domingo, 11 de julio de 2010

El chaqué, final.

- ¿ Pero donde va? – preguntó Puri.
Le siguieron y vieron como bajaba las escaleras del tercero donde vivían sin contestar a sus llamadas. Ramón intentó seguir a su hijo pero solo llegó a tiempo de verle subir al coche y alejarse calle abajo.

- ¿ Donde va? – interrogó Paquita tras él.

- No sé. Ni siquiera ha vuelto la cara cuando le llamaba – se volvió a su mujer – Vamos a comer. Seguro que ha querido enseñárselo a Beatriz.

- El traje no debe enseñarse antes de la boda.

- Ese es el de la novia mujer. Sobre el traje del novio no creo que exista tradición y seguro que al chico le hace ilusión – puso la mano sobre el hombro de su mujer y la empujó hacia el portal – Vamos a comer que se está enfriando la carne.

Mientras tanto Antonio conducía con la mirada perdida al frente. Condujo hacia la carretera de la costa. Poco después, un desvío y subió por una colina hasta un grupo de chalet residenciales. Aparcó el coche y con seguridad introdujo la mano en la pequeña cancela y descorrió el cerrojo, atravesó el jardín y llamó a la puerta.

Unos segundos después una mujer con aspecto sudamericano abrió la puerta con gesto interrogante ante el desconocido con chaqué que tenía delante.

- ¡ Hola Ursula ¡ - saludó Antonio con voz mecánica y sin esperar respuesta pasó junto a la sorprendida criada que poco después intentó detenerle.

- ¿ Quien es usted y como sabe mi nombre? ¿ Quiere que le anuncie a la familia?.

Antonio no contestó, atravesó el vestíbulo y subió las escaleras ante la desconcertada criada que no sabía que hacer. ¿ Sería algún familiar que había llegado tarde al entierro del señorito Javier? ¿ Y como sabía su nombre?.

Lo mejor, pensó, será informar a la familia que almorzaba en el comedor en ese momento.

No le dio tiempo, horrorizada vio como el desconocido con chaqué bajaba las escaleras con la escopeta de caza del señor, pasaba junto a ella y dirigía sus pasos hacia donde estaban todos los de la casa en ese momento.

Antonio escopeta en mano entró en el comedor haciendo que todos los presentes le mirasen aterrorizados al ver la escopeta con la que apuntaba a la mesa. En la misma, un hombre de unos sesenta años, una mujer de edad similar y un hombre de unos treinta. Y una joven de unos veintitantos bien parecida que corrió a abrazarse a la señora mayor.

Antonio la miró unos segundos con ternura y enfiló el cañón hacia el hombre joven. Le observó unos instantes con odio y sin mediar palabra abrió fuego dos veces alcanzándole en el pecho provocando los gritos de todos. Segundos después un Antonio atónito miraba la escena y escuchaba aturdido los llantos de las dos mujeres. Miró sus manos y lanzó al suelo el arma horrorizado.

Ursula corrió al teléfono con intención de llamar a la policía cuando las sirenas parándose delante de la puerta le indicaron que ésta había llegado. No era posible que la hubiera llamado algún vecino al oír los disparos, solo habían pasado unos instantes.

Abrió la puerta a los policías que entraban en ese momento en el jardín.
Gritando delante de ellos tratando de explicar lo ocurrido les condujo hasta el comedor.

Las dos personas mayores abrazaban a la joven. El cuerpo sin vida de un hombre yacía en extraña postura sobre la mesa con dos disparos de escopeta en el pecho mientras otro hombre joven vestido con un chaqué se preguntaba que había pasado y que hacía él en esa casa.

Al día siguiente los titulares del periódico local en primera página relataban el suceso.

