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sábado, 24 de abril de 2010

Amor oscuro, ( IV ) Final.



La luna llena impregnaba el lugar de una atmósfera fantasmal, la luz difusa de plenilunio proyectaba las sombras de las tumbas y los nervios a flor de piel de Luisa creía oír crujidos y roces por todas partes.

Necesitaba polvo de hueso de un cadáver y la última fase ceremonial del conjuro debía realizarse en ese lugar. Nunca le gustaron los cementerios y menos de noche.
Podía sentir los latidos de su corazón golpeándola en la cabeza, había saltado el muro en un lugar en que no era demasiado alto y la puerta del osario no fue difícil de abrir, supuso que a nadie le importaba esos muertos. Un par de huesos pequeños de una mano y buscó en el cementerio un lugar apartado. No había visto vigilancia pero era mejor tomar precauciones. Se colocó un rincón buscando en esa posición algo de protección.
El canto repentino de un búho casi la hace gritar por el sobresalto. Intentó calmar la aceleración de sus latidos poniendo la mano en el pecho y aspirando y soltando aire. Volvió a mirar las cruces de las tumbas, nítidas con esa luz, el pensamiento de rezar buscando amparo vino a su mente. Se dijo que era sacrílego por lo que iba hacer. Mejor no llamar la atención de lo divino. Bastante tenía ya con la prueba a que iba a ser sometida.

Machacó los huesos con una piedra y los mezcló con todo lo demás en un recipiente mientras leía las palabras de invocación escritas en la tarjeta sin dejar de mirar en todas direcciones, le fallaba la voz a causa del miedo. Sonaba temblorosa y alta, incluso chillona entre las tumbas de las que parecían surgir formas.
Al mismo tiempo en la trastienda, Némesis delante de un pebetero y con los brazos en alto invocaba con palabras arcaicas hasta que una neblina rojiza inundo la estancia. Sombras negras surgieron de la tienda y huidizas se perdieron en la noche.
Cuando terminó recogió todo y se colgó la mochila dejando fuera solo la tarjeta y la gran rama de vincapervinca. Ya estaba hecho.

Atravesó el cementerio y saltó el muro sin dejar de repetir las palabras de la tarjeta. Fuera fue arrojando trozos de ramas por encima del hombro con las últimas palabras que completaban el ritual.
Sí, ya estaba y podía regresar a casa. Luisa leyó bajo una farola las misma advertencias que la hiciera Némesis de no volver la cabeza oyese lo que oyese hasta cerrar la puerta de casa.
Le temblaban las piernas. Sentía en el estómago como un pellizco. La respiración que inútil había intentado tranquilizar le tenía la boca seca, algo iba a ocurrir para que se insistiera tanto pero sólo tenía que no girar la cabeza y llegar a casa.
Tomó aire y corrió para no perder el último metro. El ruido del tren ahogó lo que se la antojó susurros o era su imaginación. Bajó en su parada, tres manzanas y estaría en casa. Eran más de la una de la madrugada y Luisa hubiera deseado la calle más concurrida. Los susurros pasaron a extraños ruidos, pisadas tras ella y gruñidos que se acercaban. En esa fase no se mencionaba que tuviera que decir palabra alguna pero ella repetía una y otra vez las que pronunciara al salir del cementerio intentado calmar el miedo.

Al fin su calle, larga y solitaria. Los gruñidos y susurros estaban cada vez más cerca, podía oírles pegados a sus oído. Una voz siniestra la llamaba por su nombre. No volver la cabeza, repetía compulsiva. Estaba a poca distancia de su casa, nada la sucedería allí y lo que quiera que fuese que la estaba siguiendo la dejaría en paz una vez cerrada la puerta. Apretó el paso, ya casi estaba, y de pronto a su espalda.

       - Luisa, ¿ Qué haces a estas horas en la calle? Podría pasarte algo. Deja que te acompañe hasta la puerta
La voz adorada de Sergio, aliviada giró la cabeza con una sonrisa en los labios.

