miércoles, 9 de junio de 2010

Una bella historia.



Juan perdió su empleo a causa de la crisis económica que padecemos. Después de veinte años de servicios, él y varios compañeros fueron despedidos alegando la empresa ajuste de personal, más tarde se enteró que los puestos que habían perdido fueron ocupados por emigrantes de distintas nacionalidades con sueldos más bajos que en sus países habían trabajado en el mismo sector que él.
Hacía cinco años se había embarcado en una de esas hipotecas de por vida, con los tres años de paro y solo el sueldo irregular de algunos meses de su mujer sabía que tarde o temprano terminarían perdiendo la casa al no poder hacer frente a los pagos y acabaría en una de alquiler si es que encontraba algún trabajo al final de la prestación.

Juan amargado y resentido había ido acumulando pensamientos xenófobos al ver su puesto ocupado por emigrantes, algo cada vez más generalizados en una ciudad como Almería donde conviven tantas etnias distintas.
Nada agudiza más el sentimiento racista que la necesidad y la miseria y Juan sabía que a sus 52 años era muy difícil que volviese a contar con un trabajo.

Sentado en la oficina de empleo esperaba junto a otros para tramitar los papeles, junto a él, Gustavo, un hispano americano comentaba que iba a cobrar todo el desempleo y lamentaba que tendría que marchar a su país e intentar poner algún negocio allí.
Juan sintió un ataque de ira y no pudo evitar insultarle, a eso habían venido – le reprochó – a llevarse el dinero, que nunca habían aportado nada al país puesto que todo el dinero ganado salía fuera y que por su causa los trabajadores españoles estaban siendo despedidos para contratar mano de obra más barata además de contar con una protección social que no recibían los nacionales.

Gustavo escuchó tranquilo toda la disertación de Juan y con calma, al terminar éste, le dijo que hacía diez años que estaba en el que él consideraba ahora su país, contó que dos años después de llegar y gracias al contrato de un buen hombre consiguió la reunificación familiar y para sus hijas que entonces tenían 6 y 4 años, ahora adolescentes, éste era ahora su hogar y estaban en casa desconsoladas negándose a marchar.
Si Juan a sus 52 años no veía futuro, él a sus 48 no lo tenía mejor y un negocio en su país de origen era algo tan inestable que no sabía si merecería la pena puesto que si fracasaba el concepto de pobreza de Hispanoamérica difería mucho del español.

Juan bajó el tono al notar el conciliador de Gustavo y preguntó porque le habían despedido a él si los emigrantes cobraban menos, a lo que Gustavo contestó que el dueño era demasiado viejo ya para enfrentar la crisis y había preferido cerrar, era un buen negocio, añadió.

                 - Intenté convencer a varios de mis compañeros que cobrásemos de una vez el paro y hacernos con él pero no tuvieron valor. Es una pena porque mi familia está destrozada, éste es ahora su hogar y mi hijo de tres años nació aquí.

Juan interrogó sobre el negocio y dio la casualidad que era la misma actividad a la que se había dedicado en sus veinte años de trabajo. Estuvo un rato pensativo y se volvió hacia Gustavo y asegurando conocer a fondo el negocio y su funcionamiento.

                - ¿ Crees que si juntamos tu dinero del paro y el mío podríamos hacernos con él? – preguntó Juan sorprendiendo a Gustavo.
Tras la primera impresión de sorpresa del americano este afirmó con la cabeza y comenzaron a hacer cuentas. Media hora después, frustrados reconocían que no era suficiente.

                - ¿ Y con mi aportación? Tengo que cobrar 5 años de trabajo.

Ambos se volvieron sorprendidos, un tipo pelirrojo les tendía la mano presentándose como Lazlo, era rumano y llevaba 7 en España, cinco con empleo fijo que al igual que los otros acababa de perder. Había escuchado la conversación desde el principio y dijo que era una buena idea.
Tras el desconcierto inicial los dos asintieron y los tres volvieron a hacer cuentas y esta vez, en tres proporciones distintas era posible la operación.

Hace un año, un español, un peruano y un rumano de una discusión xenófoba crearon un negocio conjunto.
Son sus propios jefes sin depender de ayudas gubernamentales y me han contado que les ha ido tan bien que hace unos meses han contratado dos trabajadores, antiguos compañeros de Juan.
Tres hombres superaron prejuicios y miedos, cambiaron el odio por la colaboración y la esperanza. Está claro que por lo bien que les ha ido ese tipo de actitudes son premiadas con la suerte.