Extraño caso el sucedido ayer a las tres y media de la tarde cuando el joven de veinticinco años que responde a las iniciales A. S irrumpió en el chalet de la familia Salazar, la sirvienta declaró que tras abrirle la puerta, el para ella desconocido la saludó por su nombre y entró subiendo las escaleras de la vivienda. Fue hasta la habitación del dueño de la casa, sacó su escopeta de caza, la cargó y bajó hasta el comedor abriendo fuego sin mediar palabra sobre el sobrino de los dueños. Recordemos que la familia Salazar había sido golpeada por la tragedia unos días antes cuando en un asalto por lo que se creyó una banda de delincuentes asesinaron al hijo de estos de varias cuchilladas sin que, según declararon los testigos, sus padres y su primo - la víctima de ayer- mediase provocación alguna.
La policía llegó segundos después de cometerse el crimen. Se dirigían precisamente a arrestar al primo de Javier Salazar. Habían detenido a la banda de asaltantes cuando intentaban vender parte de los objetos robados en la casa. En la detención confesaron que habían sido contratados por Alberto Salazar, el primo de la víctima, para fingir un robo y dar muerte a su primo. Tras interrogar a la prometida presente en la casa en el momento en que A. S disparó a Alberto Salazar reconoció que el primo de su novio se le había declarado hacia un mes y que le había pedido que suspendiera la boda. Ella le había rechazado pero nunca sospechó que hubiese sido capaz de urdir un plan como ese para acabar con su prometido.
La parte desconcertante de la historia continua siendo la presencia de A. S en esa casa. Tanto los padres de Javier Salazar, la novia y la sirvienta sostienen que nunca le habían visto. A. S al igual que Javier también se disponía a casarse al día siguiente. El homicida de Alberto Salazar sigue manteniendo que no tiene ni idea de cómo llegó a esa casa, que no conocía a ninguna de esa personas y que ni siquiera recuerda haber cogido un arma y mucho menos haber disparado. Su único recuerdo es que estaba en su casa frente al espejo probándose el chaqué y después se vio con el arma en la mano y la arrojó al suelo sin comprender nada.
Esta historia se hace aún más extraña cuando el padre del homicida que responde a las iniciales R. S, empleado del crematorio, se personó en las dependencias policiales al enterarse de los hechos acusándose del crimen diciendo que él robó el chaqué del difunto Javier Salazar antes de ser incinerado, chaqué que llevaba puesto el asesino durante el crimen. Afirma que su hijo es solo una víctima inocente, un instrumento de la venganza del difunto.

Mariant Íberi.

sábado, 10 de julio de 2010

El chaqué, 5ª parte.

Respiró tranquilo. Esa noche no había dormido bien. Había esquivado las reiteraciones sobre el tema de su mujer alegando dolor de cabeza pero las imágenes del cuerpo de ese hombre joven al que habían despojado de su traje no le dejaron dormir en paz.


No le había comentado nada a Paquita. Parecía resignada a lo inevitable porque esa mañana en el desayuno no había vuelto a insistir. Prefería darle una sorpresa aunque en su fuero interno reconocía que prefería oler el traje antes, quizá ese olor fuese resistente y todo lo que habían hecho no había servido para nada.

Ahora conduciendo hacia casa se sentía más tranquilo con el chaqué extendido en el asiento de al lado. No olía a nada y lo habían dejado impecable. Manolo tenía razón. No habían hecho nada malo. El traje iba a quemarse con el muerto y a su hijo y a él iba a hacerle un gran servicio.

Entró en casa llamando a gritos alborozados a su mujer, Paquita secándose las manos apareció por el pasillo.

- ¿ Pero que pasa? ¿ Porque gritas de esa forma?.
Ramón levantó la percha con el traje cubierto por el plástico con una sonrisa. Paquita se llevó las manos a la boca al ver de que se trataba.
- ¿ Pero como? ¿ Has pedido el préstamo?.
- Sabes que eso no es posible. Ha sido una sorpresa de los compañeros de la peña. Seguro que Manolo les ha contado el problema que teníamos y han tenido este detalle. Es un regalo de bodas para el chico.

Paquita introdujo emocionada la mano bajo el plástico y acarició la tela.

- Y es de los buenos. Debería ir a darles las gracias personalmente.
- No es necesario – dijo nervioso – ya sabes que la peña no admite mujeres.
- Estaba bien – añadió ella quitándole la percha de las manos y llevándose el traje hacia la habitación de su hijo – Pero cuenta con unas cuantas tartas caseras. ¡ Dios Mío ¡ Verás la cara que pone Antonio cuando lo vea.