Un alarido espeluznante atravesó el silencio de la noche rebotando su onda en los edificios apagados provocando que unas luces se encendiese y varios vecinos se asomasen a las ventanas. Estuvieron un rato tratando de encontrar la procedencia y al no oír nada más poco a poco las luces se fueron apagando y de nuevo el silencio cayó sobre la calle.

Una hora más tarde el vehículo de Sergio aparcaba frente a su casa, Marisa cruzó el chal sobre el pecho para protegerse de la brisa fría que se había levantado. Volvían de la fiesta de unos amigos.

Caminaban hacia casa cuando un cuerpo tapado parcialmente por los contenedores de basura llamó su atención. Sergio se aproximó con lentitud seguido de Marisa.

          - ¿ Está muerta? – preguntó temblorosa al ver a Sergio inclinarse sobre el cuerpo intentado buscar el pulso, éste afirmó con la cabeza – Es una anciana, será mejor llamar a la policía. Pobre, seguro que ha sido un asalto.

          - Seguramente aunque no veo heridas. La habrán golpeado – Sergio levantó el cabello que cubría la cabeza ladeada y dio un respingo de sorpresa – Dios mío, es Luisa. Mi vecina – se alejó del cadáver horrorizado retrocediendo de espaldas hasta situarse junto a Marisa, la abrazó con fuerza – No entiendo porque tiene ese aspecto. Llamemos a la policía.



Beatriz dobló el periódico que leía frente a la tienda al ver aproximarse a Némesis, ésta fijó sus ojos ambarinos a la luz del día en ella con una suave sonrisa y una leve inclinación de cabeza como saludo.

         - Estarás contenta – dijo Beatriz mostrando la fotografía de la portada, en ella se reflejaba el cuerpo y la cara de una mujer aún joven pero con el cabello totalmente blanco y una expresión de terror en sus ojos – No consiguió superar la prueba – Volvió a plegar el diario antes de levantar hacia Némesis una mirada triste – Al menos solo se ha dañado a sí misma.

La hechicera respondió con un gesto que no alteró su sonrisa.

        - Era estúpida – afirmó Némesis sin emoción alguna – Las advertencias fueron reiteradas.

        - ¿Cuándo tendrás suficiente? – la increpó con rabia Beatriz - ¿ Cuántas vidas?

        - ¿ Acaso soy yo quien les llama? Son ellos los que vienen a mi. Yo no soy el mal Beatriz, el mal está en sus corazones. Vienen como viniste tu en su momento.

Una ráfaga de dolor cruzó los ojos de Beatriz al traer a la memoria aquel día tan maldito por ella en esos años.

        - Si no hubiese encontrado ese anuncio, si tu no hubieses aparecido mi historia seria una más de desamor y Pedro continuaría con su vida. Eres tan culpable de su muerte como yo – volvió a abrir el periódico y a mostrar la fotografía de Luisa – Y esta muerte también pesa sobre ti, como pesan las de todos los que no superaron la prueba y la desgracia de los inocentes de los que sí lo lograron – añadió con pesadumbre – Sin tu presencia toda esta muerte, toda esta maldad se habría evitado.

        - La maldad siempre estará ahí Beatriz – Némesis dulcificó el gesto en una leve sonrisa – Siempre saldrá al paso del hombre. Es una elección voluntaria. Yo soy la casualidad, la tentación que se presenta. Siempre informo y advierto las consecuencias. Soy leña, ellos el fuego que la prende.

Beatriz miró durante largos segundos a la hechicera que seguía en su muda observación.

Pasó, en un gesto de desaliento la mano por la frente.

      - No sé que hago aquí. De nada valen mis advertencias.

      - Eso no es cierto. Has conseguido que unos pocos abandonaran la idea. No ha sido un esfuerzo inútil.

