos de la capacidad de comunicarnos al mismo tiempo y contamos con iniciativa. Si lo que dices es cierto no tenemos tiempo que perder. Hay que dar la voz de alarma y estudiar el modo de hacer frente a esta nueva batalla. La guerra aún no ha terminado.

Un poco más tarde los mensajes a través de los teléfonos amenazaba con colapsarse. Los correos iban y venían a través de la red informática. En el dormitorio de Luis, los dos niños con gesto angustiado preguntaban por ideas para hacer frente a la amenaza.
          . – Sólo hay una forma – dijo sobresaltándoles tras ellos la voz del abuelo – Hay que acudir al monte. Tenéis que convocar a niños y adultos y formar una barrera humana. No se atreverán a atravesarla.

Se miraron y afirmaron al mismo tiempo. Luis se volvió al monitor y comenzó a escribir en mensajes la nueva idea.

          . – Voy a decirle a la abuela que prepare comida en abundancia – dijo el anciano – El tiempo que tendremos que estar allí puede ser muy largo.
          . – ¿ Nos vas a acompañar abuelo?.
          . – No me perdería lo que va a suceder por nada del mundo. Me habéis devuelto la alegría con todo esto – una amplia sonrisa  iluminó su rostro lleno de arrugas – Los adultos a veces nos cegamos tanto en la preocupación que no dejamos lugar a la iniciativa. Menos mal que vuestra mente aún sin contaminar por la resignación ha sido más lúcida. Tu abuela se quedará para dar de comer a los animales pero yo estaré con vosotros hasta el final. Estoy orgulloso de los dos y vuestros padres lo estarían más aún.


Continuará...

jueves, 3 de junio de 2010

El hada en el cristal, (VII)

Berta contó su idea a su hermano con la impresión, dado el carácter siempre escéptico, que le pondría pegas pero el efecto fue el contrario, el muchacho acogió el tema con entusiasmo apostando de lleno por él; hasta el punto que esa noche no se fue a la cama hasta enviar un montón de correos a sus amistades de la red social convocándoles para un tema de vital importancia.

              . – Con eso ya nos garantizamos un buen número de participantes porque todos mis amigos a su vez han convocado a otros.
               . – No quiero que te precipites Luis – alegó Berta intentando calmar un poco la excitación de su hermano – Antes tenemos que hablar con la profesora y ver si nos va a dar su apoyo. Sin un adulto para mover asuntos no llegaríamos muy lejos.
             .- Saldrá bien Berta. Tiene que salir. Tenemos que salvar a Iridia y a sus hermanas cueste lo que cueste.
             . – De acuerdo Luis. Pero ahora descansa. Mañana tenemos muchas cosas que hacer.

La emoción de los dos niños era tal que saltaron de la cama esa mañana antes de que sonase el despertador.

En el colegio se dedicaron a una actividad febril hablando con todas a las amistades a las que pidieron que a su vez hablasen con todos los conocidos.

Habían expuesto sus ideas con tal fervor que a la convocatoria a  espaldas del gimnasio esa mañana acudió más de medio colegio y la profesora a la que habían dejado una nota citándola en el mismo lugar.

Berta sobre una tarima se convirtió en oradora improvisada explicando su idea.
Convocar al mayor número posible de personas y en una sola noche intentar repoblar de pequeños árboles todo el bosque quemado. Cada participante pagaría su árbol o más si disponía de dinero y mirando a Paula, la profesora le dijo que necesitaban un adulto para efectuar la compra en los distintos viveros.

La profesora escuchaba desconcertada pero ante los aplausos y los vítores de los niños dijo que era una locura. Una locura maravillosa que no se perdería por nada. Podían contar con ella. Soltó aire emocionada reconociendo que lo más seguro es que les arrancasen los árboles para seguir con el proyecto pero el acto merecía ese esfuerzo y era algo que daría que hablar. Se comprometió a ponerse en contacto con la asociación ecologista a la que pertenecía para invitarles a unirse.

Mas tarde en la sala de ordenadores un grupo liderado por Luis concretaba el asunto a través de correos con la gente de la red.
Cuando volvían a casa Luis contaba eufórico que la idea había gustado tanto que los que se iban uniendo crecía en progresión geométrica. Berta preocupada le recordó la necesidad de discreción, si las autoridades o la multinacional sospechaba algo todo el plan se iría al traste.