Ramón esperó con ansiedad la llegada de su hijo. La excusa de la peña había colado con ella pero el chico quizá hiciera más preguntas.

Dejó que su mujer le dijera que fuese hacia su dormitorio, que tenía una sorpresa.

Al observar la reacción de su hijo mayor al contemplar el chaqué comprendió que Antonio había fingido que no le importaba llevar el traje que habían comprado. Puso una sonrisa de oreja a oreja y se tragó a pies juntillas la explicación de su madre del regalo de la peña. Ni siquiera comió antes, quiso probárselo enseguida.

Ramón observó que tanto su mujer como su hijo estaban tan emocionados que no cayeron en la cuenta de que el traje no tenía etiquetas de recién comprado. En la tintorería habían hecho un buen trabajo y el traje tenía el tacto de estreno.

Miró con admiración la buena planta de su hijo con el chaqué puesto mientras Paquita le colocaba la corbata. Antonio le sacaba un palmo y el difunto debía tener su misma altura y sus mismas medidas porque el traje le venía como un guante. Perfecto de todo. Además su hijo era más apuesto que el hombre que habían asesinado un día antes de su boda. Decididamente ese traje le iba a ser más útil a su hijo que a él. Iba a ser consumido por las llamas, suspiró aliviado al notar que desaparecía el remordimiento.

Ramón apoyado en el marco de la puerta miraba arrobado a su hijo ante el espejo de su armario y a su mujer dando tironcitos aquí y allá.

Su nieta de tres años con las manos manchadas de caramelo intentó llegar al tío pero la sujetó a tiempo.

Puri con su barriga de cinco meses y la otra pequeña de cuatro en brazos contempló a su hermano desde la puerta.

- Estas impresionante hermano. Vas a dejar a esos finolis boquiabiertos.

- Vamos, vamos – dijo Paquita empujándolos hacia fuera – Dejemos que se lo quite y le esperamos en la mesa. Dentro de dos horas llega el tren de Luis y hay que ir a buscarle.

Paquita miró unos segundos más a su hijo que seguía mirándose al espejo con satisfacción y cerró la puerta.

La alegría parecía haber vuelto a la casa de Ramón Sánchez mientras esperaban a Antonio sentados a la mesa, todos reían y bromeaban sobre la suerte que habían tenido con el improvisado regalo. Ramón suspiró aliviado al recordar que el marido de su hija era de un equipo contrario. El único que tenía contacto con la peña era él. Nadie tenía porque saber nada.

Paquita dio una voz llamando a su hijo al ver que tardaba más de la cuenta para sentarse a comer y todos sorprendidos le vieron pasar por el pasillo sin decir nada hacia la puerta con el chaqué aún puesto.

Continuará...

viernes, 9 de julio de 2010

El chaqué 4ª parte

- Robarle a un muerto. Mi hijo tiene un buen traje. No necesita el de un difunto. No digas disparates.

Ramón intentó accionar la palanca de nuevo y la mano de Manolo volvió a detenerle.
- Piénsalo Ramón – Manolo se quitó la gorra dejando al descubierto su pelo ralo levemente canoso – Esa familia todos con chaqué y tu hijo entrando en la iglesia con su buen traje pero de lo más corriente. Piensa en las miradas despectivas de sus amistades. Con el buen porte que tiene tu hijo estaría magnífico con ese chaqué – le miró acercando su cara a Ramón y bajando la voz hasta convertirla en un susurro – Traje que está a dos metros de arder en las llamas. ¿ Crees que a este hombre le importa que le quememos con el traje puesto?.

- Pero..pero – balbuceó Ramón.

- Vamos tío – insistió Manolo – es una oportunidad caída del cielo.

Ramón confundido se adelantó varios pasos sin dejar de mirar el ataúd depositado en la cinta. Robarle a un muerto. Pero Paquita tenía razón, los Mena no habían hecho más que humillarles desde que Antonio se comprometió con su hija Beatriz y aparecer en la boda con un traje normal y todos de chaqué era la puntilla. De sobra sabían que se habían hecho cargo de los gastos del traje del novio.