Estoy segura que seguirán con ella de su parte.

domingo, 6 de junio de 2010

El hada en el cristal, Final.

Iridia contemplaba con inquietud los rostros de sus hermanas tras exponer la idea que había tenido. La reina avanzó hacia el centro del círculo que formaban a los pies del viejo roble y movió dubitativa la cabeza.

          . – Lo que pides es muy peligroso Iridia. Cuando has vuelto de tu largo sueño has percibido lo distinto que es este mundo. Un hecho así puede provocar la curiosidad de muchos humanos que pueden asociar lo ocurrido a nuestra existencia. Eso podría ponernos en peligro.
          . – Ya estamos en peligro mi reina. Si no se consigue salvar el bosque que queda y recuperar el resto moriremos lentamente refugiadas en otro que seguirá sus mismos pasos. Esta es la oportunidad de hacer algo por su existencia.

La reina fijó sus dorados ojos color caramelo en ella y después recorrió con la mirada las figuras silenciosas de las otras participantes en el consejo.

          . – Aunque quisiéramos hacer lo que pides, necesita de mucha fuerza mágica y apenas recibimos ya de nuestro diezmado bosque.
          . – Tenemos otra fuente – se adelantó hablando con voz apasionada Iridia hasta el centro y se encaró con su reina – La de los miles que acampan velando por los pequeños árboles que plantaron. Son un único corazón latiendo por un ideal común. Una fuerza que abruma vibrando en la misma sintonía. Podemos recurrir a ella. Podemos disponer para nuestra magia de esa vibración. Estáis notando igual que yo la inmensa energía que emana. – Iridia extendió sus manos hacia sus hermanas – En cuanto a lo milagroso y la curiosidad que pueda despertad el hecho en el resto, quizá sea lo que los hombres necesitan en ese mundo descreído en el que viven ahora. Volver a creer en el misterio de lo insondable.

Esperó con ansiedad mientras todos los ojos permanecían fijos en ella hasta que una por una todas fueron afirmando con la cabeza. La reina asintió con un movimiento de la suya.

          . – Así sea Iridia. Vamos a intentarlo.
La luz del alba despertó a Berta, abrió los ojos y antes de moverse contempló sobre su cabeza como se filtraba entre las ramas de los árboles los primeros rayos de sol.

          . - ¿ Ramas de los árboles? – se preguntó extrañada. Se incorporó y salió del saco de dormir. Todos los que se habían despertado ya, incluido el abuelo daban vueltas desconcertados igual que ella mirando alrededor tratando de entender donde estaban.
Se habían dormido en un terreno abierto sembrado de pequeños arbolitos pero ahora se encontraban en un bosque adulto, espeso y exuberante de árboles perfectamente desarrollados que podrían tener muchos años por el grosor de sus troncos.

          . – Abuelo – llamó Berta al ver al anciano venir hacia ella – ¿ Donde estamos?.

          . – Es extraordinario niños – dijo el anciano intentando contener la emoción y abrazando a sus nietos – Las hadas lo han conseguido. Han logrado el milagro que necesitábamos.

Señaló fuera y en efecto, a lo lejos podían distinguir el cerco policial del día anterior. El asombro de ellos no era menor que el suyo al ver un espeso bosque donde el día anterior se encontraba una llanura llena de pequeñas plantas apenas visibles desde lejos.
Creo el suficiente desconcierto entre las autoridades como para detener cualquier acción contra los acampados, tiempo suficiente para que más y más gente después de ver en los medios lo sucedido se acercase al lugar. Las barreras ya no fueron suficientes y la multitud penetró en el bosque abrazándose a los árboles.

Un comunicado de prensa de las máximas autoridades no se hizo esperar mucho diciendo que el proyecto del parque se había abortado y se congraciaban al igual que todos de ese inexplicable milagro que les permitía contar otra vez con el hermoso bosque que les arrebató el fuego.

          . – Pandilla de hipócritas – rezongó el abuelo ya de vuelta en la granja y delante de la televisión escuchando los discursos – Habrá que tener los ojos bien abiertos por si intentan destruirlo otra vez.

          . – Como tu bien dijiste abuelo se ha abierto un camino – dijo Luis apurando la exquisita sopa de la abuela – Si vuelven ya sabemos lo que hacer y además nuestro bosque cuenta con unas vigilantes extraordinarias. Presiento que este no será el ultimo milagro que veremos – afirmó con una sonrisa cómplice a su hermana.