En la gruta llamaron a Iridia y unos segundos después se materializó ante ellos. Casi sin aliento explicaron su plan ante un hada en total desconcierto que escuchaba sin entender nada de la mayoría de cosas que estaba oyendo.

                . – No te preocupes – dijo Luis displicente – Lo importante es que pasado mañana un grupo enorme, inmenso de niños y algunos adultos tomaremos el monte y al amanecer pretendemos que esté cubierto de nueva y pequeña vida. Nuestra esperanza es que ante los hechos consumados de un bosque repoblado se una la opinión pública e impida que el proyecto del parque salga adelante.
Iridia acarició con dulzura la cabeza del niño.

               . – ¿ Y si le gente no secunda la idea?.
               . – Eso no es una posibilidad en estos momentos Iridia, yo sólo tengo esperanza de que saldrá bien.
               . – Vuestra fe es admirable – dijo sonriendo – Esta bien, el fracaso no es una opción. Iré a contar a mis hermanas las buenas nuevas.
Ya de vuelta a casa y ante el ordenador el niño y con una libreta de notas Berta pulían detalles antes de marcharse a dormir.

Continuará...

martes, 1 de junio de 2010

El hada en el cristal, (VI)

             
                    . – ¿ Que quieres decir? – se extrañó Berta ante la expresión triste de Iridia al decir esas palabras.

                    . – Que ya no queda tiempo. He captado el dolor de las pocas que quedan de mi especie, el grito de muerte del bosque que era nuestra fuerza y nuestra alma. Me habéis liberado para terminar mi existencia con ellas pero os doy las gracias de nuevo. Hubiera sido horrible salir de esa prisión siendo la ultima y morir sola. Lo que más lamento es no tener suficiente poder para cumplir tu hermoso deseo pero nuestra magia procede de la vida del bosque pero está muy herido. Nosotras moriremos con él.
Luis extendió su mano y la colocó sobre la del hada con una mirada triste.

                       . – Yo no quiero que mueras. Dí que podemos hacer para evitarlo.
Iridia cubrió la mano del niño con la suya mientras le devolvía una mirada dulce.
                      . –No creo que podáis hacer nada. Pertenecíamos a este bosque pero en el  que queda están refugiadas mis hermanas y capto su canto de agonía. Una gran amenaza se cierne sobre nosotras.
                       . – Lo sabemos – exclamó Berta – Es la misma que tiene la granja de mis abuelos. Quieren destruir el poco bosque que queda para construir un parque de atracciones. Si lográramos evitarlo podríais seguir viviendo tus hermanas y tú.
                     . – No es suficiente Berta. Necesitamos toda la superficie que se ha perdido aunque si nos dieran tiempo con la  magia que nos queda podemos hacer nacer la vida de nuevo.
                     . – Ese tiempo no existe – dijo con tristeza Luis – la multinacional visitó anoche la granja amenazando al abuelo. Todo está perdido.

Las sombras de la tarde que avanzaba comenzaron a inundar la gruta y Berta se puso en pie.
                     . – Se nos ocurrirá algo Iridia. Aún no sé que pero no nos vamos a rendir con facilidad. Ahora tenemos que marcharnos pero volveremos mañana a la misma hora. ¿ Estarás aquí?.
                    . – Aquí estaré cuando me llaméis mientras iré a reunirme con las mías.

El camino de vuelta lo hicieron los dos hermanos en silencio con cada uno sumido en su pensamientos. Poco antes de llegar a la granja Berta se detuvo en seco.

                  . – Se me ha ocurrido una idea disparatada Luis pero quizá salga bien.
                  . – ¿ De que se trata?.
                  . – Vamos a pedir ayuda a nuestros compañeros de colegio y podemos usar también los que tenemos en la red y además hablar con la profe de naturales, necesitaremos un adulto para lo que se me ha ocurrido. Pertenece a una organización ecologista y ama el medio ambiente. Está en contra de este proyecto. Ya has visto los carteles que elaboró como protesta.

