sábado, 5 de junio de 2010

El hada en el cristal, (IX)


Cuando al día siguiente las fuerzas policiales – tras ellos venían gran número de máquinas y obreros que debían arrancar los árboles – llegaron a las inmediaciones del bosque con intención de desalojar a los pequeños retenes de guardia, se detuvieron sorprendidos ante el espectáculo que tenían ante ellos.

Miles de personas, en su mayoría niños y adolescentes formaban una cadena cogidos de la mano rodeando el perímetro de la zona repoblada.

La reacción de los medios informativos no tardó demasiado en hacerse eco y más y más gente iba llegando que se unía a la cadena que ya se doblaba en muchos lugares. La autoridad decidió impedir que nadie más pasase de la barrera policial que se instaló mientras se intentaba negociar que saliesen del bosque alegando que estaban en una zona privada. La cadena humana alzó las manos unidas a modo de respuesta acompañada de cánticos.
La noche cayó sobre el monte y los resistentes se formaron en grupos en torno a las lámparas que habían llevado. La alegría y el buen humor era la nota dominante cuando extendieron los sacos de dormir.
Berta vio una pequeña forma luminosa pulular en la oscuridad y pensó que podía ser Iridia, le hizo señales a su hermano y ambos caminaron siguiendo la luz al otro lado de una pequeña loma.

En efecto, la forma del hada se materializó ante ellos.
          . – Vengo a avisaros. He estado espiando en el otro lado y he oído las discusiones entre ellos – en su bello rostro apareció preocupación – Han decidido echar algo desde el cielo mañana y desalojaros cuando estéis inconscientes.

De pronto y sin dar tiempo a contestar la imagen de Iridia desapareció, los niños comprendieron al notar una presencia que se aproximaba. El abuelo surgió de las sombras.
          . – ¿Cuánto tiempo llevabas ahí abuelo? – inquirió Berta preocupada por lo que habría podido ver.
          . – El suficiente – tomó asiento sobre una piedra, los niños apenas distinguían su silueta alumbrados por la escasa luz de la luna – Cuando tenía vuestra edad vi un hada. Durante mucho tiempo me acompañó ese secreto pero con los años mis pensamientos siguieron el curso de la lógica de los demás y mi conocimiento de tan extraordinarios seres se fue perdiendo a medida que maduraba y completaba las etapas de mi vida – el anciano suspiró y sus nietos vieron su sonrisa – Acabo de recuperarlo con lo que acabo de ver.
          . – Se llama Iridia abuelo – la nieta tomó asiento a su lado – Su vida y la de las otras hadas depende de la del bosque. Por salvarlas iniciamos todo esto.
          . – El secreto de su existencia está a salvo conmigo – dijo acariciando la cabeza de su nieta.
          . – Dice que las autoridades mañana planean echar algo desde el aire para dormirnos y desalojarnos después – añadió Luis sentándose al lado de su hermana.
          . – No me extraña. No podían entrar a la fuerza con tantos niños que podían sufrir daños. Esparcir una sustancia que nos duerma y después sacarnos era casi la única forma. – el anciano movió la cabeza con pesadumbre – No pueden dejar que ganemos. Todo esto es determinante y es un punto de inflexión. Si ganamos y dejan el proyecto habremos abierto un camino que seguirán otros, de ahí la importancia de derrotarnos. Para demostrar que contra ellos no se puede ganar. Nuestra derrota hundirá la moral de los que emocionados están siguiendo estos sucesos – el abuelo contempló la figura del hada que volvió a materializarse. Sonrió y continuó hablando – Necesitamos algo inusitado, asombroso, que despierte el entusiasmo de quienes nos apoyan con la empatía pero no con la acción. Tras la barrera se agolpan miles de personas que quieren unirse a nosotros pero necesitamos que sean cientos de miles pero para arrastrarlos hasta aquí y convertirlos en una fuerza imparable se necesita un hecho extraordinario.
          . – Quizá se pueda lograr – intervino Iridia – Ahora debo marcharme para intentarlo. Tengo que hablar con mis hermanas. Se necesita la aprobación del consejo y la colaboración de todas nosotras para la idea que he tenido.

Hizo un gesto de saludo al anciano y a los niños antes de desaparecer de nuevo.
          .- Hermosa criatura, en verdad – fueron sus palabras antes de levantarse y en compañía de sus nietos caminar hacia el grupo – Espero que logre lo que busca por nuestro bien y por el suyo porque es la ultima esperanza.



Continuará....
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