         . – Así lo creo yo niños, así lo creo y es maravillosa la puerta que se ha abierto.


ESTE CUENTO ESTÁ DEDICADO A MIS HIJOS Y A TODOS LOS NIÑOS QUE SON FE, FUERZA, ESPERANZA Y FUTURO DEL MAÑANA.

NO HAY IMPOSIBLES Y LO QUE CERCA Y PONE LÍMITES SON LA FALTA DE ILUSION Y LA BARRERA DE LA RESIGNACIÓN Y LA DERROTA.
LA MAGIA MÁS PODEROSA QUE EXISTE ESTÁ EN LA VOLUNTAD DEL SER HUMANO.

Mariant Íberi.

sábado, 5 de junio de 2010

El hada en el cristal, (IX)


Cuando al día siguiente las fuerzas policiales – tras ellos venían gran número de máquinas y obreros que debían arrancar los árboles – llegaron a las inmediaciones del bosque con intención de desalojar a los pequeños retenes de guardia, se detuvieron sorprendidos ante el espectáculo que tenían ante ellos.

Miles de personas, en su mayoría niños y adolescentes formaban una cadena cogidos de la mano rodeando el perímetro de la zona repoblada.

La reacción de los medios informativos no tardó demasiado en hacerse eco y más y más gente iba llegando que se unía a la cadena que ya se doblaba en muchos lugares. La autoridad decidió impedir que nadie más pasase de la barrera policial que se instaló mientras se intentaba negociar que saliesen del bosque alegando que estaban en una zona privada. La cadena humana alzó las manos unidas a modo de respuesta acompañada de cánticos.
La noche cayó sobre el monte y los resistentes se formaron en grupos en torno a las lámparas que habían llevado. La alegría y el buen humor era la nota dominante cuando extendieron los sacos de dormir.
Berta vio una pequeña forma luminosa pulular en la oscuridad y pensó que podía ser Iridia, le hizo señales a su hermano y ambos caminaron siguiendo la luz al otro lado de una pequeña loma.

En efecto, la forma del hada se materializó ante ellos.
          . – Vengo a avisaros. He estado espiando en el otro lado y he oído las discusiones entre ellos – en su bello rostro apareció preocupación – Han decidido echar algo desde el cielo mañana y desalojaros cuando estéis inconscientes.

De pronto y sin dar tiempo a contestar la imagen de Iridia desapareció, los niños comprendieron al notar una presencia que se aproximaba. El abuelo surgió de las sombras.
          . – ¿Cuánto tiempo llevabas ahí abuelo? – inquirió Berta preocupada por lo que habría podido ver.
          . – El suficiente – tomó asiento sobre una piedra, los niños apenas distinguían su silueta alumbrados por la escasa luz de la luna – Cuando tenía vuestra edad vi un hada. Durante mucho tiempo me acompañó ese secreto pero con los años mis pensamientos siguieron el curso de la lógica de los demás y mi conocimiento de tan extraordinarios seres se fue perdiendo a medida que maduraba y completaba las etapas de mi vida – el anciano suspiró y sus nietos vieron su sonrisa – Acabo de recuperarlo con lo que acabo de ver.
          . – Se llama Iridia abuelo – la nieta tomó asiento a su lado – Su vida y la de las otras hadas depende de la del bosque. Por salvarlas iniciamos todo esto.
          . – El secreto de su existencia está a salvo conmigo – dijo acariciando la cabeza de su nieta.
          . – Dice que las autoridades mañana planean echar algo desde el aire para dormirnos y desalojarnos después – añadió Luis sentándose al lado de su hermana.
          . – No me extraña. No podían entrar a la fuerza con tantos niños que podían sufrir daños. Esparcir una sustancia que nos duerma y después sacarnos era casi la única forma. – el anciano movió la cabeza con pesadumbre – No pueden dejar que ganemos. Todo esto es determinante y es un punto de inflexión. Si ganamos y dejan el proyecto habremos abierto un camino que seguirán otros, de ahí la importancia de derrotarnos. Para demostrar que contra ellos no se puede ganar. Nuestra derrota hundirá la moral de los que emocionados están siguiendo estos sucesos – el abuelo contempló la figura del hada que volvió a materializarse. Sonrió y continuó hablando – Necesitamos algo inusitado, asombroso, que despierte el entusiasmo de quienes nos apoyan con la empatía pero no con la acción. Tras la barrera se agolpan miles de personas que quieren unirse a nosotros pero necesitamos que sean cientos de miles pero para arrastrarlos hasta aquí y convertirlos en una fuerza imparable se necesita un hecho extraordinario.
          . – Quizá se pueda lograr – intervino Iridia – Ahora debo marcharme para intentarlo. Tengo que hablar con mis hermanas. Se necesita la aprobación del consejo y la colaboración de todas nosotras para la idea que he tenido.