                 . – ¿Les vamos a hablar de Iridia? – inquirió sorprendido.
                 . – Claro que no – negó rotunda – o nos tomarían por locos o podíamos poner en peligro al hada.
               . – Está bien. Cuéntame de que se trata.

Continuará...

lunes, 31 de mayo de 2010

El hada en el cristal, ( V)

   
          . – Gracias –dijo con voz aterciopelada que tranquilizó el ánimo del niño – por liberarme.

          . –¿ Estabas prisionera? – se adelantó Berta estudiándola con más detalle y tendiendo su mano – Me llamo Berta y este es mi hermano Luis – ¿ Eres un hada?.
Ella afirmó con la cabeza mientras miraba extrañada la mano que se tendía hacia ella. Berta entendiendo su desconcierto asió la mano del hada y la apretó.
          . – Es una forma de saludo. Un modo de darte la bienvenida.

Sonrió ante las explicaciones y alargó su nívea mano hacia el niño que aún la observaba incrédulo y con desconfianza. Dudó unos instantes y renuente extendió la suya que el ser alado apretó imitando el movimiento de Berta.

          . – Has dicho que te hemos liberado – intervino Luis - ¿Quién te aprisionó en ese cristal?
          . – Mis hermanas. El consejo de las hadas como castigo.
          . – Pues ¿Qué hiciste para un castigo tan duro? ¿Y cuanto tiempo hace de eso?.
          . – Muchos cientos de años – musitó como abstraída y se le entristeció la mirada – Demasiados para mi especie por lo que voy captando.
          . – ¿Qué crimen cometiste para algo tan severo? – insistió Luis – Y yo creí que las hadas eran seres diminutos pero tu eres enorme.
          . – Podemos adoptar el tamaño que queramos. Y respondiendo a tu pregunta sí, cometí una falta muy grave que merecía ese castigo.
          . – ¿ Cual? – saltó Berta.
El hada caminó hacia una gran piedra y tomó asiento. A los dos niños se les antojó que flotaba al caminar por la suavidad de sus movimientos.

         . – Me llamo Iridia y mi misión era la de ayudar a cumplirse los deseos de la gente que había sido puesta bajo nuestra protección – comenzó a contar mientras los dos críos se acercaban y tomaban asiento en el suelo mirándola fascinados mientras hablaba – La misión que me fue asignada fue la de ayudar a cumplirse el deseo de una doncella que había pedido el amor de un caballero de una lejana ciudad a la suya. Le había conocido en un torneo y su corazón quedó prendado de él. Yo tenía que llegar hasta el caballero y ayudarle a sortear todos los peligros que iban surgiendo en su camino para conseguir a la dama. Todo fue bien o así lo creí. Le ayudé en todos los obstáculos que se nos presentaron y le llevé a presencia de la doncella pero cuando se supone debía pedir su mano, el caballero pidió disculpas y dijo que no era posible celebrar esa boda porque se había enamorado de mi y ya no quería a la doncella.
          . – ¿ Y tu que culpa tenías de eso? – inquirió con extrañeza Luis.
          . – Mucha. Mi deber era estar cuando él estuviese en apuros y desaparecer una vez se habían solucionado pero la charla con el caballero era muy grata para mi y se quejaba que el camino era largo y mi compañía aliviaba las horas de soledad – Iridia suspiró con tristeza – Cuando fui juzgada por el consejo dijeron que yo había sido la culpable por mi veleidoso comportamiento. Mi forma de actuar fue la causante del sentimiento que se despertó en él por las excesivas horas que le acompañé.

          . – ¿ Y tu que sentías por el caballero? – preguntó Berta ¿ Le amabas?
          . – No es un sentimiento para las hadas. Lo que llamáis amor no podemos sentirlo. Pero era muy agradable su compañía y conversación. No pensé que seguir mis deseos tuviese tan graves consecuencias.
          . – De acuerdo que fastidiaste el plan de la doncella pero no creo que la falta sea tan grave como para encerrarte en ese cristal por siglos.
          . – La doncella se quedó sin marido y era el predestinado, él se quedó sin la esposa con la que pudo ser feliz y sin mi porque no era posible – el hada hizo un gesto de pesadumbre – El castigo era justo. Se me encerró en ese cristal hasta que alguien pidiese de corazón un deseo – fijó una mirada dulce en Berta – Es lo que has hecho tu hace un momento. Supongo que mis hermanas jamás pensaron que el castigo sería tan largo ni que el mundo hubiese cambiado tanto cuando fuese liberada.