      - Unos pocos – Beatriz hizo una mueca de angustia – frente a los muchos que en estos cinco años desoyeron y murieron sin superar la prueba o los que superándola ahora lloran esa decisión amargamente.
Némesis avanzó hasta Beatriz y posó la mano en su hombro.

      - Tu calvario ha terminado Beatriz. Ya no tendrás que venir a seguir advirtiendo a nadie más. El castigo que te impusiste como expiación ha hallado gracia y perdón. Encontrarás paz.

      - ¿ Dejarás tus hechizos? – levantó esperanzada la cabeza.

Némesis negó con la suya sin dejar de sonreír.

      - Entonces ¿ Porque me dices que ya no tendré que venir?. Que tendré paz. No puedo encontrar esa paz de la que hablas sabiendo que no hay nadie aquí que intente convencerles que no lo hagan.

      - Otra persona ocupará tu lugar como antes que tu la ocupó otra. Siempre ha sido así desde hace cientos de años.

      - ¿ Cientos de años? – inquirió extrañada Beatriz.

      - Bueno – Némesis por primera vez sonrió afectuosa – En realidad se pierde en la memoria del tiempo.

Beatriz fijó sus ojos en los ambarinos y tuvo la sensación que la atravesaba un halo de conocimiento que la dejó muda largos instantes como si el tiempo se hubiese detenido.

      - Némesis era la diosa que castigaba a los culpables que no eran alcanzados por la justicia humana como los ingratos, los orgullosos o los egoístas – añadió Beatriz con voz queda sin poder apartar sus ojos de la mirada de la hechicera.

      - También se dice que una persona puede convertirse en la Némesis de otra para traerle desgracia o destruirle – continuó ésta – Cualquiera de las dos es posible.

      - ¿ Quien eres tu realmente? – preguntó Beatriz arrugando la frente.

      - Alguien que como tu cumple una misión. Tu eres afortunada Beatriz, la tuya ha terminado – dejó escapar un leve suspiro – La mía dura demasiado.

Un gesto dolorido atravesó la expresión de Beatriz.

      - ¿ Misión? Sólo para tentar. ¿ Y los inocentes? ¿ No importan que sus vidas queden a merced de este juego diabólico?

      - Cada persona tiene un destino y muchas buenas personas caen víctimas de la desgracia.

      - ¿ Porque? – inquirió furiosa Beatriz acercándose aún más a Némesis, hasta que sus caras quedaron a un palmo de distancia – ¿Quien decide esos destinos?.

       - No necesitas ir en tu conocimiento más allá – Némesis contemplaba su ira impávida – Acepta la oportunidad que tu sincero arrepentimiento y tu sacrificio de estos años te brinda y marcha en paz.

       - Mi único objetivo en estos cinco años era venir aquí – Beatriz cambió la expresión a una mueca dolorida y abrió las manos con impotencia – No tengo ningún otro.

       - Lo encontrarás – Némesis giró la cabeza hacia un hombre que en ese momento empujaba la puerta de la tienda. Volvió la vista de nuevo a Beatriz – Tengo un cliente. Vete a casa. Aprovecha la ocasión que has conseguido y sigue los designios de tu corazón. Él te guiará bien.

La vio alejarse y entrar por la puerta trasera de la tienda. Durante unos minutos se sintió perdida y asustada, en ese momento una mujer dobló la esquina y se sentó en el banco que ella ocupara tanta veces frente a la tienda.
Beatriz respiró hondo sin dejar de mirarla y vio en su expresión la suya cinco años antes. Se preguntó si detrás de la desesperación que mostraba su rostro se escondía como en su historia la muerte del hombre que amaba.

Se acercó a la papelera y arrojó el periódico. La tarde caía y un viento fresco agitó los árboles de la avenida. Beatriz cruzó su abrigo, volvió de nuevo la vista a la mujer un momento. Alguien ocupaba su lugar, alguien como ella comenzaba a expiar su culpa.

Se alejó calle abajo sintiendo una tranquilidad ya olvidada. Quizá encontrara paz después de todo.