Hizo un gesto de saludo al anciano y a los niños antes de desaparecer de nuevo.
          .- Hermosa criatura, en verdad – fueron sus palabras antes de levantarse y en compañía de sus nietos caminar hacia el grupo – Espero que logre lo que busca por nuestro bien y por el suyo porque es la ultima esperanza.



Continuará....

viernes, 4 de junio de 2010

El hada en el cristal, (VIII)

Al atardecer del día siguiente con un cielo púrpura y en tonos violetas del ocaso un grupo de hadas con sus hermosos rostros pensativos – entre las que se encontraba Iridia – contemplaba en una fuente mágica en el corazón del escaso bosque la extraña actividad que se estaba desarrollando en las inmediaciones de la zona quemada.

En efecto, varios camiones habían aparcado y desde todas partes comenzaban a llegar niños de todas las edades que se reunían en grupos en torno a un adulto según las instrucciones que habían recibido.
Paula, la profesora había contactado con la asociación ecologista y sus miembros dirigían ahora a los convocados repartiendo hojas con las ordenes de actuación.

Berta y Luis se unieron al grupo designado, escucharon las normas de quien les mandaba sobre donde y como plantar el árbol que habían recogido de uno los camiones.
El monte fue dividido en sectores y los grupos comenzaron a dispersarse siguiendo la luz de la linterna de sus guías.
La actividad fue frenética. El entusiasmo y la alegría por lo que estaban haciendo de niños y jóvenes era tal que no notaban el cansancio. Unos alumbraban mientras otros plantaban. Las primeras luces del alba fueron recibidas con gritos y aplausos de la multitud al ver completada su obra.

Las hadas que desde su privilegiado mirador habían observado todo se miraron sonrientes ante las muestras de alegría que contemplaban en silencio. Sin decir nada vieron como poco a poco se alejaban los niños camino de casa mientras sólo los adultos instalaban tiendas de campaña para descansar.
Los ecologistas habían decidido quedarse haciendo guardia a la espera de la reacción cuando la noticia llegase a las autoridades.

No se hizo esperar, fue la organización y Paula quienes avisaron a los periódicos sobre el hecho y esa mañana los titulares en primera página mostraba la increíble hazaña de un grupo de niños que en una sola noche había realizado algo que la pasividad de sus padres no había conseguido en años.

Reunidos en la gruta con Iridia, Berta y Luis relataban excitados la magnitud de la noticia y como no dejaban de hablar de ellos en todas las televisiones de numerosos países.

El hada les miraba benévola pero triste. No escapó a Luis su expresión.
          . – ¿ Que ocurre Iridia? No te veo feliz – se acercó y cogió su mano – No debes preocuparte. El impacto de todo esto ha sido tan sonoro que no creo que se atrevan a arrancar los árboles. Cada vez más gente se adhiere al proyecto apoyando a través de la red – sonrió con satisfacción – Hemos conseguido algo grande y creo que hemos asustado a esa multinacional.
Iridia acarició la cabeza de ambos si mudar su expresión anterior.
          . – Mi magia me permite ver el futuro más inmediato. Esa gente ya se está preparando para arrasar toda la zona plantada. Vuestra ley y grandes fuerzas le acompañaran para que no podáis evitarlo.

Berta apretó los puños con rabia.

          . – Somos una fuerza. Hemos logrado algo inmenso que excedía todas mis previsiones. No nos vamos a rendir. Además hay gente montando guardia en todos los flancos del bosque repoblado.
          . – Otras fuerzas muy poderosas ya están preparándose para caer sobre los guardianes – la mirada del hada reflejaba ahora una profunda tristeza – Ha sido un hermoso gesto que me ha devuelto la fe en vosotros. Cuando me sacasteis de mi encierro todo vuestro mundo fue captado por mi ánimo y aunque de donde venía siempre hubo injusticia y dolor nunca en las magnitudes que he percibido. Me abrumó por su número y por extremos que roza.
          . – Esos mismos extremos nos favorece Iridia – exclamó el niño – Hoy disponemos de la capacidad de comunicarnos al mismo tiempo y contamos con iniciativa. Si lo que dices es cierto no tenemos tiempo que perder. Hay que dar la voz de alarma y estudiar el modo de hacer frente a esta nueva batalla. La guerra aún no ha terminado.

