jueves, 3 de junio de 2010

El hada en el cristal, (VII)

Berta contó su idea a su hermano con la impresión, dado el carácter siempre escéptico, que le pondría pegas pero el efecto fue el contrario, el muchacho acogió el tema con entusiasmo apostando de lleno por él; hasta el punto que esa noche no se fue a la cama hasta enviar un montón de correos a sus amistades de la red social convocándoles para un tema de vital importancia.

              . – Con eso ya nos garantizamos un buen número de participantes porque todos mis amigos a su vez han convocado a otros.
               . – No quiero que te precipites Luis – alegó Berta intentando calmar un poco la excitación de su hermano – Antes tenemos que hablar con la profesora y ver si nos va a dar su apoyo. Sin un adulto para mover asuntos no llegaríamos muy lejos.
             .- Saldrá bien Berta. Tiene que salir. Tenemos que salvar a Iridia y a sus hermanas cueste lo que cueste.
             . – De acuerdo Luis. Pero ahora descansa. Mañana tenemos muchas cosas que hacer.

La emoción de los dos niños era tal que saltaron de la cama esa mañana antes de que sonase el despertador.

En el colegio se dedicaron a una actividad febril hablando con todas a las amistades a las que pidieron que a su vez hablasen con todos los conocidos.

Habían expuesto sus ideas con tal fervor que a la convocatoria a  espaldas del gimnasio esa mañana acudió más de medio colegio y la profesora a la que habían dejado una nota citándola en el mismo lugar.

Berta sobre una tarima se convirtió en oradora improvisada explicando su idea.
Convocar al mayor número posible de personas y en una sola noche intentar repoblar de pequeños árboles todo el bosque quemado. Cada participante pagaría su árbol o más si disponía de dinero y mirando a Paula, la profesora le dijo que necesitaban un adulto para efectuar la compra en los distintos viveros.

La profesora escuchaba desconcertada pero ante los aplausos y los vítores de los niños dijo que era una locura. Una locura maravillosa que no se perdería por nada. Podían contar con ella. Soltó aire emocionada reconociendo que lo más seguro es que les arrancasen los árboles para seguir con el proyecto pero el acto merecía ese esfuerzo y era algo que daría que hablar. Se comprometió a ponerse en contacto con la asociación ecologista a la que pertenecía para invitarles a unirse.

Mas tarde en la sala de ordenadores un grupo liderado por Luis concretaba el asunto a través de correos con la gente de la red.
Cuando volvían a casa Luis contaba eufórico que la idea había gustado tanto que los que se iban uniendo crecía en progresión geométrica. Berta preocupada le recordó la necesidad de discreción, si las autoridades o la multinacional sospechaba algo todo el plan se iría al traste.

En la gruta llamaron a Iridia y unos segundos después se materializó ante ellos. Casi sin aliento explicaron su plan ante un hada en total desconcierto que escuchaba sin entender nada de la mayoría de cosas que estaba oyendo.

                . – No te preocupes – dijo Luis displicente – Lo importante es que pasado mañana un grupo enorme, inmenso de niños y algunos adultos tomaremos el monte y al amanecer pretendemos que esté cubierto de nueva y pequeña vida. Nuestra esperanza es que ante los hechos consumados de un bosque repoblado se una la opinión pública e impida que el proyecto del parque salga adelante.
Iridia acarició con dulzura la cabeza del niño.

               . – ¿ Y si le gente no secunda la idea?.
               . – Eso no es una posibilidad en estos momentos Iridia, yo sólo tengo esperanza de que saldrá bien.
               . – Vuestra fe es admirable – dijo sonriendo – Esta bien, el fracaso no es una opción. Iré a contar a mis hermanas las buenas nuevas.
Ya de vuelta a casa y ante el ordenador el niño y con una libreta de notas Berta pulían detalles antes de marcharse a dormir.

Continuará...
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