Mariant Íberi.

Amor oscuro es uno de los cuentos
del grupo de mis Cuentos mágicos y sobrenaturales.

viernes, 23 de abril de 2010

Amor oscuro, ( III )



      - ¿ Porque dice eso? – respondió con gesto huraño.

      - Ya he dicho que debo informarte antes de continuar de las consecuencias. Vas a subyugar una voluntad alterando el destino de al menos dos personas, el hombre que amas y el de la mujer que ama él.

      - ¿ Puede conseguirme al hombre que amo? – insistió enfadada.

      - Puedo – afirmó rotunda Némesis.

      - Es lo único que quiero saber.

      - Bien – la hechicera inclinó su cuerpo hacia una mesita auxiliar y cogió una pequeña cartulina que pasó a Luisa – En esa tarjeta tienes escrito todo lo que debes hacer. Tenemos tres noches para que puedas llevar a cabo el conjuro. Si dudas ya no será posible hacerlo hasta el mes que viene – ladeó la cabeza mirándola fijamente – quizá deberías esperar ese plazo para estar segura Luisa.

      - No...no – titubeo mientras leía las extrañas instrucciones escritas – Lo haré esta misma noche, cuanto antes.

      - Tu misma, pero déjame darte otra advertencia aún más importante. Cuando hayas llevado a cabo todo lo que dice ahí habrás despertado energías oscuras encargadas de cumplir tu petición. Te pondrán a prueba. Esto exige un precio y comprobar hasta que punto eres capaz de controlar tus miedos por lo que deseas es el suyo, no estarás a salvo hasta atravesar el umbral de tu casa y cerrado la puerta – alargó su mano y asió la de Luisa sobre la mesa, ésta sintió un escalofrío con el contacto – Recuerda, no vuelvas la cabeza oigas lo que oigas a tu espalda hasta llegar a casa.

      - Esta...esta bien, así lo haré.

Su frente se arrugó con preocupación releyendo las instrucciones.

      - Los elementos que menciona aquí....
      - La mayoría puedes encontrarlos en la tienda – interrumpió la mujer.
      - No son esos los que me preocupan, parecen fáciles de conseguir. Son dos de ellos – Luisa tomó aire y fijó la vista en Némesis – El último me aterra pero sé que podré hacerlo pero...¿ Cómo consigo un poco de sangre de Sergio?.

      - Eres tu quien tiene que ingeniárselas querida, dispones de tres días para conseguirlo. Esa es tu parte – reclinó su cuerpo observándola con gesto grave – La mía la realizo desde aquí. Hasta que finalices todo el conjuro podrás dar marcha atrás. Una vez completado y estés de camino a casa será irreversible.
      - No sé como lo haré pero lo conseguiré – se incorporó con seguridad y caminó hacia la puerta, antes de llegar se volvió hacia la hechicera – No pienso cambiar de idea.
      - Muy bien – dijo con voz calmada Némesis – pero recuerda la advertencia, no debes volver la cabeza por nada hasta llegar a casa y cerrar la puerta.

En la tienda la chica menuda le facilitó los ingredientes de la lista.