Un poco más tarde los mensajes a través de los teléfonos amenazaba con colapsarse. Los correos iban y venían a través de la red informática. En el dormitorio de Luis, los dos niños con gesto angustiado preguntaban por ideas para hacer frente a la amenaza.
          . – Sólo hay una forma – dijo sobresaltándoles tras ellos la voz del abuelo – Hay que acudir al monte. Tenéis que convocar a niños y adultos y formar una barrera humana. No se atreverán a atravesarla.

Se miraron y afirmaron al mismo tiempo. Luis se volvió al monitor y comenzó a escribir en mensajes la nueva idea.

          . – Voy a decirle a la abuela que prepare comida en abundancia – dijo el anciano – El tiempo que tendremos que estar allí puede ser muy largo.
          . – ¿ Nos vas a acompañar abuelo?.
          . – No me perdería lo que va a suceder por nada del mundo. Me habéis devuelto la alegría con todo esto – una amplia sonrisa  iluminó su rostro lleno de arrugas – Los adultos a veces nos cegamos tanto en la preocupación que no dejamos lugar a la iniciativa. Menos mal que vuestra mente aún sin contaminar por la resignación ha sido más lúcida. Tu abuela se quedará para dar de comer a los animales pero yo estaré con vosotros hasta el final. Estoy orgulloso de los dos y vuestros padres lo estarían más aún.


Continuará...

jueves, 3 de junio de 2010

El hada en el cristal, (VII)

Berta contó su idea a su hermano con la impresión, dado el carácter siempre escéptico, que le pondría pegas pero el efecto fue el contrario, el muchacho acogió el tema con entusiasmo apostando de lleno por él; hasta el punto que esa noche no se fue a la cama hasta enviar un montón de correos a sus amistades de la red social convocándoles para un tema de vital importancia.

              . – Con eso ya nos garantizamos un buen número de participantes porque todos mis amigos a su vez han convocado a otros.
               . – No quiero que te precipites Luis – alegó Berta intentando calmar un poco la excitación de su hermano – Antes tenemos que hablar con la profesora y ver si nos va a dar su apoyo. Sin un adulto para mover asuntos no llegaríamos muy lejos.
             .- Saldrá bien Berta. Tiene que salir. Tenemos que salvar a Iridia y a sus hermanas cueste lo que cueste.
             . – De acuerdo Luis. Pero ahora descansa. Mañana tenemos muchas cosas que hacer.

La emoción de los dos niños era tal que saltaron de la cama esa mañana antes de que sonase el despertador.

En el colegio se dedicaron a una actividad febril hablando con todas a las amistades a las que pidieron que a su vez hablasen con todos los conocidos.

Habían expuesto sus ideas con tal fervor que a la convocatoria a  espaldas del gimnasio esa mañana acudió más de medio colegio y la profesora a la que habían dejado una nota citándola en el mismo lugar.

Berta sobre una tarima se convirtió en oradora improvisada explicando su idea.
Convocar al mayor número posible de personas y en una sola noche intentar repoblar de pequeños árboles todo el bosque quemado. Cada participante pagaría su árbol o más si disponía de dinero y mirando a Paula, la profesora le dijo que necesitaban un adulto para efectuar la compra en los distintos viveros.

La profesora escuchaba desconcertada pero ante los aplausos y los vítores de los niños dijo que era una locura. Una locura maravillosa que no se perdería por nada. Podían contar con ella. Soltó aire emocionada reconociendo que lo más seguro es que les arrancasen los árboles para seguir con el proyecto pero el acto merecía ese esfuerzo y era algo que daría que hablar. Se comprometió a ponerse en contacto con la asociación ecologista a la que pertenecía para invitarles a unirse.

Mas tarde en la sala de ordenadores un grupo liderado por Luis concretaba el asunto a través de correos con la gente de la red.
Cuando volvían a casa Luis contaba eufórico que la idea había gustado tanto que los que se iban uniendo crecía en progresión geométrica. Berta preocupada le recordó la necesidad de discreción, si las autoridades o la multinacional sospechaba algo todo el plan se iría al traste.

