martes, 13 de abril de 2010

Eros, cuento 2ª parte final.

No se había equivocado, Alicia malhumorada le señaló el reloj con un gesto apenas traspasó la puerta del apartamento.

            - Falta una hora Marta y he tenido que encargarme sola de todo – se quejó ésta.

Echó un vistazo, efectivamente, los aperitivos, entremeses, botellas y vasos estaban ya colocados en distintos lugares del salón.
Marta explicó a su amiga las razones de su tardanza, primero lo sucedido en el ascensor con Julián y el incidente posterior con la mujer sin omitir el regalo y la extraña recomendación. Buscó en su bolso y extrajo la pequeña figura para mostrársela.

              - Es precioso – exclamó Alicia examinándolo con cuidado – Es un trabajo minucioso y delicado Marta y hasta las alas da la impresión que son de oro.

              - ¿ Verdad? No sé como una mujer con ese aspecto podía tener algo así.

              - ¿Vas a hacer caso de su recomendación  y lo colocarás en tu dormitorio? – preguntó con sorna.

              - Si pudiese llevar a Julián hasta mi dormitorio te aseguro que sería señal de que no necesito los servicios del dios del amor – respondió riendo.

En ese momento captó su atención un gran ramo de rosas rojas sobre la mesita cercana a la terraza.

               - ¿ Y eso? – inquirió Marta señalando el jarrón.

               - Un regalo de tu eterno enamorado, por tu cumpleaños. Por supuesto he tenido que invitarle a la fiesta.

              - Por un momento he creído que serían de Julián – comentó decepcionada.

              - ¿ Donde coloco esto? – Alicia levantó el pequeño cupido cambiando de tema.

              - No sé. En aquel estante. Es una hermosa figura. La pondremos en un lugar que se luzca.

Marta se acercó al gran ramo de rosas y pasó con suavidad sus manos por los pétalos rojos. Alicia se refería a su vecino de enfrente, Gonzalo. Desde que se mudó hacia más de seis meses no había dejado de hacerle insinuaciones. No era mal chico. Había terminado Derecho y  estaba preparando oposiciones a abogado del estado. Era alto pero flacucho y con gafas, nunca fue su tipo. Bueno, se dijo resignada, no pensaba invitarle a la fiesta pero después del ramo hubiera quedado feo no hacerlo. Esperaba que no la atosigase más de la cuenta. No sería una fiesta con demasiada gente. Amigos de ambas y algunos amigos de amigos, unos diez o doce con Gonzalo.

Llevaban una hora de fiesta, casi había tenido el tiempo justo de pasar por la ducha y arreglarse. Su vecino Gonzalo fue de los primeros en llegar y por ahora se estaba portando bien, salvo el beso de felicitación de su treinta cumpleaños en la entrada y una breve charla se estaba entreteniendo con las amistades que iban llegando.
Poco después estaban todos y se repartían en varios grupos charlando animadamente, sonó el timbre de la puerta y Alicia, más cerca, se acercó a abrir, se quedó entrañada ante la presencia de Julián. Le conocía porque Marta se lo presentó en un encuentro casual en un restaurante donde él tenía una cena de negocios, tras un titubeo le franqueó la entrada. Al otro lado del salón, Marta le miró sorprendida y fue a su encuentro.

            - Creí que dijiste que no ibas a venir – le interpeló como saludo.

            - He cambiado de idea – respondió dándole un beso en la mejilla – Lo siento pero no he tenido tiempo de comprarte un regalo.

            - No te preocupes. ¿ Te ha fallado tu cita? – preguntó irónica.

            - No, hemos tomado esa copa pero parece que Maira tiene miras más altas que un simple ejecutivo. Le ha echado el ojo al jefe. No ha dejado de hablar de él y sabe que está divorciado.

             - Lo siento de verás. Si te apetece tomar algo allí tienes el bar.

Julián asintió y se dirigió a la esquina del salón donde estaban las botellas, Alicia se acercó a Marta.

             - Que suerte ¿ No? He oído la conversación.

            - Sí, supongo – contestó con desgana – Le ha fallado el plan.

            - Y a ti qué, ahora tienes vía libre.

Alicia no pudo oír la contestación de su amiga, el aludido se aproximaba con la copa en la mano.

Dos horas después la fiesta estaba en su apogeo, después de la música marchosa se había pasado a las baladas para dar un respiro, Alicia asistió sorprendida al rechazo de Marta a una petición de Julián, sorpresa que llegó al colmo al verla caminar hacia Gonzalo y sacarle a bailar.

Cuatro lentas después volvió  la música disco, Marta no había dejado de bailar con el vecino ni una pieza. Alicia la siguió picada por la curiosidad cuando la vio caminar hacia el aseo.

              - ¿ Es una estrategia para poner nervioso a Julián ó una venganza por haber sido la segunda opción? – inquirió Alicia mientras Marta se retocaba el maquillaje.

          - Ni una cosa ni la otra, acabo de darme cuenta de lo atractivo que es Gonzalo. Es raro pero en estos seis meses no me había fijado en los ojos tan bonitos que tiene, además es divertido y romántico.

Salió dejando a Alicia boquiabierta, a ella los ojos de Gonzalo le parecían un castaño de lo más corriente.
Desde ese momento se dedicó a observar a su amiga y compañera de piso, el pobre Julián intentó en varias ocasiones acercarse pero Marta no demostraba el menor interés en el hombre del que llevaba hablando dos meses, desde que le confesó que se había enamorado de él.

Cuando en la terraza contempló el apasionado beso de Marta y Gonzalo, los ojos de Alicia se giraron hacia la pequeña figura colocada en la librería. Se acercó a ella y la tomó en sus manos.

             - Vaya, vaya. Pues sí que es cierto que eres caprichoso. No te has equivocado, Gonzalo es un buen tío – le dijo al cupido mientras caminaba hacia su dormitorio con la figura – pero yo tengo planes y no te preocupes, porque a mí, sí me servirás bien.

Marian Iberi.
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