Se pasó la mano por su huesuda barbilla. Cuando volvió a mirar a Manolo le vio afirmando con la cabeza. Solo él y Manolo lo sabrían. Su hijo nunca se enteraría que el traje era de un muerto y lo llevaría solo ese día.

Sin darse cuenta se vio asintiendo. Manolo fue hasta el ataúd y le pidió que le ayudase a bajarle de la cinta hasta el suelo. Allí sería más fácil desnudarle.

Cuando su compañero abrió la tapa, Ramón dio un paso atrás. El chico tendría al igual que su Antonio unos veinticinco años. Sus rasgos regulares no se veían alterados por la muerte y los de la funeraria se habían asegurado que tuviera buen color. Su impresión fue de estar dormido.

-  Ramón. Tienes que superarlo – dijo Manolo agachado junto al muerto y comenzando a desabotonar el chaqué – No puedo hacer esto solo.

Avanzó despacio venciendo la repugnancia que sentía, ayudó a su compañero a levantar el cuerpo para sacarle la chaqueta con las mandíbulas apretadas.

- Huele a formaldehído – dijo entre dientes.

- ¿ Y a que quieres que huela? – rezongó el otro – En la funeraria habrán tratado el cuerpo para tapar los agujeros de las puñaladas. Y no olvides que además le han hecho la autopsia.

- El traje también huele – comentó Ramón conteniendo las nauseas.

- Te da tiempo a llevarlo a la tintorería. Les metes prisa y te lo dejan listo para mañana. Tu chico se puede probar el traje el día antes aunque creo que le quedará bien, si necesitara un arreglo urgente seguro que Paquita puede solucionarlo.

Ramón le miró con pánico.
- ¿ Qué voy a decirle a mi mujer? Ha insistido en lo del préstamo pero sabe que sin el dinero de Antonio no podríamos de ninguna forma. ¿ De donde la voy a decir que he sacado el traje?.

- Le dices que los de la peña de fútbol te lo hemos regalado. Que ha sido nuestro regalo para el chaval. Somos más de sesenta. Lo creerá.

Pensó unos segundos. Este maldito Manolo tenía ideas brillantes. Paquita odiaba el fútbol y jamás se relacionaba con la peña. Podría colar.

Intentó sobreponerse y siguió ayudando a su amigo. Tras sacar la levita negra siguieron con los pantalones grises. Ramón continuaba con los dientes apretados, casi se hizo daño de tanto apretarlos cuando le tocó el turno al chaleco. La cabeza del difunto tocó su cara y Ramón sintió que el estómago se le revolvía cada vez más.

Se puso en pie con la levita, el chaleco y los pantalones en la mano mientras Manolo le quitaba la corbata de seda gris.

- Ayúdame con la camisa – dijo Manolo mirando hacia él.

- No es necesario. Le compramos una camisa estupenda a Antonio. Dejémosle al menos eso.

- No seas tonto Ramón. Es de seda y con un cuello especial para esa corbata.

Lo pensó unos segundos y volvió a inclinarse sobre el cuerpo. Al dejar el torso al descubierto y ver los cortes de la autopsia más los parches donde habían estado las puñaladas que habían acabado con la vida del joven y que la funeraria había rellenado con alguna pasta, Ramón ya no pudo más, inclinó la cabeza y comenzó a vomitar al lado del féretro.

- Que poco cuerpo tienes – expresó Manolo, terminó solo de sacarle la camisa al muerto.

La pasó a su amigo y colocó la tapa. Entre los dos volvieron no sin esfuerzo a subirle a la cinta y Manolo bajó la palanca que levantaba la puerta y ponía en marcha la cinta. El ataúd se perdió entre las llamas. Manolo volvió a subir la palanca.

Ayudó a Ramón a doblar la ropa y la metieron en una bolsa.

- Mientras estos arden acércate a una tintorería y les dices que tiene que estar listo mañana sin falta.

- ¿ No sospecharan de donde procede al oler el traje? – preguntó temeroso.