En la gruta llamaron a Iridia y unos segundos después se materializó ante ellos. Casi sin aliento explicaron su plan ante un hada en total desconcierto que escuchaba sin entender nada de la mayoría de cosas que estaba oyendo.

                . – No te preocupes – dijo Luis displicente – Lo importante es que pasado mañana un grupo enorme, inmenso de niños y algunos adultos tomaremos el monte y al amanecer pretendemos que esté cubierto de nueva y pequeña vida. Nuestra esperanza es que ante los hechos consumados de un bosque repoblado se una la opinión pública e impida que el proyecto del parque salga adelante.
Iridia acarició con dulzura la cabeza del niño.

               . – ¿ Y si le gente no secunda la idea?.
               . – Eso no es una posibilidad en estos momentos Iridia, yo sólo tengo esperanza de que saldrá bien.
               . – Vuestra fe es admirable – dijo sonriendo – Esta bien, el fracaso no es una opción. Iré a contar a mis hermanas las buenas nuevas.
Ya de vuelta a casa y ante el ordenador el niño y con una libreta de notas Berta pulían detalles antes de marcharse a dormir.

Continuará...

martes, 1 de junio de 2010

El hada en el cristal, (VI)

             
                    . – ¿ Que quieres decir? – se extrañó Berta ante la expresión triste de Iridia al decir esas palabras.

                    . – Que ya no queda tiempo. He captado el dolor de las pocas que quedan de mi especie, el grito de muerte del bosque que era nuestra fuerza y nuestra alma. Me habéis liberado para terminar mi existencia con ellas pero os doy las gracias de nuevo. Hubiera sido horrible salir de esa prisión siendo la ultima y morir sola. Lo que más lamento es no tener suficiente poder para cumplir tu hermoso deseo pero nuestra magia procede de la vida del bosque pero está muy herido. Nosotras moriremos con él.
Luis extendió su mano y la colocó sobre la del hada con una mirada triste.

                       . – Yo no quiero que mueras. Dí que podemos hacer para evitarlo.
Iridia cubrió la mano del niño con la suya mientras le devolvía una mirada dulce.
                      . –No creo que podáis hacer nada. Pertenecíamos a este bosque pero en el  que queda están refugiadas mis hermanas y capto su canto de agonía. Una gran amenaza se cierne sobre nosotras.
                       . – Lo sabemos – exclamó Berta – Es la misma que tiene la granja de mis abuelos. Quieren destruir el poco bosque que queda para construir un parque de atracciones. Si lográramos evitarlo podríais seguir viviendo tus hermanas y tú.
                     . – No es suficiente Berta. Necesitamos toda la superficie que se ha perdido aunque si nos dieran tiempo con la  magia que nos queda podemos hacer nacer la vida de nuevo.
                     . – Ese tiempo no existe – dijo con tristeza Luis – la multinacional visitó anoche la granja amenazando al abuelo. Todo está perdido.

Las sombras de la tarde que avanzaba comenzaron a inundar la gruta y Berta se puso en pie.
                     . – Se nos ocurrirá algo Iridia. Aún no sé que pero no nos vamos a rendir con facilidad. Ahora tenemos que marcharnos pero volveremos mañana a la misma hora. ¿ Estarás aquí?.
                    . – Aquí estaré cuando me llaméis mientras iré a reunirme con las mías.

El camino de vuelta lo hicieron los dos hermanos en silencio con cada uno sumido en su pensamientos. Poco antes de llegar a la granja Berta se detuvo en seco.

                  . – Se me ha ocurrido una idea disparatada Luis pero quizá salga bien.
                  . – ¿ De que se trata?.
                  . – Vamos a pedir ayuda a nuestros compañeros de colegio y podemos usar también los que tenemos en la red y además hablar con la profe de naturales, necesitaremos un adulto para lo que se me ha ocurrido. Pertenece a una organización ecologista y ama el medio ambiente. Está en contra de este proyecto. Ya has visto los carteles que elaboró como protesta.

                 . – ¿Les vamos a hablar de Iridia? – inquirió sorprendido.
                 . – Claro que no – negó rotunda – o nos tomarían por locos o podíamos poner en peligro al hada.
               . – Está bien. Cuéntame de que se trata.

Continuará...

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