Fuera caminó hacia la parada del metro cuando una mujer delgada y de más o menos su edad, ojos claros y tez pálida le salió al paso.
      - Has ido a ver a Némesis ¿ Verdad?
      - ¿ Qué quiere? – inquirió desconcertada Luisa.
      - Advertirte. Evitar que cometas un disparate que no sólo arruinará tu vida.
      - Déjeme en paz, no sé quien es usted – respondió Luisa enfadada intentando seguir su camino.
      - Yo soy tu hace cinco años, me llamo Beatriz y como tú pensé que Némesis y su conjuro eran la solución a un problema igual que el tuyo.
      - No sé de que me habla. Sólo he entrado en la tienda a comprar algunas cosas y no conozco a ninguna Némesis.
      - Escúchame – insistió Beatriz aferrando con fuerza su muñeca – Hace cinco años yo estaba loca por un hombre que no me correspondía y cometí la misma locura que tú estas dispuesta a realizar pero déjame decirte que no servirá de nada. Conseguí a Pedro, el conjuro le ligó a mí, pensé que aunque no me amase al principio mi amor conseguiría despertad el mismo sentimiento en él – acercó su cara a la de Luisa – ¿ A que has pensado lo mismo? Pues olvídalo, Pedro fue consciente de que no podía alejarse de mi y terminó despreciándome. Fue más duro eso que no tenerle e intenté que Némesis deshiciera el mal que había hecho, ya era tarde para eso. Un día al volver del trabajo encontré a Pedro muerto – Beatriz apretó aún con más fuerza la muñeca de Luisa – Se había ahorcado para escapar de mi. Desde entonces vengo aquí tres días al mes, los mismos que pasa consulta Némesis e intento evitar que alguna otra ilusa cometa la misma estupidez.

Luisa se deshizo con rabia de la mano de Beatriz.
      - Siento tu desgracia pero yo sí conseguiré que él me ame. Hasta ahora no ha tenido la oportunidad de conocer como soy realmente, cuando lo haga me amará.
      - Esas son las mismas ilusiones vanas que yo tenía amiga, no sabes cuan equivocada estás. Te odiará por haber truncado su libertad y no podrás soportar su desprecio.
      - No, tu estas equivocada Beatriz. Lamento tu triste historia pero la mía será diferente – se alejó de ella camino de la boca del metro.
     - Por favor. Piénsalo – le gritó Beatriz pero Luisa caminaba deprisa y no volvió la cabeza. Su figura se perdió escaleras abajo.

Nerviosa repasaba las instrucciones de la tarjeta una y otra vez, las tenía memorizadas de tanto releerlas.
Había anochecido y seguía sin saber como iba a conseguir la sangre que necesitaba de Sergio. Caminó hacia la ventana pensativa y en ese momento la pareja y el perro salían de la casa, Sergio depositó la basura en el contenedor y pasó un brazo por los hombros de Marisa y juntos se alejaron siguiendo al perro.
Luisa no pudo evitar una sonrisa triunfal, el destino conspiraba a su favor. Al depositar la bolsa en el contenedor había visto un vendaje en la mano de Sergio. Quizá se había cortado y tenía que haber sido en casa, porque esa mañana cuando ella le vio volver del trabajo no tenía el vendaje ¿ Habría restos en la bolsa de basura?.
Buscó su bolsa y con ella se acercó al contenedor, por fortuna para ella estaba casi lleno y la bolsa roja de Sergio era la única de ese color. Asió ésta y caminó con rapidez a casa. Debió cortarse en la cocina porque encontró varios papeles de ésta llenos de sangre apenas la abrió.
Respiró con fuerza, ya tenía todos los elementos, miró la hora. Eran las diez y media, debía estar lista para el último paso, a las doce debía tener todo el ritual preparado en el destino indicado. La aterraba pero ya estaba cerca. Costaba creer que todo esto fuera posible, si Beatriz no la hubiese abordado al salir de la tienda quizá estaría dudando pero esa mujer había hecho todo el conjuro con éxito. Había conseguido el hombre que amaba. Se llevó la mano al corazón que latía con fuerza. A ella no la pasaría lo mismo. Sergio aprendería a quererla con el tiempo. Su amor por él era demasiado fuerte para que no fuera así, solo necesitaban pasar tiempo juntos. No, su historia no tendría un final tan trágico como la de Beatriz.
Había dejado todos los elementos de la lista sobre la mesa de la cocina incluidos los papeles con la sangre de Sergio, los colocó con cuidado en una mochila y abandonó la casa.



Continuará...

lunes, 19 de abril de 2010

Amor oscuro, ( II )



Una charlatana, pensó. Una sacadinero que aprovechaba la desesperación para llenar sus bolsillos.
Durante todo el día intentó alejar el anuncio de su mente. Pese a sus argumentos surgió una duda, ¿ Y si fuera posible? En intentarlo solo perdería dinero.
Miró la dirección, la visitaría al día siguiente.

