viernes, 9 de julio de 2010

El chaqué 4ª parte

- Robarle a un muerto. Mi hijo tiene un buen traje. No necesita el de un difunto. No digas disparates.

Ramón intentó accionar la palanca de nuevo y la mano de Manolo volvió a detenerle.
- Piénsalo Ramón – Manolo se quitó la gorra dejando al descubierto su pelo ralo levemente canoso – Esa familia todos con chaqué y tu hijo entrando en la iglesia con su buen traje pero de lo más corriente. Piensa en las miradas despectivas de sus amistades. Con el buen porte que tiene tu hijo estaría magnífico con ese chaqué – le miró acercando su cara a Ramón y bajando la voz hasta convertirla en un susurro – Traje que está a dos metros de arder en las llamas. ¿ Crees que a este hombre le importa que le quememos con el traje puesto?.

- Pero..pero – balbuceó Ramón.

- Vamos tío – insistió Manolo – es una oportunidad caída del cielo.

Ramón confundido se adelantó varios pasos sin dejar de mirar el ataúd depositado en la cinta. Robarle a un muerto. Pero Paquita tenía razón, los Mena no habían hecho más que humillarles desde que Antonio se comprometió con su hija Beatriz y aparecer en la boda con un traje normal y todos de chaqué era la puntilla. De sobra sabían que se habían hecho cargo de los gastos del traje del novio.

Se pasó la mano por su huesuda barbilla. Cuando volvió a mirar a Manolo le vio afirmando con la cabeza. Solo él y Manolo lo sabrían. Su hijo nunca se enteraría que el traje era de un muerto y lo llevaría solo ese día.

Sin darse cuenta se vio asintiendo. Manolo fue hasta el ataúd y le pidió que le ayudase a bajarle de la cinta hasta el suelo. Allí sería más fácil desnudarle.

Cuando su compañero abrió la tapa, Ramón dio un paso atrás. El chico tendría al igual que su Antonio unos veinticinco años. Sus rasgos regulares no se veían alterados por la muerte y los de la funeraria se habían asegurado que tuviera buen color. Su impresión fue de estar dormido.

-  Ramón. Tienes que superarlo – dijo Manolo agachado junto al muerto y comenzando a desabotonar el chaqué – No puedo hacer esto solo.

Avanzó despacio venciendo la repugnancia que sentía, ayudó a su compañero a levantar el cuerpo para sacarle la chaqueta con las mandíbulas apretadas.

- Huele a formaldehído – dijo entre dientes.

- ¿ Y a que quieres que huela? – rezongó el otro – En la funeraria habrán tratado el cuerpo para tapar los agujeros de las puñaladas. Y no olvides que además le han hecho la autopsia.

- El traje también huele – comentó Ramón conteniendo las nauseas.

- Te da tiempo a llevarlo a la tintorería. Les metes prisa y te lo dejan listo para mañana. Tu chico se puede probar el traje el día antes aunque creo que le quedará bien, si necesitara un arreglo urgente seguro que Paquita puede solucionarlo.

Ramón le miró con pánico.
- ¿ Qué voy a decirle a mi mujer? Ha insistido en lo del préstamo pero sabe que sin el dinero de Antonio no podríamos de ninguna forma. ¿ De donde la voy a decir que he sacado el traje?.

- Le dices que los de la peña de fútbol te lo hemos regalado. Que ha sido nuestro regalo para el chaval. Somos más de sesenta. Lo creerá.

Pensó unos segundos. Este maldito Manolo tenía ideas brillantes. Paquita odiaba el fútbol y jamás se relacionaba con la peña. Podría colar.

Intentó sobreponerse y siguió ayudando a su amigo. Tras sacar la levita negra siguieron con los pantalones grises. Ramón continuaba con los dientes apretados, casi se hizo daño de tanto apretarlos cuando le tocó el turno al chaleco. La cabeza del difunto tocó su cara y Ramón sintió que el estómago se le revolvía cada vez más.

Se puso en pie con la levita, el chaleco y los pantalones en la mano mientras Manolo le quitaba la corbata de seda gris.

- Ayúdame con la camisa – dijo Manolo mirando hacia él.

- No es necesario. Le compramos una camisa estupenda a Antonio. Dejémosle al menos eso.

- No seas tonto Ramón. Es de seda y con un cuello especial para esa corbata.

Lo pensó unos segundos y volvió a inclinarse sobre el cuerpo. Al dejar el torso al descubierto y ver los cortes de la autopsia más los parches donde habían estado las puñaladas que habían acabado con la vida del joven y que la funeraria había rellenado con alguna pasta, Ramón ya no pudo más, inclinó la cabeza y comenzó a vomitar al lado del féretro.

- Que poco cuerpo tienes – expresó Manolo, terminó solo de sacarle la camisa al muerto.

La pasó a su amigo y colocó la tapa. Entre los dos volvieron no sin esfuerzo a subirle a la cinta y Manolo bajó la palanca que levantaba la puerta y ponía en marcha la cinta. El ataúd se perdió entre las llamas. Manolo volvió a subir la palanca.

Ayudó a Ramón a doblar la ropa y la metieron en una bolsa.

- Mientras estos arden acércate a una tintorería y les dices que tiene que estar listo mañana sin falta.

- ¿ No sospecharan de donde procede al oler el traje? – preguntó temeroso.

- Les cuentas que estaba guardado en naftalina, aunque no tienen porque preguntar nada. Acércate a la de las galerías comerciales. Esas son más rápidas.
Por suerte para él, al día siguiente no había programada ninguna incineración, tenía la mañana libre.

Había llevado el traje donde le indicó Manolo. Casi no quiso mirar los ojos a la dependienta temiendo las preguntas por el olor del chaqué pero la chica, muy joven posiblemente no había olido el formaldehído en su vida. Se limitó a recoger el chaqué y ante la insistencia y las prisas de Ramón le dijo que podía recogerlo a primera hora de la mañana.

Era la ventaja de su trabajo. El día anterior habían tenido que sobrepasar las horas reglamentarias, los cuerpos tardaban en quedar reducidos a cenizas pero el día que no había incineraciones podían disponer de horas siempre que quedase al menos uno de ellos por si un familiar cambiaba de idea a última hora y se decidía por la cremación.
Manolo se había quedado en el crematorio, de guardia.

Cuando recogió el chaqué lo primero que hizo fue acercar la nariz al traje, no olía a nada.

Continuará...
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