jueves, 8 de julio de 2010

El chaqué, 3ª parte.

Los de la funeraria salieron y él accionó la palanca, el féretro fue avanzando lentamente al tiempo que se levantaba la entrada del horno crematorio. Antes de cerrarse ésta las llamas envolvieron la caja.


Rezó para que Manolo no le contase como siempre de quien se trataba. Era una de sus aficiones, explicarte la vida del difunto mientras las llamas le devoraban sin percatarse que esa información innecesaria para él se lo hacía pasar mal.

Él no veía a los muertos y no quería pensar en ellos, prefería hacerse a la idea de que empujaba un cajón no los restos de quien había sido alguien. Manolo sabía su aversión hacia ellos, no sabía como pero siempre averiguaba de quien se trataba, le ponía nombre y apellidos y contaba retazos de su vida y ese cajón que veía entrar en las llamas ya no era solo un cajón, estaba seguro que Manolo lo hacía a propósito. Le divertía fastidiarle. Hacía tiempo que había desistido de pedirle que no le dijera nada. Eso parecía ser más efectivo que discutir con él. Sí Manolo veía que no le importaba ya no era divertido mortificarlo identificando y convirtiendo en personas las cajas de madera que él empujaba hacia el fuego.

El segundo ataúd lo trajo la funeraria media hora después, al igual que el anterior fue depositado en la cinta. Manolo estaba a punto de accionar la palanca cuando un empleado de la funeraria acompañado de un familiar entró en el crematorio y procedió a abrir el féretro. Al parecer la madre quería la medalla que su hijo llevaba al cuello. Ramón no pudo evitar un gesto de fastidio. Tener que ver además su cara era lo que le faltaba esa mañana. Prefirió volver la cabeza mientras estaba el ataúd abierto. Cuando les vio abandonar el crematorio fue directo hacia la palanca, la mano de Manolo le detuvo.

- ¿ Es que no has visto eso amigo?.

- Ver ¿ qué? – preguntó Ramón sin entender.

- Ese es el joven del que hablaban los periódicos hace dos días. Él que mataron de varias puñaladas una banda de asaltantes en el chalet de su casa. Fue la única víctima. El chico se casaba al día siguiente.

- ¿ Y qué me quieres contar con eso?.

- No has mirado ¿ Verdad? – Manolo no pudo evitar una risa mientras movía la cabeza – Te juro que no entiendo tu aversión al tema de los difuntos después de llevar veinte años en este trabajo.

- Manolo te aseguro que hoy no estoy de humor para aguantar tus bromas.

- No tengo intención de burlarme hoy con ese tema Ramón pero han vestido al chico con un chaqué, posiblemente el que iba a llevar el día de la boda y tiene la misma talla de tu Antonio.

Ramón hizo un gesto de repugnancia cuando comprendió lo que quería decirle su compañero.

- ¿ No pretenderás que yo...?

- ¿ Y por que no?. Se va a quemar. Este muchacho era de una familia bien. Es un traje de calidad. Resolvería tus problemas.

Le miró incrédulo. Jamás en su vida había entrado en su cabeza robarle a un muerto. Vestir a su Antonio con la ropa de un difunto. Movió la cabeza horrorizado.

Continuará...
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