Dudó frente al escaparate de la tienda esotérica varias veces caminando hacia la esquina y volviendo. Un cartel anunciaba que Némesis solo pasaba consulta tres días al mes, hoy era el primero de esos días.
Preguntaría la tarifa, si era abusiva marcharía a casa.
Empujó la puerta haciendo sonar una campanilla y una chica de aspecto anoréxico y enormes ojos negros salió de la trastienda. Los honorarios le parecieron bajos para lo imaginado en ese tipo de cosas y preguntó si Némesis podría recibirla. La chica afirmó con la cabeza y le indicó la puerta por donde había salido.
Apretó con fuerza el bolso con las manos cuando atravesó el umbral. La habitación en penumbra la recibió con un dulzón olor a incienso, tonos rojos en las paredes, luces indirectas y algunas velas. Tras una mesa una mujer de profundos ojos castaños fijos en los suyos que indicó con un gesto lánguido de la mano la silla vacía.
Luisa tragó saliva frente a la mujer de pelo negro y piel ebúrnea que continuaba observándola sin mover un solo músculo de su cara. Había algo irreal en ella que la inquietaba.
      - Vengo por el anuncio – dijo al fin incómoda por la observación de la que estaba siendo objeto.
      - Lo sé – y la voz le pareció lejana y penetrante como venida de las profundidades del tiempo – Sé lo que quieres pero antes debo informarte de las consecuencias de cumplir tus deseos.

Luisa asintió con la cabeza. No le extrañaba que se dedicase a una actividad como ésta, había algo misterioso y reverente en la mujer sentada frente a ella, algo que intimidaba y producía miedo o era su propio temor el que estaba entre ambas.
      - El paso que quieres dar no se encuentra entre las mancias blancas Luisa.
      - ¿ Como sabe mi nombre? – se sorprendió más asustada aún.
      - Sé muchas cosas y tu debes conocer las que te afectan en la decisión que vas a tomar – la mujer levantó la barbilla provocando que la luz indirecta arrancase reflejos azulados en su pelo, su expresión continuaba estática. – El deseo que quieres está en la magia oscura, supone violentar la voluntad de otro y el precio a pagar es alto.
      - ¿ No son los honorarios que ha indicado la chica de la tienda?

El comentario provocó una leve sonrisa en Némesis que inclinó hacia delante su cuerpo dejando sus perfectas manos sobre la mesa.
      - No hablamos de cuantía económica, esa como ya te han dicho es irrelevante. Atravesar el umbral de la magia negra no tiene vuelta atrás y no siempre lo conseguido coincide con lo deseado. Por eso debo informarte.
      - ¿ Puede conseguir que Sergio me ame?.
      - No.

La rotunda respuesta la dejó descolocada unos instantes.
     - Pero.. – titubeo confusa – El anuncio decía que...
     - El anuncio dice – la interrumpió Némesis – que puedo conseguir que el hombre que amas sea tuyo, conseguir que le poseas no es lo mismo que él te ame. Eso no puedo conseguirlo. Ninguna magia puede.

Pasaron instantes eternos en los que la mirada de Némesis no se apartó de la pensativa de Luisa, quien trataba de calibrar las palabras oídas. Suspiró quedamente antes de hablar.
     - ¿ Me está diciendo que puede conseguir que Sergio sea mío sin que me ame?
     - Es lo que ofrezco.
     - De acuerdo, adelante.
     - ¿Sabes que se dice de las magias? – y ante el gesto negativo de Luisa – que recibirás ciento por uno todo aquello que desees a los demás, sea bueno o malo.

Continuará....