Continuará...

sábado, 29 de mayo de 2010

El hada en el cristal, ( IV)


Al día siguiente, las horas de colegio se les hizo eternas. Ambos niños no podían dejar de pensar en el descubrimiento que habían hecho y estaban deseosos de poder volver a la gruta.

Ayudaron a la abuela tras el almuerzo a recogerlo todo y al abuelo a ordeñar las vacas. Salieron a la carrera en dirección a los restos de bosque apenas terminaron todo.
Los dos hermanos acariciaban el cristal sin dejar de observar la forma humanoide.

             . – Si fuese un hada podríamos pedir un deseo – exclamó de pronto Berta.
             . – No da la impresión de estar en condiciones de otorgar deseos hermanita – respondió Luis que pese a ser dos años menor siempre se decía más realista que su hermana – Y aún suponiendo que fuese un hada ¿ Cómo ha llegado al interior de ese cristal? ¿ Porque está ahí?.

             . – No sé Luis, quizá es una forma de hibernación. Da la impresión de estar dormida. ¿ Crees que podríamos romper el cristal y liberarla?.
El chico se encogió de hombros y ambos intentaron sin éxito romper la roca trasparente golpeando con piedras. Nada, ni una muesca saltó del cristal.

              . – Esto tiene que ser algo mágico – dijo agotada la niña – No olvidemos que es un hada.
              . – Eso es lo que tu crees Berta. Podría ser una extraterrestre.
              . – No digas tonterías Luis. Es un hada.
El chico se encogió de hombros y fue a sentarse en una roca. Berta siguió acariciando el cristal.
              . – Si eres un hada y puedes conceder deseos – dijo de pronto Berta – Te pido que mis abuelos no pierdan la granja, por favor.

Luis movió la cabeza negando incrédulo al oír la petición de su hermana pero la giró intrigado hacia el cristal al ver a la niña retroceder asustada. Fue incorporándose poco a poco. El interior se había enturbiado con una espacie de humo y ya no se distinguía ninguna forma. Los dos cayeron al suelo gritando cuando pareció explotar. Un denso humo azul lo envolvía todo cuando volvieron a levantarse. Se abrazaron asustados al ver emerger de la bruma azulada una forma femenina que avanzaba hacia ellos.

Luis tragaba saliva mientras intentaba pensar que hacer si esa figura que se acercaba era hostil. Berta sin embargo, fue soltándose de su hermano y esperó con interés que la forma humana se acercase a ellos.

Dio un paso atrás cuando desplegó las alas. Eran inmensas casi del tamaño del cuerpo y Berta pensó que media tanto como el abuelo, más de un metro setenta. Tenía una cara resplandeciente, rostro anguloso y nacarado, ojos de un marrón dorado y un larguísima melena del mismo tono de los ojos que ahora les miraba con curiosidad. Luis tenía razón, el vestido parecía de época, en tonos dorados y brocados adornados de pedrería. Las alas multicolores estaban llenas de transparencias iridiscentes.

Continuará...

viernes, 28 de mayo de 2010

El hada en el cristal, (III)


Luis y Berta la examinaban de arriba abajo.
                     . – ¿ Crees que es de verdad? – preguntó Luis.
                     . – Claro que es de verdad, ¿ Quien iba a tener interés en colocar un muñeco dentro de un cristal como ese? Además estaba incrustada en la pared de la cueva. A saber el tiempo que lleva ahí. Puede tener miles de años.

                    . – No creo que tantos – señaló el niño – Observa su vestido. En el colegio nos han puesto un documental de la época medieval y se parece bastante.