- Les cuentas que estaba guardado en naftalina, aunque no tienen porque preguntar nada. Acércate a la de las galerías comerciales. Esas son más rápidas.
Por suerte para él, al día siguiente no había programada ninguna incineración, tenía la mañana libre.

Había llevado el traje donde le indicó Manolo. Casi no quiso mirar los ojos a la dependienta temiendo las preguntas por el olor del chaqué pero la chica, muy joven posiblemente no había olido el formaldehído en su vida. Se limitó a recoger el chaqué y ante la insistencia y las prisas de Ramón le dijo que podía recogerlo a primera hora de la mañana.

Era la ventaja de su trabajo. El día anterior habían tenido que sobrepasar las horas reglamentarias, los cuerpos tardaban en quedar reducidos a cenizas pero el día que no había incineraciones podían disponer de horas siempre que quedase al menos uno de ellos por si un familiar cambiaba de idea a última hora y se decidía por la cremación.
Manolo se había quedado en el crematorio, de guardia.

Cuando recogió el chaqué lo primero que hizo fue acercar la nariz al traje, no olía a nada.

Continuará...

jueves, 8 de julio de 2010

El chaqué, 3ª parte.

Los de la funeraria salieron y él accionó la palanca, el féretro fue avanzando lentamente al tiempo que se levantaba la entrada del horno crematorio. Antes de cerrarse ésta las llamas envolvieron la caja.


Rezó para que Manolo no le contase como siempre de quien se trataba. Era una de sus aficiones, explicarte la vida del difunto mientras las llamas le devoraban sin percatarse que esa información innecesaria para él se lo hacía pasar mal.

Él no veía a los muertos y no quería pensar en ellos, prefería hacerse a la idea de que empujaba un cajón no los restos de quien había sido alguien. Manolo sabía su aversión hacia ellos, no sabía como pero siempre averiguaba de quien se trataba, le ponía nombre y apellidos y contaba retazos de su vida y ese cajón que veía entrar en las llamas ya no era solo un cajón, estaba seguro que Manolo lo hacía a propósito. Le divertía fastidiarle. Hacía tiempo que había desistido de pedirle que no le dijera nada. Eso parecía ser más efectivo que discutir con él. Sí Manolo veía que no le importaba ya no era divertido mortificarlo identificando y convirtiendo en personas las cajas de madera que él empujaba hacia el fuego.

El segundo ataúd lo trajo la funeraria media hora después, al igual que el anterior fue depositado en la cinta. Manolo estaba a punto de accionar la palanca cuando un empleado de la funeraria acompañado de un familiar entró en el crematorio y procedió a abrir el féretro. Al parecer la madre quería la medalla que su hijo llevaba al cuello. Ramón no pudo evitar un gesto de fastidio. Tener que ver además su cara era lo que le faltaba esa mañana. Prefirió volver la cabeza mientras estaba el ataúd abierto. Cuando les vio abandonar el crematorio fue directo hacia la palanca, la mano de Manolo le detuvo.

- ¿ Es que no has visto eso amigo?.

- Ver ¿ qué? – preguntó Ramón sin entender.

- Ese es el joven del que hablaban los periódicos hace dos días. Él que mataron de varias puñaladas una banda de asaltantes en el chalet de su casa. Fue la única víctima. El chico se casaba al día siguiente.

- ¿ Y qué me quieres contar con eso?.

- No has mirado ¿ Verdad? – Manolo no pudo evitar una risa mientras movía la cabeza – Te juro que no entiendo tu aversión al tema de los difuntos después de llevar veinte años en este trabajo.

- Manolo te aseguro que hoy no estoy de humor para aguantar tus bromas.

- No tengo intención de burlarme hoy con ese tema Ramón pero han vestido al chico con un chaqué, posiblemente el que iba a llevar el día de la boda y tiene la misma talla de tu Antonio.

Ramón hizo un gesto de repugnancia cuando comprendió lo que quería decirle su compañero.

- ¿ No pretenderás que yo...?

- ¿ Y por que no?. Se va a quemar. Este muchacho era de una familia bien. Es un traje de calidad. Resolvería tus problemas.