Mariant Íberi.

viernes, 16 de abril de 2010

Amor oscuro, ( I )

La tragedia sobreviene a veces imprevista como el ladrón que acecha pero otras es llamada como si pusiéramos una luz en la ventana para atraerla.
Luisa intentaba controlar la amargura que la corroía mientras veía a la hermosa mujer despedirse de Sergio con un beso antes de entrar en su coche.
Dejó caer la cortina sin molestarse en enjuagar la lágrima, que solitaria resbalaba por su mejilla.
Caminó sin rumbo por la casa hasta sentarse en el borde de su cama desolada, cobijo de sus sueños imposibles. ¿ Cuánto tiempo ya? Más de tres años, desde que Sergio compró la casa frente a la suya.
No supo como comenzó ese sentimiento. Le veía desde la ventana, siempre se levantaba con tiempo. Le gustaba desayunar con calma antes de marchar a su trabajo. Sergio sacaba temprano al perro paseándolo por la calle. Ella le contemplaba.
A veces coincidía en el supermercado cercano al barrio y comenzaron a saludarse.
Así surgió la atracción, solo de ella. Sergio, atractivo y mundano pese a tener su misma edad, treinta y siete entonces, siempre frecuentaba mujeres más jóvenes y hermosas que ella.
Luisa desvió la vista hacia el espejo. Nunca fue bella. En su juventud, quizá era bonita. Belleza corriente, como su posición y su trabajo. La lozanía hacia ya tiempo que se había marchitado, como sus sueños de amores frustrados.
Sergio se coló dentro sin darse cuenta. Nunca fue amante de los perros pero compró uno para coincidir en los encuentros.
Un cuarto de hora en la mañana y al atardecer que disfrutaba con deleite. Su amor y su pasión fueron creciendo y con ellos su sufrimiento. Sergio no pasó de la amabilidad de un vecino y Luisa veía como entraban y salían mujeres de su vida.
Eran breves y en esa brevedad encontró consuelo.
Las relaciones de él nunca pasaban de un par de meses, hasta que llegó Marisa.
Esperó verla desaparecer como las otras pero pasaban los meses. Seis ya. Había visto introducir muebles nuevos y en las salidas mañaneras de los canes, donde seguían coincidiendo, Luisa preguntó inocente si estaba cambiando el mobiliario. Apenas consiguió mantener el gesto cuando le comunicó que Marisa y él iban a vivir juntos. Creía haber encontrado a la mujer de su vida.
Su existencia se tornó gris, intentó olvidar, alejar de su mente ese amor sin fundamento. Rebelde a todo intento la imagen adorada volvía día tras día repetida.
Se asumió condenada a ese amor, a ver a la pareja pasear al perro entrelazadas las manos, alejándola de lo único que permitía verle de cerca, hablar con él. Llenar su corazón y su mente de la breve cercanía que en esos años sostuvo sus sueños y su vida.
Intentó un crucero con una compañera de oficina, un barco de solteros.
Le llegaron proposiciones, se dejó llevar en un par de encuentros.
Era la cara de Sergio la que veía en cada uno de ellos, era su voz, sus ademanes, su media sonrisa. Siempre era él, en todos los que se acercaban. Rezó para que terminara el crucero. Prefería el dolor de verle enfrente, sufrir su felicidad con Marisa espiando sus salidas.
Esa tristeza fue palpable en el trabajo. Afectó su actividad laboral, ahora indiferente, hasta que el médico diagnosticó una baja por depresión que la enclaustró en casa.
Regaló el perro. Sacarlo ya no tenía sentido. Sus salidas eran sólo a la compra y a por el periódico, hábito de toda la vida que aún persistía.
Y fue ahí donde descubrió el anuncio.

     Némesis hará tus sueños realidad, esos que crees imposibles
     Ven a verme y conseguiré que ese amor sea tuyo
     Resultados garantizados. Si quieres que esté contigo, no dudes.  
     ¿ Quieres lograrlo? Yo puedo.                                  
     Ven y compruébalo. Tendrás el amor que sueñas.


Continuará...

Mariant Iberi.

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