                    . – Tiene el cabello muy largo, ayúdame a quitar las piedras que aún hay detrás Luis. Parece que tiene algo en la espalda.
El chico siguió las indicaciones de la hermana y la siguiente media hora estuvieron sacando el resto de las piedras que les permitía ver la figura desde todos los ángulos.
                  . – Son alas Luis – gritó asombrada Berta – Lo que sale de su espalda y asoma bajo el pelo son alas de colores. Tienen transparencias.
                    . – Eso no puede ser – exclamó el niño arrugando la frente con incredulidad sin dejar de mirar la figura – No existen seres así.
                   . – A no ser un hada.
                   . – Las hadas no existen Berta.
                   . – Pues este ser tiene que ser un hada – afirmó con seguridad – No puede ser otra cosa.

Ambos notaron la bajada en la intensidad de la luz y levantaron la vista hacia el hueco del techo de la gruta.
                 . – Está anocheciendo, ya se ha ocultado el sol Luis. Será mejor que regresemos a casa. Mañana volveremos.

El niño asintió y caminaron juntos hacia la salida de la cueva.
Estaban llegando a la granja cuando vieron a un par de hombres con trajes y corbata en la puerta hablando con el abuelo.

                 . – Puede hacer lo que quiera – decía uno de ellos al anciano – pero yo le recomendaría aceptar la oferta. La indemnización cuando le expropien será menor de esa suma. No lo dude.
El abuelo despidió con malos modos a los dos tipos y éstos subieron a su coche y se perdieron por el camino.
Los dos preguntaron que querían pero solo recibieron un gruñido del anciano que le instó a entrar en casa y ayudar a poner la mesa. Le vieron alejarse y entrar en el corral del ganado.

La cena fue silenciosa y los dos hermanos espiaron la conversación de los abuelos después de dar las buenas noches y fingir que se iban a dormir.
La misma que escucharan días atrás. La multinacional presionaba para obligarle a vender y en esta ocasión dejaba claro que terminarían expropiándole.

Continuará....

lunes, 24 de mayo de 2010

El hada en el cristal, (II)

Un ruido alertó al niño que se puso en tensión espiando la dirección, sin duda era Berta. En efecto, su hermana apareció tras una curva del terreno, pasó a su lado sin percatarse de su presencia y encaminó sus pasos hacia la pared de la cima del montículo cubierta por una alta vegetación. Con asombro Luis vio como apartaba estos y desaparecía.


Espero unos segundos y salió del escondite. Repitió la maniobra de su hermana. Había una cavidad angosta en la roca de no más de un metro de diámetro. Asomó la cabeza con desconfianza, el interior aparecía oscuro pero podía escuchar los pasos de su hermana internándose en la gruta. Se agachó y entró con precaución y casi pierde el equilibrio con la ligera pendiente descendente y las piedras en la entrada. Sospechó que esa entrada se había producido por un derrumbamiento, él había jugado muchas veces por ese lugar y a pesar de estar medio oculto por la vegetación se habría dado cuenta de la existencia de esa cueva. Avanzó despacio, ya no oía las pisadas de su hermana. Unos pasos más allá el suelo se estabilizaba y Luis vio delante una luz que fue iluminando el camino a medida que se acercaba. La gruta también se ensanchaba, el techo era ahora más alto. Levantó la cabeza y comprobó que en muchos sitios colgaban estalactitas. El ruido de piedras lanzadas le apartó de la contemplación del lugar y aligeró el paso en dirección al sonido. Al doblar un recodo la cueva lucia en todo su esplendor, con un espacio de más de 60 o 70 metros cuadrados de forma irregular. La luz entraba a través de un hueco en el techo de varios metros. Desvió la mirada hacia la figura de su hermana que ocupada en escarbar y retirar piedras en un rincón aún no se había percatado de su presencia.
                  . – Berta ¿ Qué haces? – preguntó provocando un sobresalto en la niña que se volvió asustad
                  . – ¿ Cómo has llegado hasta aquí? – dijo a su vez mientras se limpiaba las manos de tierra.
                  . – Te he seguido. Preguntaba de donde venías y no decías nada ¿ Qué haces? ¿ Que es eso?.