Le miró incrédulo. Jamás en su vida había entrado en su cabeza robarle a un muerto. Vestir a su Antonio con la ropa de un difunto. Movió la cabeza horrorizado.

Continuará...

domingo, 4 de julio de 2010

El chaqué, 2ª parte.

Había dejado a Paquita rezongando en la cocina. De sobra sabía él las intenciones de la familia Mena. Según todas sus amistades su chico había dado un braquetazo con este matrimonio pero ellos hubiesen preferido a una mujer más modesta. Después del enlace ya se encargaría esa familia de alejar a su hijo cada vez más de ellos. Antonio iba a conseguir una buena posición, el viejo Mena solo tenía esa hija y su hijo sin duda pronto dejaría su trabajo en el banco para hacerse cargo de las tiendas de su suegro.


Ramón se quitó la gorra de trabajo y se rascó la frente con un mueca. Debía alegrarse por su chico aunque su familia política terminara por echarles a un lado. Siempre había tenido cabeza. Terminó contabilidad y pronto encontró un trabajo de puños limpios en una gestoría y más tarde un puesto mejor en el banco.

Desde que terminó el instituto no se mezclaba con la juventud del barrio. Tuvo las ideas claras y sus amistades eran gente de mejor posición que ellos. Así conoció a Beatriz Mena.

A pesar de todo no dejó de vivir en la casa familiar y eso que en los últimos años su modesto piso de barrio obrero se había convertido en una locura, desde que a su hija la dejó embarazada el haragán con quien había terminado casándose con dieciocho años y se les habían metido en casa. De eso hacía cuatro años y Puri iba ya por el tercer embarazo. Lo único que sabía hacer ese inútil, eso y trabajar unos meses en el ladrillo para cobrar el paro y vivir de la sopa boba.

Dijese lo que dijese Paquita no podían pedir un préstamo. Tenía a Luis, su hijo pequeño estudiando en otra ciudad. Un segundo ciclo de formación profesional que podía haber estudiado aquí pero el niño estuvo enganchado a las drogas y tras pasar por desintoxicación, el psicólogo había advertido que lo más efectivo para evitar una recaída era alejarle del ambiente y de las amistades habituales y él y su mujer estuvieron de acuerdo en pagarle la estancia mientras estudiaba en otra ciudad. Parece que estaba dando resultado, el primer verano que vino de vacaciones aún se juntaba con las viejas amistades pero este último ninguno de los antiguos amigos había venido a buscarle. Luis había cambiado mucho. Tenía notas muy buenas y dentro de poco terminaría sus estudios y encontraría un buen trabajo como técnico en electrónica y sus andanzas con las drogas y las viejas amistades eran ya pasado.

La chica con dos niños y el tercero en camino, el vago de su yerno más el dinero que les costaba mantener a Luis hacía imposible pedir un préstamo y dentro de tres días cuando Antonio se marchase de casa desaparecería su aportación económica. Habían tenido que comprar también un traje al marido de la niña y pese a su embarazo también otro vestido nuevo a Puri. No, un préstamo por pequeño que fuese era impensable.

Ambos trabajadores se volvieron al oír la puerta. Los empleados de la primera funeraria acababan de entrar depositando el ataúd en la cinta de entrada de uno de los hornos.

Ramón apretó los dientes con fuerza. Veinte años contemplándolos pero era imposible acostumbrarse.

Continuará....

viernes, 2 de julio de 2010

El chaqué, 1ª parte.

Con paso cansino y cabizbajo empujó la puerta del crematorio y como cada mañana encaminó sus pasos hacia el vestuario. Manolo ya estaba vestido con el mono de trabajo, Ramón saludó a su amigo y compañero con un movimiento de cabeza, abrió su taquilla y con la misma desgana comenzó a desvestirse.


- Paquita continua igual ¿ Verdad amigo?.

Ramón hizo una mueca y asintió. Desde hacia una semana que llegó la noticia, sus futuros consuegros y organizadores de la boda de su única hija con su hijo mayor habían decidido que todos sus invitados acudirían con chaqué, su mujer no dejaba de presionarle para pedir un crédito y comprar uno para su chico.