Luis fue acercándose despacio, a espaldas de su hermana, medio incrustado en la pared distinguía algo que parecía un inmenso cristal de roca de casi dos metros con colores en su interior.
                  . – Esta bien – dijo Berta – ya que estas aquí podrás echarme una mano pero promete que no contarás a nadie nada de esto.
                  . – Te lo prometo – añadió el crío tratando de acercarse – pero ¿ Que es?.
                  . – No lo sé muy bien, por eso quiero sacarlo de ahí. Creo que lo ha dejado al descubierto un desprendimiento, igual que la entrada de esta cueva. Antes no estaba. Es como un cristal de roca pero creo que hay una figura humana en el interior.
                 . – ¿ Qué dices? ¿ En serio?.

Luis trató de ver el interior limpiando el cristal con la manga pero Berta tiró de él hacia atrás.
                 . – Deja eso ahora. Habrá tiempo. Tenemos que terminar de dejar al descubierto todo el cristal, aún está medio incrustado en la piedra. Cuando esté libre lo veremos mejor.

Luis siguió las indicaciones de su hermana y durante un rato estuvo retirando piedras hasta que hizo un alto y dijo que se le había ocurrido una idea. Trepó sobre el montículo y usando una piedra plana la introdujo en una rendija de la pared sobre el cristal y con otra la golpeó con fuerza varias veces.

Berta ahogó un grito al ver caer a su hermano con la avalancha de piedras que provocó un pequeño desprendimiento. Luis se levantó al tiempo que se sacudía diciendo que se encontraba bien, levantó la vista y señaló con asombro hacia la pared. El cristal había quedado totalmente al descubierto y en efecto una figura humana de mujer se perfilaba a través del cristal ahora que la luz entraba desde varios puntos.

Continuará....

viernes, 21 de mayo de 2010

El hada en el cristal, ( I)



Luis buscó acomodo entre los matorrales que le ocultaban a la vista, Berta no tardaría en aparecer. Era en ese punto donde su hermana se perdía. Desde hacía una semana Berta, antes tan reacia a dejar sin terminar la tarea del colegio salía de casa en dirección a los restos de bosque que quedaba tras el devastador incendio sucedido tres años antes. Los abuelos con quienes convivían tras la muerte de sus padres, unos meses antes del incendio, sospechaban que fue provocado y el hecho de no haber sido repoblado les reafirmó. Eso unido a la presión que estaban recibiendo sus abuelos y varios granjeros más para vender las tierras a una multinacional que había adquirido los terrenos quemados para construir un parque de atracciones, terminaron de confirmar las sospechas.

La presión era tremenda a los tres granjeros que aún resistían, entre ellas su granja. Luis recordó la conversación que Berta y él espiaron de sus abuelos, la abuela argumentaban que era mejor aceptar la oferta y marchar a la ciudad. Las tres granjas quedaban aisladas en mitad de lo que sería aparcamientos y centro comercial del proyecto. Era imposible intentar resistir y tarde o temprano la multinacional conseguiría una orden de expropiación en nombre del interés general que suponía el número de empleos que se iban a crear. Un beneficio para la cercana ciudad que se recortaba en el horizonte.

Berta estaba extraña desde que escucharon la conversación de los dos ancianos, a Luis no le sorprendía. Su hermana de trece años y él buscaron consuelo a la perdida de sus padres en la vida de la granja, antes de eso los dos eran niños de ciudad y la propiedad de los abuelos era solo visitas de fines de semana pero el día a día en ese lugar, la colaboración en los trabajos y la relación con la vida del campo y los animales fue lo mejor que les pudo ocurrir tras la tragedia.

Berta le había comentado tras escuchar esa conversación que la abuela siempre había dicho que el abuelo lejos de sus tierras no sobreviviría. Eso fue dos días antes de que su hermana mayor comenzase a ausentarse y volviese dos o tres horas después sin decirle nada cuando él preguntaba.

Decidió seguirla pero siempre desaparecía en el punto que observaba ahora medio oculto por un arbusto. Esta vez averiguaría que se traía Berta entre manos. Luis miró a su izquierda, podía divisar sin dificultad la línea que marcaba hasta donde llegó el incendio, casi milagrosamente, como si la naturaleza quisiese hacer una compensación por la perdida de vida, el lado donde él se encontraba había redundado su esplendor a pesar de encontrarse en un altozano de roca caliza poblado solo por algunos árboles diseminados que en estos últimos años habían sido abrigados por un exuberante sotobosque.

Continuará...

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