Habían gastado todos los ahorros en los trajes. El suyo, el de madrina de Paquita y un buen traje para su hijo además de la ropa del resto de la familia.

- Estoy de acuerdo con tu mujer Ramón – dijo Manolo mientras esperaba que se cambiase – Esto ha sido una maniobra más de los Mena para humillaros; como si no explicas que a solo unos días os enteréis que ellos van a ir de chaqué.

- El traje que le compramos a mi Antonio es de los mejores que había en la tienda – contestó Ramón introduciéndose en el mono – Por mucho que me presione mi mujer no podemos pedir un préstamo personal a estas alturas.

- Eso pasa cuando se mezclan clases sociales diferentes. Comparados con nosotros los Mena con sus dos tiendas de electrodomésticos se puede decir que son como la aristocracia de la ciudad ¿ Y tu Antonio no puede pagarse el traje? Como cajero en el banco tiene un buen sueldo.

- El chico ha gastado mucho en amueblar la casa y se ha empeñado en pagar el viaje de novios. No tiene un céntimo más, además el chaval a dicho que el traje que le compramos está bien, que le da lo mismo que sus futuros suegros y su familia acudan con chaqué.

- Pues va a ser un cante. Todos los parientes de la novia de pingüinos y el novio con un traje normal.

Ramón subió la cremallera del mono de trabajo y cerró la taquilla. Siguió a Manolo hasta la sala del horno crematorio.

Llevaba en ese trabajo veinte años, no era como para ir presumiendo como se ganaba la vida pero estaba bien pagado y no era un trabajo para matarse aunque él, heredada la superstición hacia los difuntos de su madre, seguía sintiendo cierta aprensión ante los ataúdes que tenían que empujar al interior del horno y recogiendo después la cenizas para entregarlas a las familias. Por fortuna no tenía que ver los cuerpos, a ellos le llegaban ya los féretros cerrados.

Había mañanas que no tenían nada que hacer, antes más que ahora. La gente se iba inclinando por la incineración. Esa mañana tenían previstas dos, de hecho, hoy tenían que entrar en uso los dos hornos.

Mientras procedían al encendido, Ramón no podía dejar de pensar en la discusión con su mujer antes de salir de casa.

- Un crédito personal Ramón, de esos que te conceden en veinticuatro horas y que solo te piden la última nómina – había vuelto a repetir su mujer mientras le ponía el desayuno – Faltan tres días para la boda, aún tenemos tiempo de comprarle el chaqué a Antonio o convéncele que nos deje alquilar uno.

- Sabes que no es posible y el chico ya ha dicho que su traje está bien, se niega en rotundo a llevar un traje alquilado el día de su boda, dice y con razón que si los Mena o alguna de sus amistades te enterase se convertiría en el hazmerreír de todos.

- Y él pobre que va decir. Sabe la situación económica que tenemos pero no puedo soportar la idea de nuestro hijo apareciendo en la iglesia con un traje corriente y esa familia vestidos de esa forma. Esto lo han hecho a propósito – Paquita se dejó caer en la silla frente a él con una taza de café en las manos – Es una humillación más como la de decirnos que no invitásemos a ninguna amistad, solo a los familiares más cercanos, ó que siendo los padres del novio no estemos en la misma mesa que los recién casados como van a estar los padres de la novia. No pierden ocasión en hacernos de menos.

- ¿ Y qué esperabas? Cuando nuestro Antonio comenzó a salir con Beatriz Mena ya me esperaba algo así. Somos gente modesta Paquita, un trabajador del crematorio y una limpiadora.

- ¿ Y ellos que son?. Dueños de dos tiendas. Tampoco es para tanto.

- Comparado con nosotros son ricos – Ramón se llevó a la boca la magdalena que acababa de mojar en el café, la masticó despacio sin dejar de mirar a su mujer – Recuerda las trabas que pusieron los padres de Beatriz a esta boda. La pagan ellos y la van a celebrar en el club marítimo, un lugar al que ni tú ni yo hemos entrado en la vida.

Continuará...

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